COSAS DE DE LA BIEN CERCADA
El secuestro político de Zamora
Eugenio-Jesús de Ávila
Seamos claros: los intentos de formar un partido zamoranista poderoso, que defendiera nuestro patrimonio monumental, que detuviese la marcha hacia el desierto demográfico de nuestra provincia y potenciase su desarrollo económico y denunciase el olvido de los grandes partidos nacionales de Zamora en distintos parlamentos e instituciones pública, fracasaron. Ni Adeiza, ni después Zamora Sí, ni tampoco Ahora Decide, obtuvieron en las urnas el refrendo del pueblo, tan solo una pequeña representación, que daría frutos parciales como la Presidencia de la Diputación después de solo un mandato.
Hay personas, empresarios, que, en su momento, dedicaron dinero y trabajo a batallar por Zamora. Por diversas razones, se retiraron. Sin embargo, tras un cierto descanso político, jamás intelectual, quieren, a su manera, como fuese menester, dar su apoyo a opciones que defiendan conceptos antes mencionados, como exigir tanto a la Junta de Castilla y León, dirigida por el Partido Popular, como al gobierno central, socialcomunista, inversiones especiales para nuestra provincia. Verbigracia: una fiscalidad diferenciada, primordial, que ya exigiera Francisco Requejo durante su etapa como presidente de la Corporación Provincial, con la consiguiente manifestación popular; acelerar la transformación en autovía de la N-122 entre capital y la frontera lusa; por supuesto, autovía entre la capital y Sanabria, que nadie menciona; más potenciar la inversión en Monte la Reina, que no se alargue tanto en el tiempo. Por supuesto, la restauración global de todo el recinto amurallado de la ciudad del Romancero, la cesión de los terrenos de la Estación del Ferrocarril para que el Ayuntamiento cree su propio Polígono Industrial, proyecto estrella de Francisco Guarido en su programa de los últimos comicios municipales, y, por supuesto, que el ejecutivo autonómico construya, cuanto antes, el Polígono de Monfarracinos, porque a Zamora no le queda tiempo.
Estos empresarios dejaron de creer en las promesas de los políticos profesionales que mandan PP y PSOE, en sus vicarios en la provincia, más atentos a obedecer órdenes de Valladolid y Madrid que a defender los intereses de los zamoranos, que siguen votando siempre en la misma dirección. La Junta, desde el primer mandato de Lucas, solo tuvo un objetivo: potenciar el eje industrial y económico entre Valladolid y Burgos, mientras se olvidaba del desarrollo de provincias como la nuestra. Las enormes sumas de dinero, que llegaron de Europa para que los nueve territorios de esa autonomía asimétrica, ahistórica, adquirieran un equilibrio demográfico y económico, se quedaron en las más habitadas y avanzadas, abriendo, incluso, más, si cabe, las diferencias entre ricos y pobres. Los políticos del PP y del PSOE que dijeron representarnos en las Cortes de Castilla y León y Congreso de los Diputados y Senado, prietas las filas, guardaron silencio, porque solo les interesaba guardar sus escaños y salarios, muy superiores a los que recibirían de acuerdo a sus currículos profesionales.
Ante una realidad tan oscura para nuestra ciudad y provincia, una vez asumido que no se puede esperar nada de los partidos nacionales y sus representantes en nuestra tierra, estos empresarios intentarán potenciar las labores que conciencian a la ciudadanía zamorana para romper el actual estado de las cosas, porque consideran que Zamora padece un secuestro político que la impide progresar económica y demográficamente. No obstante, la apatía antropológica, enfermedad social de los zamoranos, tampoco contribuye al optimismo.
Eugenio-Jesús de Ávila
Seamos claros: los intentos de formar un partido zamoranista poderoso, que defendiera nuestro patrimonio monumental, que detuviese la marcha hacia el desierto demográfico de nuestra provincia y potenciase su desarrollo económico y denunciase el olvido de los grandes partidos nacionales de Zamora en distintos parlamentos e instituciones pública, fracasaron. Ni Adeiza, ni después Zamora Sí, ni tampoco Ahora Decide, obtuvieron en las urnas el refrendo del pueblo, tan solo una pequeña representación, que daría frutos parciales como la Presidencia de la Diputación después de solo un mandato.
Hay personas, empresarios, que, en su momento, dedicaron dinero y trabajo a batallar por Zamora. Por diversas razones, se retiraron. Sin embargo, tras un cierto descanso político, jamás intelectual, quieren, a su manera, como fuese menester, dar su apoyo a opciones que defiendan conceptos antes mencionados, como exigir tanto a la Junta de Castilla y León, dirigida por el Partido Popular, como al gobierno central, socialcomunista, inversiones especiales para nuestra provincia. Verbigracia: una fiscalidad diferenciada, primordial, que ya exigiera Francisco Requejo durante su etapa como presidente de la Corporación Provincial, con la consiguiente manifestación popular; acelerar la transformación en autovía de la N-122 entre capital y la frontera lusa; por supuesto, autovía entre la capital y Sanabria, que nadie menciona; más potenciar la inversión en Monte la Reina, que no se alargue tanto en el tiempo. Por supuesto, la restauración global de todo el recinto amurallado de la ciudad del Romancero, la cesión de los terrenos de la Estación del Ferrocarril para que el Ayuntamiento cree su propio Polígono Industrial, proyecto estrella de Francisco Guarido en su programa de los últimos comicios municipales, y, por supuesto, que el ejecutivo autonómico construya, cuanto antes, el Polígono de Monfarracinos, porque a Zamora no le queda tiempo.
Estos empresarios dejaron de creer en las promesas de los políticos profesionales que mandan PP y PSOE, en sus vicarios en la provincia, más atentos a obedecer órdenes de Valladolid y Madrid que a defender los intereses de los zamoranos, que siguen votando siempre en la misma dirección. La Junta, desde el primer mandato de Lucas, solo tuvo un objetivo: potenciar el eje industrial y económico entre Valladolid y Burgos, mientras se olvidaba del desarrollo de provincias como la nuestra. Las enormes sumas de dinero, que llegaron de Europa para que los nueve territorios de esa autonomía asimétrica, ahistórica, adquirieran un equilibrio demográfico y económico, se quedaron en las más habitadas y avanzadas, abriendo, incluso, más, si cabe, las diferencias entre ricos y pobres. Los políticos del PP y del PSOE que dijeron representarnos en las Cortes de Castilla y León y Congreso de los Diputados y Senado, prietas las filas, guardaron silencio, porque solo les interesaba guardar sus escaños y salarios, muy superiores a los que recibirían de acuerdo a sus currículos profesionales.
Ante una realidad tan oscura para nuestra ciudad y provincia, una vez asumido que no se puede esperar nada de los partidos nacionales y sus representantes en nuestra tierra, estos empresarios intentarán potenciar las labores que conciencian a la ciudadanía zamorana para romper el actual estado de las cosas, porque consideran que Zamora padece un secuestro político que la impide progresar económica y demográficamente. No obstante, la apatía antropológica, enfermedad social de los zamoranos, tampoco contribuye al optimismo.




















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