DESNONTANDO LA TESTA
No me lo puedo creer: milagros
Fernando Martos
No me creo que el presidente del Parlamento de Galicia haya pedido algo al Apóstol Santiago. No me creo que un cargo nacido de las urnas al que se le espera conocimiento y responsabilidad con los problemas y las soluciones, que debe gestionar y negociar acuerdos, tomar decisiones importantísimas, le pida al Apóstol que solucione lo de la inmigración.
No me creo que se lo haya pedido con las siguientes palabras: “Una inmigración "enriquecedora" pero "ordenada, que busque la integración pero que respete la integridad territorial, el ordenamiento jurídico y los derechos y libertades de los territorios de acogida”.
No me creo que no sepa, el presidente, que Santiago vino en patera, que es palestino, y que cambió lo habido y por haber, desahució al verdadero residente de la Basílica y montó una de las rutas de peregrinaje más grandes del mundo, y sin arreglar papeles. Vamos, que con el Santo se acabó con la integridad territorial pues su sobrenombre fue “Matamoros”. Cambió el ordenamiento jurídico pues lo que era el Templo de Hércules pasó a ser Templo de San Pedro (islote de Sancti Petri). Y las libertades y derechos de los territorios de acogida se vieron mermadas porque sus seguidores se dedicaron a la persecución de todos aquellos que entendían que lo de los evangelios era bola y que se los inventó Lactancio.
Con un par de pateras de este calibre, Puigdemont pasaría a ser un aficionadillo de pacotilla. Pero si hacemos caso a un estudioso, la cosa empeora: “…pese a todos los esfuerzos de la erudición de ayer y de hoy, no es posible, sin embargo, alegar en favor de la presencia de Santiago en España y de su traslado a ella, una sola noticia remota, clara y autorizada. Un silencio de más de seis siglos rodea la conjetural e inverosímil llegada del apóstol a Occidente, y de uno a ocho siglos la no menos conjetural e inverosímil traslatio. Solo en el siglo VI surgió entre la cristiandad occidental la leyenda de la predicación de Santiago en España; pero ella no llegó a la Península hasta fines del siglo VII.” C. Sánchez Albornoz: "En los albores del culto jacobeo", en Compostellanum 16 (1971) pp. 37-71.
Es decir, que elegimos a un Señor para que resuelva los problemas pero este se los endosa a un Santo, cuya santidad nadie discute pero sí el que sus restos se encuentren en España, con lo que la petición de milagro se hace imposible por incomparecencia del posible autor de los mismos. No me lo puedo creer. ¿Y para eso montamos los gobiernos autonómicos?. En mi pueblo sacábamos al Santo para que lloviera y, si no llovía, lo tirábamos al regato para motivarlo. Habrá que hacer eso otra vez…pero con los gobernantes.
No me creo que el presidente del Parlamento de Galicia haya pedido algo al Apóstol Santiago. No me creo que un cargo nacido de las urnas al que se le espera conocimiento y responsabilidad con los problemas y las soluciones, que debe gestionar y negociar acuerdos, tomar decisiones importantísimas, le pida al Apóstol que solucione lo de la inmigración.
No me creo que se lo haya pedido con las siguientes palabras: “Una inmigración "enriquecedora" pero "ordenada, que busque la integración pero que respete la integridad territorial, el ordenamiento jurídico y los derechos y libertades de los territorios de acogida”.
No me creo que no sepa, el presidente, que Santiago vino en patera, que es palestino, y que cambió lo habido y por haber, desahució al verdadero residente de la Basílica y montó una de las rutas de peregrinaje más grandes del mundo, y sin arreglar papeles. Vamos, que con el Santo se acabó con la integridad territorial pues su sobrenombre fue “Matamoros”. Cambió el ordenamiento jurídico pues lo que era el Templo de Hércules pasó a ser Templo de San Pedro (islote de Sancti Petri). Y las libertades y derechos de los territorios de acogida se vieron mermadas porque sus seguidores se dedicaron a la persecución de todos aquellos que entendían que lo de los evangelios era bola y que se los inventó Lactancio.
Con un par de pateras de este calibre, Puigdemont pasaría a ser un aficionadillo de pacotilla. Pero si hacemos caso a un estudioso, la cosa empeora: “…pese a todos los esfuerzos de la erudición de ayer y de hoy, no es posible, sin embargo, alegar en favor de la presencia de Santiago en España y de su traslado a ella, una sola noticia remota, clara y autorizada. Un silencio de más de seis siglos rodea la conjetural e inverosímil llegada del apóstol a Occidente, y de uno a ocho siglos la no menos conjetural e inverosímil traslatio. Solo en el siglo VI surgió entre la cristiandad occidental la leyenda de la predicación de Santiago en España; pero ella no llegó a la Península hasta fines del siglo VII.” C. Sánchez Albornoz: "En los albores del culto jacobeo", en Compostellanum 16 (1971) pp. 37-71.
Es decir, que elegimos a un Señor para que resuelva los problemas pero este se los endosa a un Santo, cuya santidad nadie discute pero sí el que sus restos se encuentren en España, con lo que la petición de milagro se hace imposible por incomparecencia del posible autor de los mismos. No me lo puedo creer. ¿Y para eso montamos los gobiernos autonómicos?. En mi pueblo sacábamos al Santo para que lloviera y, si no llovía, lo tirábamos al regato para motivarlo. Habrá que hacer eso otra vez…pero con los gobernantes.



















Seve Calleja | Lunes, 31 de Diciembre de 2018 a las 13:06:50 horas
Amigo Fernando. Es cosa cultural la osadía/ ignorancia de gente así. Y es cosa visceral. Los hay que se creen que hasta las creencias religiosas son suyas, como el país y sus ayuntamientos... Pedro ya verás, ya, cuando vengan los vox/matamoros a caballo. Tenemos que descabalgarlos de sus obesesiones y proclamas con reflexiones y recordatorios como este tuyo.
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