SIN PELOS EN LA LENGUA
Una reunión importantísima y una polémica que no cesa: la Sanidad
Eugenio-Jesús de Ávila
Hoy, evito matizar si ha sido, está siendo o será, se había previsto una importantísima reunión en nuestra ciudad, que protagonizarán altos funcionarios del Estado, líderes económicos y políticos. Si existen acuerdos reales, el futuro de nuestra ciudad y el de Toro se hallaría ante un punto de inflexión en su historia contemporánea. Parece, según me ha venido informando “garganta profunda”, que había, antes de producirse la mencionada reunión, un 99% de posibilidades de que, por una vez, el deseo se convierta en realidad. Ahora bien, conociendo a los enemigos del progreso de Zamora y esa vanidad tan características de altas personalidades de la vida zamorana, podría abortarse esta operación que, insisto, cambiará el eje Toro-Zamora. Sería una manera extraordinaria de iniciar este año 2019, con un 26 de mayo que también podría convertirse en otro punto de inflexión política en las instituciones locales y provinciales, y, por qué no, regional.
Si todo sale bien, como es mi deseo y el de una mayoría de la buena gente que todavía permanece en algunas instituciones públicas y privadas, contaré cuál fue el génesis de este proyecto y cómo llegó a estos pagos mesetarios. Pero, permítame el lector, porque así me lo ha pedido ese amigo que me trae al día de los acontecimientos, guarde silencio sobre los protagonistas de esta hermosa historia de amor por una ciudad y su provincia. ¿De acuerdo?
Pues todo esto sucedió o acontece, en un día protagonizado por la Sanidad en nuestra provincia. Primero fue Pablo Fernández, el máximo responsable de Podemos en la autonomía, y, poco después, Martínez-Maíllo y Faúndez, alcalde de Trabazos y senador por Zamora, cargaban contra las plataformas provinciales que porfían, ha tiempo, en su combate contra el consejero de Sanidad, en particular, y la Junta como principales causantes de la pésima situación de Zamora en un servicio público tan esencial como es el de la Salud.
El que fuera número 3 del PP ofreció algunos datos sobre índices de satisfacción de los ciudadanos con el funcionamiento de la Sanidad en nuestra provincia, que, al parecer, resultan excepcionales, pues se mueve entre más de un 70% y hasta un 92%. No creo que ni Carlos Pedrero ni Jerónimo Cantuche admitan este porcentaje, cercano al orgasmo sanitario, que dio a conocer esta mañana Martínez-Maíllo. Sí sé que hay muchos profesionales de la Medicina que no quieren trabajar en el medio rural, más en invierno y en carreteras tomadas por la nieve y la helada, donde se juegan la vida, y que carecen de incentivos para realizar su profesión. También sé que, si es una cuestión de dinero, la solución sería sencilla. Verbigracia: con los cientos de miles de euros que la Junta de Castilla y León reparte entre la prensa afín, televisión regional, periódicos, emisoras y radios, el problema de la Sanidad en el agro se resolvería. Pero preferimos llenar el pesebre de la prensa antes que acabar con este debate horrendo sobre la Sanidad.
Pablo Fernández, secretario general de Podemos, echó la culpa del estado de la Sanidad Pública regional al PP, a la Junta. Pues muy bien. Como escribí ayer, hemos empezado la campaña electoral para los comicios regionales y locales. Como soy un escéptico, un apóstol Tomás de la prensa, necesito ver para creer. Y si veo que, cuando voy a mi médico de cabecera, Atención Primaria, que siempre me recibe, como mínimo, hora y media después de que se me ha fijado una hora; por una razón fundamental: a cada paciente se le dan cinco minutos para que el galeno examine su estado de salud, algo imposible. ¿Por qué no se fijan cada diez o quince minutos? Hoy, un amigo, me ha dicho que su médica atendió a 60 pacientes entre las ocho de la mañana y las dos de la tarde. Una locura. No hay foto, debido a la Ley de Protección de Datos. Pero tal cual se lo cuento. No creo este sea un buen funcionamiento de la Sanidad Pública y de la Atención Primaria en nuestros centros de Salud. Además, si pides, pongamos por ejemplo, hoy, martes, 8 de enero, cita para que ser atendido por tu médico de cabecera, te dan como fecha el 14 de enero, lunes de la próxima semana. Así lo hemos hecho. Para la enfermera, el plazo se acorta, me dan el jueves, 10 de los corrientes. De ahí, que muchos ciudadanos prefieran acudir a urgencias con tal de no esperar cinco o seis días a que les den una solución a sus males físicos.
Voy a ser ecuánime y claro. Tengo amigos en Andalucía que echan pestes, que pronuncian tacos, incluso blasfeman ante los problemas de la Sanidad en aquella región del sur de España, en la que el PSOE ha ejercido su inmenso poder y desarrollado enorme corrupción durante casi cuatro décadas. Sucede allí como aquí, pero a lo bestia. Disculpo, en parte, a los socialistas andaluces, porque allí viven diez millones de personas y aquí poco más de dos.
