EJEMPLO
¿Cáritas Zamora es de ultraderecha, de derechas, fascista, nacionalsocialista?
La organización católica un ejemplo para una sociedad y unos partidos políticos en quiebra moral y ética
Eugenio-Jesús de Ávila
Como declaración de principios y con el fin de que el lector evalúe este artículo, soy un ateo que se acerca peligrosamente a la misantropía. Solo entro en el interior de las iglesias para dar pésames, porque ni se me invita a bodas ni nacen niños, y también para admirar arquitectura de los templos y joyas artísticas que se cobijan entre la historia. Una vez confesado, aunque no necesito la absolución y la penitencia me la impongo yo, sin necesidad de que otro hombre, quizá tan pecador como yo, me lo ordene, adelanto también que nunca fui anticlerical, ni hubiera quemado iglesias como en mayo de 1931, ni crucifijos, ni vírgenes, ni sacado momias de monjas, ni fusilado curas, ni asesinado sacerdotes. No creo. Pero respeto la fe de cada cual. A mí no me van a convertir ni unos, sacerdotes que prometen un paraíso más allá de esta puta vida, ni los otros, los que se creyeron que el Edén se encontraba aquí abajo, los curas del marxismo, los discípulos del San Pablo comunista, Illich Ulianov, ni el Constantino Stalín, el de las purgas y hambrunas que causaron millones de muertos, entre pobres y los propios fieles marxianos.
A lo que voy, que me enrollo. Cáritas Zamora me parece una organización modélica. Se trata de la empresa que emplea a más zamoranos: nada menos que 313. Ayudó en 2017 a más de 11.300 personas. Acoge a cientos de personas, a los más humildes, a menesterosos, a pobres de solemnidad, sin preguntarles si creen, son ateos o agnósticos. Sin esta organización católica, ni el Estado ni los sindicatos ni, por supuesto, los partidos podrían atender a los que pasan hambre y necesitan justicia.
Cáritas, además de crear más de 300 puestos de trabajo, de los que viven otras tantas familias, se ha convertido en el escáner del cuerpo social de nuestra ciudad y provincia. Antonio Jesús Martín de Lera, que emana bondad nada más verlo, todos los años, cuando le toca hacer balance de la labor de este organismo católico, nos muestra la realidad de Zamora: trabajo precario, miles de personas necesitadas, sin techo, sin pan, sin calor en invierno, sin cobijo ante las heladas, niños que, sin ilusión, ni esperanza, se acercan a las drogas; ancianos que cobran la jubilación mínima. Sí, dirán los amigos del poder que ha descendido el paro en nuestra provincia en el último año. Y se quedarán tan satisfechos. Una verdad a medias es una mentira que encubre una repugnante verdad: los jóvenes se van de nuestra geografía a buscar el futuro, por ejemplo, en Pucela o en Burgos, donde Cáritas encuentra menos problemas que en la tercermundista Zamora, donde nadie protesta y los que criticamos al poder somos perseguidos de una forma sutil.
Después de escuchar, año tras año, a Martín de Lera, me pregunto para qué sirve la política, que hacen los hombres y las mujeres que administran la res pública para que todo siga de mal en peor, por qué se les sigue votando, cómo no se les echa de las instituciones. Y después me cuestiono: ¿Adónde irían estas más de 11.300 personas a pedir ayuda si no existiera Cáritas? ¿Quién recogería a esos cientos de hombres y mujeres que no tienen nada, solo hambre para un cuerpo enjuto y un cerebro que ya no quiere, ni puede, pensar, si Cáritas no existiera? ¿Dónde trabajarían esos 313 operarios si esta organización católica no les diera empleo? ¿Cómo sería Zamora si Cáritas no prestara esta ayuda inconmensurable a los parias de la tierra, a la famélica legión, a los más humildes? Reflexione el lector después de leer este artículo y respóndase a sí mismo.
Y una última pregunta para los “rojos” burgueses, a los que tanto gusta clasificar, enamorados de las definición ideológicas, de la taxología política: ¿Cáritas es de ultraderecha, de derechas, centrista?
Sin duda, aunque Cáritas no lo exprese, vivimos en una sociedad en quiebra moral y ética, en la que nadie es parte de nada, solo parte de sí, porque solo miramos por nuestro ego y, como mucho, por los de alguien de la familia. Hay que hacer un escáner del alma de Zamora.
Gracias a Cáritas de un ateo que no se arrepiente de no creer en Dios, y cada día, menos en el Hombre. No tengo tampoco, por tanto fe en mí. Y ya me callo...que después todo se sabe.
