NOTAS DEL PENSAMIENTO
Cuando el mensajero porta malas noticias
José Antonio Ávila López
![[Img #95981]](https://eldiadezamora.es/upload/images/02_2025/2078_9967_5090_9477_jose-antonio-avila-lopez.jpg)
En la obra “Antígona” de Sófocles se dice que «nadie ama al mensajero cuando es portador de malas noticias», y es que el ser humano es a veces tan miserable, tan tonto y con tan pocas luces, que se culpa al que trae esas malas noticias en vez de al responsable de las mismas. Como dijo Freud : “es una reacción defensiva y absurda”, y lo hizo citando ejemplos históricos como el de Boabdil, sultán nazarí de Granada, que al recibir noticia de que la ciudad había caído en manos cristianas, quemó el mensaje y mató al mensajero. Todo ello, es también la metáfora del periodismo frente al poder, por supuesto, del periodismo que no apoya al poder. El futuro de la prensa independiente ha recibido más augurios de ruina que felicitaciones en forma de crecimiento del número de lectores o de apoyos financieros de grupos o inversores neutrales que entiendan la importancia de una prensa libre y no pasen factura de lo que dan interfiriendo en sus líneas editoriales. El auge de la cultura digital ha complicado la situación de la prensa hasta su propia raíz, y el imperio de las malas noticias y la manipulación de las redes y los mensajes según intereses políticos, económicos o, simple y llanamente, de la estupidez individual o de determinadas «tendencias», convierte a algunos medios en «mensajeros» a los que liquidar de una forma literal. Quizá los nuevos tiempos nos llevan a practicar un periodismo «de cercanía», que desenmascare las mentiras a un nivel local, lejos de «influencers» y de gabinetes de prensa montados por grupos de presión (políticos o económicos). Es necesario, a nivel general, un periodismo independiente financiado por sociedades de suscriptores que haga posible hacer frente al periodismo doctrinario, populista o disfrazado de neutral, pero con mensajes que apoyan prejuicios e intereses ideológicos de izquierdas de signo hegemónico y agresivo. Hay que volver a la ética básica del periodismo : publicar lo que alguien no quiere que se publique daña intereses que están lejos del interés del ciudadano. Ese periodismo ético hay que desarrollarlo aplicando criterios de calidad y verdad que puedan contener la cloaca corrompida del exceso «deformativo». El oficio de periodista puede resumirse en una frase : «haz tu trabajo con honestidad, con respeto hacia las personas, amor a la verdad, y a una ética que esté por encima del dinero y la política».
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En la obra “Antígona” de Sófocles se dice que «nadie ama al mensajero cuando es portador de malas noticias», y es que el ser humano es a veces tan miserable, tan tonto y con tan pocas luces, que se culpa al que trae esas malas noticias en vez de al responsable de las mismas. Como dijo Freud : “es una reacción defensiva y absurda”, y lo hizo citando ejemplos históricos como el de Boabdil, sultán nazarí de Granada, que al recibir noticia de que la ciudad había caído en manos cristianas, quemó el mensaje y mató al mensajero. Todo ello, es también la metáfora del periodismo frente al poder, por supuesto, del periodismo que no apoya al poder. El futuro de la prensa independiente ha recibido más augurios de ruina que felicitaciones en forma de crecimiento del número de lectores o de apoyos financieros de grupos o inversores neutrales que entiendan la importancia de una prensa libre y no pasen factura de lo que dan interfiriendo en sus líneas editoriales. El auge de la cultura digital ha complicado la situación de la prensa hasta su propia raíz, y el imperio de las malas noticias y la manipulación de las redes y los mensajes según intereses políticos, económicos o, simple y llanamente, de la estupidez individual o de determinadas «tendencias», convierte a algunos medios en «mensajeros» a los que liquidar de una forma literal. Quizá los nuevos tiempos nos llevan a practicar un periodismo «de cercanía», que desenmascare las mentiras a un nivel local, lejos de «influencers» y de gabinetes de prensa montados por grupos de presión (políticos o económicos). Es necesario, a nivel general, un periodismo independiente financiado por sociedades de suscriptores que haga posible hacer frente al periodismo doctrinario, populista o disfrazado de neutral, pero con mensajes que apoyan prejuicios e intereses ideológicos de izquierdas de signo hegemónico y agresivo. Hay que volver a la ética básica del periodismo : publicar lo que alguien no quiere que se publique daña intereses que están lejos del interés del ciudadano. Ese periodismo ético hay que desarrollarlo aplicando criterios de calidad y verdad que puedan contener la cloaca corrompida del exceso «deformativo». El oficio de periodista puede resumirse en una frase : «haz tu trabajo con honestidad, con respeto hacia las personas, amor a la verdad, y a una ética que esté por encima del dinero y la política».




















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