DENUNCIA
Se invierte en un costoso ascensor en el mirador de San Cipriano, faltando rampas en el Castillo
El diseño actual solo permite acceder a un pequeña parte, impidiendo a personas con discapacidad acudir al resto del recinto de la planta baja
Recientemente, se ha hecho público el propósito de adosar un ascensor en el muro de piedra del mirador de San Cipriano. Un proyecto que queda a la espera de que la comisión de patrimonio lo apruebe o lo rechace. Es una cuestión que no parece fácil, ya que, aparte de que se pueda minimizar el impacto que pudiera tener, se encuentra a pocos metros de la misma muralla que llega hasta la calle de Alfonso XII. El proyecto está en buenas manos y el resultado puede ser tan solo acostumbrarse a verlo ahí. Quien quiera que lo use y quien no, tiene varias alternativas viables, como las que ya existen: puede tomar la inhóspita y complicada rampa de iglesia a iglesia o acceder por otra cuesta mucho más descansada, la de Herreros, donde además se puede hacer alguna parada, socializar y relacionarse, que en estos tiempos hay que buscar lo que antes se encontraba sin pretendiente
Sin entrar en la conveniencia del proyecto, el ascensor facilitará la subida, pero no existía barrera insalvable que impidiera a personas con dificultades de movimiento pasar de un punto a otro. No ocurre lo mismo en el Castillo, donde solo unos peldaños impiden a personas con movilidad reducida acceder a buena parte de la planta baja, incluida la zona donde se realizan espectáculos durante el verano, como las representaciones teatrales.
Con un presupuesto significativamente menor que el del ascensor en San Cipriano, sería posible mejorar la accesibilidad en el Castillo mediante la instalación de rampas en lugar de algunos peldaños. Esto permitiría un acceso universal, al menos en la planta baja, cumpliendo con el principio de no discriminación y garantizando que todos los visitantes puedan disfrutar de las actividades culturales y del patrimonio. Aunque el Castillo es una edificación histórica y es necesario respetar su idiosincrasia, eliminar algunas barreras no debería ser una tarea difícil. Es cierto que no se pueden suprimir todas las limitaciones arquitectónicas, pero cambios sencillos pueden marcar una gran diferencia
En conclusión, mientras se debate sobre la instalación de un ascensor en San Cipriano, queda pendiente la accesibilidad del castillo, que se resolvería con pequeñas intervenciones, con un resultado positivo para todos los visitantes. A diferencia de San Cipriano, no hay alternativas accesibles.

Recientemente, se ha hecho público el propósito de adosar un ascensor en el muro de piedra del mirador de San Cipriano. Un proyecto que queda a la espera de que la comisión de patrimonio lo apruebe o lo rechace. Es una cuestión que no parece fácil, ya que, aparte de que se pueda minimizar el impacto que pudiera tener, se encuentra a pocos metros de la misma muralla que llega hasta la calle de Alfonso XII. El proyecto está en buenas manos y el resultado puede ser tan solo acostumbrarse a verlo ahí. Quien quiera que lo use y quien no, tiene varias alternativas viables, como las que ya existen: puede tomar la inhóspita y complicada rampa de iglesia a iglesia o acceder por otra cuesta mucho más descansada, la de Herreros, donde además se puede hacer alguna parada, socializar y relacionarse, que en estos tiempos hay que buscar lo que antes se encontraba sin pretendiente
Sin entrar en la conveniencia del proyecto, el ascensor facilitará la subida, pero no existía barrera insalvable que impidiera a personas con dificultades de movimiento pasar de un punto a otro. No ocurre lo mismo en el Castillo, donde solo unos peldaños impiden a personas con movilidad reducida acceder a buena parte de la planta baja, incluida la zona donde se realizan espectáculos durante el verano, como las representaciones teatrales.
Con un presupuesto significativamente menor que el del ascensor en San Cipriano, sería posible mejorar la accesibilidad en el Castillo mediante la instalación de rampas en lugar de algunos peldaños. Esto permitiría un acceso universal, al menos en la planta baja, cumpliendo con el principio de no discriminación y garantizando que todos los visitantes puedan disfrutar de las actividades culturales y del patrimonio. Aunque el Castillo es una edificación histórica y es necesario respetar su idiosincrasia, eliminar algunas barreras no debería ser una tarea difícil. Es cierto que no se pueden suprimir todas las limitaciones arquitectónicas, pero cambios sencillos pueden marcar una gran diferencia
En conclusión, mientras se debate sobre la instalación de un ascensor en San Cipriano, queda pendiente la accesibilidad del castillo, que se resolvería con pequeñas intervenciones, con un resultado positivo para todos los visitantes. A diferencia de San Cipriano, no hay alternativas accesibles.

















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