Eugenio-Jesús de Ávila
Como declaración de principios y con el fin de que el lector evalúe este artículo, soy un ateo que se acerca peligrosamente a la misantropía. Solo entro en el interior de las iglesias para dar pésames, porque ni se me invita a bodas ni nacen niños, y también para admirar arquitectura de los templos y joyas artísticas que se cobijan entre la historia. Una vez confesado, aunque no necesito la absolución y la penitencia me la impongo yo, sin necesidad de que otro hombre, quizá tan pecador como yo, me lo ordene, adelanto también que nunca fui anticlerical, ni hubiera quemado iglesias como en mayo de 1931, ni crucifijos, ni vírgenes, ni sacado momias de monjas, ni fusilado curas, ni asesinado sacerdotes. No creo. Pero respeto la fe de cada cual. A mí no me van a convertir ni unos, sacerdotes que prometen un paraíso más allá de esta puta vida, ni los otros, los que se creyeron que el Edén se encontraba aquí abajo, los curas del marxismo, los discípulos del San Pablo comunista, Illich Ulianov, ni el Constantino Stalín, el de las purgas y hambrunas que causaron millones de muertos, entre pobres y los propios fieles marxianos.
A lo que voy, que me enrollo. Cáritas Zamora me parece una organización modélica. Se trata de la empresa que emplea a más zamoranos: nada menos que 313. Ayudó en 2017 a más de 11.300 personas. Acoge a cientos de personas, a los más humildes, a menesterosos, a pobres de solemnidad, sin preguntarles si creen, son ateos o agnósticos. Sin esta organización católica, ni el Estado ni los sindicatos ni, por supuesto, los partidos podrían atender a los que pasan hambre y necesitan justicia.
Cáritas, además de crear más de 300 puestos de trabajo, de los que viven otras tantas familias, se ha convertido en el escáner del cuerpo social de nuestra ciudad y provincia. Antonio Jesús Martín de Lera, que emana bondad nada más verlo, todos los años, cuando le toca hacer balance de la labor de este organismo católico, nos muestra la realidad de Zamora: trabajo precario, miles de personas necesitadas, sin techo, sin pan, sin calor en invierno, sin cobijo ante las heladas, niños que, sin ilusión, ni esperanza, se acercan a las drogas; ancianos que cobran la jubilación mínima. Sí, dirán los amigos del poder que ha descendido el paro en nuestra provincia en el último año. Y se quedarán tan satisfechos. Una verdad a medias es una mentira que encubre una repugnante verdad: los jóvenes se van de nuestra geografía a buscar el futuro, por ejemplo, en Pucela o en Burgos, donde Cáritas encuentra menos problemas que en la tercermundista Zamora, donde nadie protesta y los que criticamos al poder somos perseguidos de una forma sutil.
Después de escuchar, año tras año, a Martín de Lera, me pregunto para qué sirve la política, que hacen los hombres y las mujeres que administran la res pública para que todo siga de mal en peor, por qué se les sigue votando, cómo no se les echa de las instituciones. Y después me cuestiono: ¿Adónde irían estas más de 11.300 personas a pedir ayuda si no existiera Cáritas? ¿Quién recogería a esos cientos de hombres y mujeres que no tienen nada, solo hambre para un cuerpo enjuto y un cerebro que ya no quiere, ni puede, pensar, si Cáritas no existiera? ¿Dónde trabajarían esos 313 operarios si esta organización católica no les diera empleo? ¿Cómo sería Zamora si Cáritas no prestara esta ayuda inconmensurable a los parias de la tierra, a la famélica legión, a los más humildes? Reflexione el lector después de leer este artículo y respóndase a sí mismo.
Y una última pregunta para los “rojos” burgueses, a los que tanto gusta clasificar, enamorados de las definición ideológicas, de la taxología política: ¿Cáritas es de ultraderecha, de derechas, centrista?
Sin duda, aunque Cáritas no lo exprese, vivimos en una sociedad en quiebra moral y ética, en la que nadie es parte de nada, solo parte de sí, porque solo miramos por nuestro ego y, como mucho, por los de alguien de la familia. Hay que hacer un escáner del alma de Zamora.
Gracias a Cáritas de un ateo que no se arrepiente de no creer en Dios, y cada día, menos en el Hombre. No tengo tampoco, por tanto fe en mí. Y ya me callo...que después todo se sabe.




















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