ESPÍRITU SANTO
La hermandad creada por un niño aristócrata
Eugenio-Jesús de Ávila
Francisco Gustavo Cuesta de Reyna, conde de Oricaín, siendo niño, fundó una hermandad, la del Espíritu Santo. Hoy, medio siglo después, su creador es ya todo un hombre, y la cofradía, una señora mayor entre las de su género.
Tengo para mí que Pacogus, como lo llaman sus amigos más cercanos, incluso algún enemigo, ha sido el Rimbaud de la Semana Santa de Zamora, porque, como el poeta francés, escribió, en su infancia juvenil una poesía con un Cristo perdido en un barrio al oeste del bosque de Valorio. El Sanedrín de aquel tiempo, cuando todavía nuestra ciudad olía a dictadura, no quiso incluirla entre las autorizadas por el poder. Y la dejó en un Viernes de Dolores.
Pero esta Hermandad no se parió con dolores, sino con la alegría de la gente muy joven, como el conde y sus amigos de antaño. Con el paso del tiempo, hubo cambios estéticos y se le añadieron voces que le otorgaron cierto misticismo. Y lo del Misterio de la Santísima Trinidad, aquello de tres personas distintas y un solo un Dios verdadero, los zamoranos apasionados se lo creyeron, tanto que ahora ya son más de mil almas pías las que siguen al Espíritu Santo cuando la ciudad se prepara para su Semana Santa en la que la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo se celebra con gran alborozo. El gentío quiere fiesta. Las procesiones son las excusas para vivir y celebrar la temprana primavera en rúas y plazuelas de la ciudad del Romancero.
Eugenio-Jesús de Ávila
Francisco Gustavo Cuesta de Reyna, conde de Oricaín, siendo niño, fundó una hermandad, la del Espíritu Santo. Hoy, medio siglo después, su creador es ya todo un hombre, y la cofradía, una señora mayor entre las de su género.
Tengo para mí que Pacogus, como lo llaman sus amigos más cercanos, incluso algún enemigo, ha sido el Rimbaud de la Semana Santa de Zamora, porque, como el poeta francés, escribió, en su infancia juvenil una poesía con un Cristo perdido en un barrio al oeste del bosque de Valorio. El Sanedrín de aquel tiempo, cuando todavía nuestra ciudad olía a dictadura, no quiso incluirla entre las autorizadas por el poder. Y la dejó en un Viernes de Dolores.
Pero esta Hermandad no se parió con dolores, sino con la alegría de la gente muy joven, como el conde y sus amigos de antaño. Con el paso del tiempo, hubo cambios estéticos y se le añadieron voces que le otorgaron cierto misticismo. Y lo del Misterio de la Santísima Trinidad, aquello de tres personas distintas y un solo un Dios verdadero, los zamoranos apasionados se lo creyeron, tanto que ahora ya son más de mil almas pías las que siguen al Espíritu Santo cuando la ciudad se prepara para su Semana Santa en la que la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo se celebra con gran alborozo. El gentío quiere fiesta. Las procesiones son las excusas para vivir y celebrar la temprana primavera en rúas y plazuelas de la ciudad del Romancero.




















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.43