ENTREVISTA
Martín Ramos: “El montañismo es una vivencia personal”
El montañista zamorano lleva completados diez de los catorce ochomiles
Zamora, a pesar de ser una ciudad con poca tradición en montañismo, ha visto crecer y desarrollarse en esta práctica a uno de los grandes, Martin Ramos. Este montañista zamorano ha sido reconocido en varias ocasiones por sus paisanos e instituciones tras completar el difícil reto de 10 ochomiles. Le quedan cuatro, y aunque asegura que “este año no va a poder ser”, sigue teniéndolo en mente, y espera que en 2025 pueda continuar creciendo su leyenda. La sierra sanabresa fue testigo de su primer ascenso, cuando con apenas 10 años coronó Peña Trevinca. Desde esa primera montaña le han seguido muchas otras a lo largo y ancho del planeta, consiguiendo en septiembre de 2021 pisar la cumbre del Manaslu, su último ochomil. Martín Ramos, profesional y prudente, nunca se ha planteado dejar la montaña a pesar de las adversidades, y siempre que el tiempo y la salud se lo permitan, volverá a ella.
¿Con qué edad comenzó su pasión por la montaña?
La primera montaña que ascendí fue Peña Trevinca, aquí en la sierra de Sanabria, y me faltaba un mes para cumplir los 10 años. Con casi 10 años fue mi primera cumbre. A partir de ahí, en el año 76, ya un no parar.
¿Qué es lo que le motivó a ello?
Me motivó que mi hermano mayor, Herminio, que con 18 o 19 años, él y sus amigos, practicaban la montaña y les gustaba ir al campo. A mi hermano me sacaba 9 años, pero yo siempre quería ir con él. A mi hermano siempre le gustaron las actividades al aire libre, que acabaron derivando en la montaña, y yo como hermano pequeño, aunque había mucha diferencia de edad, yo siempre quería ir con él. Al principio había tanta diferencia de edad que no me dejaban, hasta que ya con 10 años empecé a ir con él. Así que el culpable de mi pasión por la montaña es mi hermano mayor.
A día de hoy lleva completados 10 de los 14 ochomiles, ¿tiene en mente el próximo?
Sí, en mente siempre tengo el siguiente, o volver. Hace nada me han preguntado si me apunto este verano para volver a Pakistán, al K2, pero por motivos laborales y otras circunstancias este año no puedo. Pero mis intenciones son volver cuando pueda. No por terminar los 14, aunque por supuesto me gusta ir a los que no he ido. Pero sí, cuando pueda volver, volveré.
¿Podría describir que se siente al pisar la cima?
Satisfacción, descanso… Has conseguido el objetivo al que vas, al que cuesta mucho ir económicamente, de tiempo, de familia… Pero es un momento de satisfacción y alegría contenida. La cumbre está muy bien porque es el objetivo, pero es la mitad del recorrido. En estas montañas altas el descenso es más delicado que el ascenso. Entonces, es un momento en el que has llegado, pero estás pendiente de que el tiempo continúe bien, que no vengan nubes… Una alegría contenida.
¿Y cuándo no se llega?
Frustración, pero pensando que hay algún motivo. Hay muchas razones, como el tiempo, la condición física o alguna enfermedad para no llegar. Piensas en que se acabó, pero “sigo con todos los dedos”, o sin ningún problema de congelación. También en alguna ocasión no he llegado porque se me acababan los días de permiso, hay muchas razones. Sientes resignación, pero piensas que la montaña no se va a mover y si tenemos salud, volveremos.
¿Qué es lo más importante para no rendirse?
Que no te surjan imprevistos, como una enfermedad, una cosa que has comido en mal estado… son muchas cosas. Una expedición ronda los 2 meses, Nosotros donde nos encontramos en nuestro ambiente es en la montaña, pero para llegar a los ocho miles es un viaje muy largo, pasan muchas cosas, estás en países tercermundistas. Pides tener suerte.
En la escalada y el montañismo hay una importante dosis de peligro, ¿qué es lo que hace que “compense”?
