Mª Soledad Martín Turiño
Viernes, 19 de Abril de 2024
ZAMORANA

La otra Zamora

[Img #87961]Tierra de esperanza, desierta y abandonada, siempre en espera de atención, con ansia de revertir una situación de desamparo casi ancestral en la que habitaron desde hace un par de generaciones hombres trabajadores que no se cuestionaban otra cosa que no fuera salir adelante labrando los campos o atendiendo al ganado de los pueblos, ahora semivacíos, de este pobre territorio nuestro llamado Zamora. 

 

Los zamoranos, siempre pacíficos, agradecidos, con un punto de orgullo heredado tal vez del ejemplo recibido de los señoritos que dominaron muchas villas, continuamos solos, aislados, olvidados de los poderes fácticos. Sin embargo, es ahora, cuando los que ya tenemos una edad, vemos con crispación cómo políticos de uno y otro lado siguen desterrándonos con su indiferencia; pero ya no callamos, ahora hacemos público este olvido, lo denunciamos, lo criticamos, y nos rebelamos sin miedo, para que se enteren de que disponemos de una buena tierra, con mejores gentes, que gozamos del privilegio de una ciudad preciosa, coqueta, con cultura, con tradición, que se abre muy despacio al exterior, pero cuando lo hace, sorprende.

 

Muchos aún desconocen la calidad de nuestros productos, la arquitectura única y singular de sus calles y templos, el paisaje rico y variado de sus comarcas; la diferencia entre el barro y la piedra, entre la planicie y el monte bajo, entre Tierra de Campos o Sanabria. Algunos piensan que Zamora es solo Semana Santa, ¡craso error!; a Zamora hay que descubrirla, porque sorprende en cada calle, en los miradores que dan al rio, en ese Duero que siempre la ha acompañado y que nos hermana con la vecina Portugal, sorprenden los cinco puentes que lo atraviesan; y las aceñas, antiguos molinos ubicados sobre su cauce; sorprende la historia convulsa que se inicia en el contexto de la Reconquista con el Cerco de Zamora, y asombran sus palacios, y la variedad de estilos arquitectónicos que se dan cita en esta ciudad.

 

Siempre he dicho que Zamora es para gozarla sin prisas, para caminarla admirando sus conventos, su castillo, la muralla que la circunda, la magnífica catedral y las rúas pequeñas desde las que parece que fuera a reproducirse en cualquier momento una escena de siglos pasados.

 

Sin embargo, esta ciudad posee algo muy preciado y en lo que apenas se repara: tiene suelo donde pueden asentarse fábricas, industrias o sedes administrativas que descentralicen grandes metrópolis como Madrid. Aquí encontrarán calidad de vida, silencio, aire puro, descanso y una naturaleza cercana y diversa sin salir de la provincia.

 

¡A ver si las mentes pensantes de este país dirigen su mirada hacia provincias pequeñas como la nuestra con un potencial aún por descubrir!  

 

Mª Soledad Martín Turiño

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