NOCTURNOS
El hastío de amar
Estoy cansado de vivir. Ya me aburrió amar. El tedio de seducir a una mujer, a cualquiera, por hermosa que fuere por fuera; el hastío de besar unos labios que solo saben esculpir palabras; la monotonía de la cópula que solo alcanza el placer más vulgar, me invitan a olvidarme de que un día me apasionó esa dama, tan hermosa como elegante. La borré de mi memoria. Existe, creo, pero no es.
La desgana que me produce conocer a nuevas personas, ni hombres ni féminas; el desinterés por conocer a otra señorita y contarle mi currículum vitae, si me apasiona leer a Schopenhauer, me aburre escuchar tonterías, creo en Dios o temo a la muerte, me aparta de esta sociedad, en quiebra moral, dividida, en un callejón sin salida, rumbo al abismo de la apatía.
Mirar a los ojos a una dama, pronunciar palabras bonitas sobre su hermosura y talento, invitarla a cenar, a pasear, a acudir al cine o al teatro, liturgia que se prepara para el concilio del sexo, sobre un lecho de agua seca y un altar de placer efímero. Jugar a perder el tiempo por un hedonismo que te vacía por dentro y te cansa la osamenta, el músculo y el cerebro. Cuando el sexo solo es delicia de la carne, el seso se seca, se transforma en polvo de ala de mariposa, en ola que se ahoga en la arena de una playa desierta, en polen sin caricias de abeja.
Ahora que el heraldo de Cronos me anuncia que el tiempo se cansó de vivir a mi vera, busco la catarsis de mi alma, para purificarla de amores muertos, de pasiones inútiles, de excesos de lujuria, de la rima de versos escritos entre las ingles de cualquier dama, de excesos de promesas, de hipérboles verbales y nirvanas de carne y hueso.
Eugenio-Jesús de Ávila
Estoy cansado de vivir. Ya me aburrió amar. El tedio de seducir a una mujer, a cualquiera, por hermosa que fuere por fuera; el hastío de besar unos labios que solo saben esculpir palabras; la monotonía de la cópula que solo alcanza el placer más vulgar, me invitan a olvidarme de que un día me apasionó esa dama, tan hermosa como elegante. La borré de mi memoria. Existe, creo, pero no es.
La desgana que me produce conocer a nuevas personas, ni hombres ni féminas; el desinterés por conocer a otra señorita y contarle mi currículum vitae, si me apasiona leer a Schopenhauer, me aburre escuchar tonterías, creo en Dios o temo a la muerte, me aparta de esta sociedad, en quiebra moral, dividida, en un callejón sin salida, rumbo al abismo de la apatía.
Mirar a los ojos a una dama, pronunciar palabras bonitas sobre su hermosura y talento, invitarla a cenar, a pasear, a acudir al cine o al teatro, liturgia que se prepara para el concilio del sexo, sobre un lecho de agua seca y un altar de placer efímero. Jugar a perder el tiempo por un hedonismo que te vacía por dentro y te cansa la osamenta, el músculo y el cerebro. Cuando el sexo solo es delicia de la carne, el seso se seca, se transforma en polvo de ala de mariposa, en ola que se ahoga en la arena de una playa desierta, en polen sin caricias de abeja.
Ahora que el heraldo de Cronos me anuncia que el tiempo se cansó de vivir a mi vera, busco la catarsis de mi alma, para purificarla de amores muertos, de pasiones inútiles, de excesos de lujuria, de la rima de versos escritos entre las ingles de cualquier dama, de excesos de promesas, de hipérboles verbales y nirvanas de carne y hueso.
Eugenio-Jesús de Ávila



















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.145