La montaña es peligrosa, pero toda persona que está viva tiene riesgo de morir. Yo siempre digo todos los meses de verano en la sierra de Gredos muere alguna persona por hipotermia porque va gente con pantalones cortos porque desconoce la montaña, en Sanabria lo mismo. La montaña es un lugar donde se pueden poner condiciones muy adversas, como el mar. El peligro está, pero la prudencia también. Yo me he dado la vuelta en un par de ocasiones seguras porque no se daban las condiciones y no hay necesidad de arriesgar. Soy prudente, porque yo voy a la montaña a disfrutar, me puede pasar algo accidental, pero no seré yo el causante.
¿Cómo lo lleva su familia?
Son muchos años, y mi mujer ya me conoció practicando esto. Me conocen y creen en mi conciencia y en que hago las cosas bien. Saben que el día que te toque te va a tocar donde sea. La preocupación evidentemente está, pero como si mi hijo se va de excursión con el colegio. Se puede decir que lo llevan.
Alguna anécdota en la montaña que le haya marcado en la vida
La gente que conoces. La gente de la montaña, por ejemplo, en Sanabria, viven en un lugar muy duro, y son gente muy dura, pero luego son gente muy abierta con nosotros. También en Nepal. Me quedo sobre todo con Nepal. Ahí he conocido gente maravillosa. Me hubiera gustado llevar a mi hijo y que viera como viven otros niños en el mundo, y que no dejan de sonreír.
¿Algún susto importante por el que se haya planteado alguna vez dejarlo?
Sí, sustos importantes alguno, pero pensar en dejarlo, en ningún momento. En el año 2012, en el Kanchenjunga, nos arrastró a mi compañero Jorge y a mí una avalancha. Nos quemó las manos y quedamos atrapados hasta la cintura, pero no nos pasó nada. Lo que piensas es en salir de ahí. También me ha pasado de colarme en alguna grieta hasta la cintura, pero la verdad que pensar en dejarlo no.
¿Qué tiene este deporte que no tienen otros?
Es una vivencia personal, aunque lo compartes con un compañero, yo por ejemplo tengo a mi compañero Jorge Egocheaga, asturiano, que hemos hecho muy buen feeling desde que nos conocimos el 2005. Pero yo diría que es una vivencia personal, Jorge y yo hablamos muy poquito, o mucho, a veces, pero tengo una confianza ciega en él.
También está que a mí me gusta ver las cosas desde arriba. Todo el mundo va a Paris y ve la Torre Eiffel. Subirse y ver todo desde arriba. Los seres humanos no volamos, también tiene algo de eso.
En su día a día su profesión es la de bombero. ¿Qué similitudes encuentra entre el montañismo y su profesión?, ¿podría decirse que le gusta el riesgo?
Supongo que estás aquí tranquilamente, que suena la campana y de repente en 2 minutos estás con las pulsaciones a tope. La tensión, esas situaciones. También en la montaña mi compañero Jorge es médico, y también hemos vivido muchos rescates y muchas ayudas a la gente. Jorge además también tiene una ONG y hace campañas de vacunación y de curas. Nos gusta el riesgo y también ayudar. En la montaña no es que estés ayudando a todo el mundo todo el tiempo, pero también ayudas. A día de hoy en los ocho miles hay gente con muy poca experiencia a la que acabas también ayudando.
Por su experiencia vital que aconsejaría a los jóvenes para encontrar la motivación en el ámbito que fuera
Que aprovechen el tiempo, que no paren de hacer cosas. Tendríamos que nacer ancianos, con la experiencia, e ir para atrás y aprovechar ese tiempo. La vida se pasa volando. Que no paren de hacer, sobre todo actividad, la que les guste, pintura, fotografía o lo que sea. He tenido épocas de mi vida en la que no practicaba montaña por la edad y diferentes circunstancias, pero siempre lo he tenido ahí… Y viviendo en Zamora más difícil, que no hay tradición. Pero yo cuando pude económicamente pedí un crédito en el banco para ir a un ochomil.
¿Su próximo reto?
De momento por aquí cerca. Ochomiles tengo en mente, pero en este momento estoy en un momento de ajuste laboral y este año no va a poder ser. Esperemos que se de en el 2025.

Zamora, a pesar de ser una ciudad con poca tradición en montañismo, ha visto crecer y desarrollarse en esta práctica a uno de los grandes, Martin Ramos. Este montañista zamorano ha sido reconocido en varias ocasiones por sus paisanos e instituciones tras completar el difícil reto de 10 ochomiles. Le quedan cuatro, y aunque asegura que “este año no va a poder ser”, sigue teniéndolo en mente, y espera que en 2025 pueda continuar creciendo su leyenda. La sierra sanabresa fue testigo de su primer ascenso, cuando con apenas 10 años coronó Peña Trevinca. Desde esa primera montaña le han seguido muchas otras a lo largo y ancho del planeta, consiguiendo en septiembre de 2021 pisar la cumbre del Manaslu, su último ochomil. Martín Ramos, profesional y prudente, nunca se ha planteado dejar la montaña a pesar de las adversidades, y siempre que el tiempo y la salud se lo permitan, volverá a ella.
¿Con qué edad comenzó su pasión por la montaña?
La primera montaña que ascendí fue Peña Trevinca, aquí en la sierra de Sanabria, y me faltaba un mes para cumplir los 10 años. Con casi 10 años fue mi primera cumbre. A partir de ahí, en el año 76, ya un no parar.
¿Qué es lo que le motivó a ello?
Me motivó que mi hermano mayor, Herminio, que con 18 o 19 años, él y sus amigos, practicaban la montaña y les gustaba ir al campo. A mi hermano me sacaba 9 años, pero yo siempre quería ir con él. A mi hermano siempre le gustaron las actividades al aire libre, que acabaron derivando en la montaña, y yo como hermano pequeño, aunque había mucha diferencia de edad, yo siempre quería ir con él. Al principio había tanta diferencia de edad que no me dejaban, hasta que ya con 10 años empecé a ir con él. Así que el culpable de mi pasión por la montaña es mi hermano mayor.
A día de hoy lleva completados 10 de los 14 ochomiles, ¿tiene en mente el próximo?
Sí, en mente siempre tengo el siguiente, o volver. Hace nada me han preguntado si me apunto este verano para volver a Pakistán, al K2, pero por motivos laborales y otras circunstancias este año no puedo. Pero mis intenciones son volver cuando pueda. No por terminar los 14, aunque por supuesto me gusta ir a los que no he ido. Pero sí, cuando pueda volver, volveré.
¿Podría describir que se siente al pisar la cima?
Satisfacción, descanso… Has conseguido el objetivo al que vas, al que cuesta mucho ir económicamente, de tiempo, de familia… Pero es un momento de satisfacción y alegría contenida. La cumbre está muy bien porque es el objetivo, pero es la mitad del recorrido. En estas montañas altas el descenso es más delicado que el ascenso. Entonces, es un momento en el que has llegado, pero estás pendiente de que el tiempo continúe bien, que no vengan nubes… Una alegría contenida.
¿Y cuándo no se llega?
Frustración, pero pensando que hay algún motivo. Hay muchas razones, como el tiempo, la condición física o alguna enfermedad para no llegar. Piensas en que se acabó, pero “sigo con todos los dedos”, o sin ningún problema de congelación. También en alguna ocasión no he llegado porque se me acababan los días de permiso, hay muchas razones. Sientes resignación, pero piensas que la montaña no se va a mover y si tenemos salud, volveremos.
¿Qué es lo más importante para no rendirse?
Que no te surjan imprevistos, como una enfermedad, una cosa que has comido en mal estado… son muchas cosas. Una expedición ronda los 2 meses, Nosotros donde nos encontramos en nuestro ambiente es en la montaña, pero para llegar a los ocho miles es un viaje muy largo, pasan muchas cosas, estás en países tercermundistas. Pides tener suerte.
En la escalada y el montañismo hay una importante dosis de peligro, ¿qué es lo que hace que “compense”?
La montaña es peligrosa, pero toda persona que está viva tiene riesgo de morir. Yo siempre digo todos los meses de verano en la sierra de Gredos muere alguna persona por hipotermia porque va gente con pantalones cortos porque desconoce la montaña, en Sanabria lo mismo. La montaña es un lugar donde se pueden poner condiciones muy adversas, como el mar. El peligro está, pero la prudencia también. Yo me he dado la vuelta en un par de ocasiones seguras porque no se daban las condiciones y no hay necesidad de arriesgar. Soy prudente, porque yo voy a la montaña a disfrutar, me puede pasar algo accidental, pero no seré yo el causante.
¿Cómo lo lleva su familia?
Son muchos años, y mi mujer ya me conoció practicando esto. Me conocen y creen en mi conciencia y en que hago las cosas bien. Saben que el día que te toque te va a tocar donde sea. La preocupación evidentemente está, pero como si mi hijo se va de excursión con el colegio. Se puede decir que lo llevan.
Alguna anécdota en la montaña que le haya marcado en la vida
La gente que conoces. La gente de la montaña, por ejemplo, en Sanabria, viven en un lugar muy duro, y son gente muy dura, pero luego son gente muy abierta con nosotros. También en Nepal. Me quedo sobre todo con Nepal. Ahí he conocido gente maravillosa. Me hubiera gustado llevar a mi hijo y que viera como viven otros niños en el mundo, y que no dejan de sonreír.
¿Algún susto importante por el que se haya planteado alguna vez dejarlo?
Sí, sustos importantes alguno, pero pensar en dejarlo, en ningún momento. En el año 2012, en el Kanchenjunga, nos arrastró a mi compañero Jorge y a mí una avalancha. Nos quemó las manos y quedamos atrapados hasta la cintura, pero no nos pasó nada. Lo que piensas es en salir de ahí. También me ha pasado de colarme en alguna grieta hasta la cintura, pero la verdad que pensar en dejarlo no.
¿Qué tiene este deporte que no tienen otros?
Es una vivencia personal, aunque lo compartes con un compañero, yo por ejemplo tengo a mi compañero Jorge Egocheaga, asturiano, que hemos hecho muy buen feeling desde que nos conocimos el 2005. Pero yo diría que es una vivencia personal, Jorge y yo hablamos muy poquito, o mucho, a veces, pero tengo una confianza ciega en él.
También está que a mí me gusta ver las cosas desde arriba. Todo el mundo va a Paris y ve la Torre Eiffel. Subirse y ver todo desde arriba. Los seres humanos no volamos, también tiene algo de eso.
En su día a día su profesión es la de bombero. ¿Qué similitudes encuentra entre el montañismo y su profesión?, ¿podría decirse que le gusta el riesgo?
Supongo que estás aquí tranquilamente, que suena la campana y de repente en 2 minutos estás con las pulsaciones a tope. La tensión, esas situaciones. También en la montaña mi compañero Jorge es médico, y también hemos vivido muchos rescates y muchas ayudas a la gente. Jorge además también tiene una ONG y hace campañas de vacunación y de curas. Nos gusta el riesgo y también ayudar. En la montaña no es que estés ayudando a todo el mundo todo el tiempo, pero también ayudas. A día de hoy en los ocho miles hay gente con muy poca experiencia a la que acabas también ayudando.
Por su experiencia vital que aconsejaría a los jóvenes para encontrar la motivación en el ámbito que fuera
Que aprovechen el tiempo, que no paren de hacer cosas. Tendríamos que nacer ancianos, con la experiencia, e ir para atrás y aprovechar ese tiempo. La vida se pasa volando. Que no paren de hacer, sobre todo actividad, la que les guste, pintura, fotografía o lo que sea. He tenido épocas de mi vida en la que no practicaba montaña por la edad y diferentes circunstancias, pero siempre lo he tenido ahí… Y viviendo en Zamora más difícil, que no hay tradición. Pero yo cuando pude económicamente pedí un crédito en el banco para ir a un ochomil.
¿Su próximo reto?
De momento por aquí cerca. Ochomiles tengo en mente, pero en este momento estoy en un momento de ajuste laboral y este año no va a poder ser. Esperemos que se de en el 2025.
















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