Quizá crea a Martínez-Maíllo cuando afirma que el problema de la Sanidad Pública es de ámbito nacional. No creo que los ciudadanos vascos padezcan estas penurias. Pero, sea como fuere, estoy convencido que las competencias en Sanidad traspasadas a las autonomías han perjudicado seriamente a la salud de la ciudadanía. Como soy jacobino, sigo pensando que la Salud debería ser dirigida desde el gobierno central, como sucedió antaño. Porque si los populares en la Meseta Norte, y socialistas, en el Valle del Guadalquivir, presentan cuadros tan lamentables en la Sanidad Pública, colijo que no se trata ya de un problema ideológico, sino de incapacidad de los dirigentes autonómicos, la gente más mediocre de los respectivos partidos, y ya es decir.
Y concluyo. Si, en los próximos años, unas cinco mil o seis mil personas fijan su residencia en Zamora y Toro, cómo se solventará este problema que ahora protagoniza la vida política y social nuestra tierra. Urge, pues, que todos los partidos políticos, con sus dirigentes más cualificados en Sanidad, profesionales de la Medicina y de la Enfermería, se sienten, y permanezcan en esa posición, salvo para acudir al baño, hasta que resuelvan estas cuitas que tanto perjudican a los más débiles, a los más desprotegidos, a la gente humilde. Los ricos acuden a la sanidad privada. Se mueren igual, pero...
Hoy, evito matizar si ha sido, está siendo o será, se había previsto una importantísima reunión en nuestra ciudad, que protagonizarán altos funcionarios del Estado, líderes económicos y políticos. Si existen acuerdos reales, el futuro de nuestra ciudad y el de Toro se hallaría ante un punto de inflexión en su historia contemporánea. Parece, según me ha venido informando “garganta profunda”, que había, antes de producirse la mencionada reunión, un 99% de posibilidades de que, por una vez, el deseo se convierta en realidad. Ahora bien, conociendo a los enemigos del progreso de Zamora y esa vanidad tan características de altas personalidades de la vida zamorana, podría abortarse esta operación que, insisto, cambiará el eje Toro-Zamora. Sería una manera extraordinaria de iniciar este año 2019, con un 26 de mayo que también podría convertirse en otro punto de inflexión política en las instituciones locales y provinciales, y, por qué no, regional.
Si todo sale bien, como es mi deseo y el de una mayoría de la buena gente que todavía permanece en algunas instituciones públicas y privadas, contaré cuál fue el génesis de este proyecto y cómo llegó a estos pagos mesetarios. Pero, permítame el lector, porque así me lo ha pedido ese amigo que me trae al día de los acontecimientos, guarde silencio sobre los protagonistas de esta hermosa historia de amor por una ciudad y su provincia. ¿De acuerdo?
Pues todo esto sucedió o acontece, en un día protagonizado por la Sanidad en nuestra provincia. Primero fue Pablo Fernández, el máximo responsable de Podemos en la autonomía, y, poco después, Martínez-Maíllo y Faúndez, alcalde de Trabazos y senador por Zamora, cargaban contra las plataformas provinciales que porfían, ha tiempo, en su combate contra el consejero de Sanidad, en particular, y la Junta como principales causantes de la pésima situación de Zamora en un servicio público tan esencial como es el de la Salud.
El que fuera número 3 del PP ofreció algunos datos sobre índices de satisfacción de los ciudadanos con el funcionamiento de la Sanidad en nuestra provincia, que, al parecer, resultan excepcionales, pues se mueve entre más de un 70% y hasta un 92%. No creo que ni Carlos Pedrero ni Jerónimo Cantuche admitan este porcentaje, cercano al orgasmo sanitario, que dio a conocer esta mañana Martínez-Maíllo. Sí sé que hay muchos profesionales de la Medicina que no quieren trabajar en el medio rural, más en invierno y en carreteras tomadas por la nieve y la helada, donde se juegan la vida, y que carecen de incentivos para realizar su profesión. También sé que, si es una cuestión de dinero, la solución sería sencilla. Verbigracia: con los cientos de miles de euros que la Junta de Castilla y León reparte entre la prensa afín, televisión regional, periódicos, emisoras y radios, el problema de la Sanidad en el agro se resolvería. Pero preferimos llenar el pesebre de la prensa antes que acabar con este debate horrendo sobre la Sanidad.
Pablo Fernández, secretario general de Podemos, echó la culpa del estado de la Sanidad Pública regional al PP, a la Junta. Pues muy bien. Como escribí ayer, hemos empezado la campaña electoral para los comicios regionales y locales. Como soy un escéptico, un apóstol Tomás de la prensa, necesito ver para creer. Y si veo que, cuando voy a mi médico de cabecera, Atención Primaria, que siempre me recibe, como mínimo, hora y media después de que se me ha fijado una hora; por una razón fundamental: a cada paciente se le dan cinco minutos para que el galeno examine su estado de salud, algo imposible. ¿Por qué no se fijan cada diez o quince minutos? Hoy, un amigo, me ha dicho que su médica atendió a 60 pacientes entre las ocho de la mañana y las dos de la tarde. Una locura. No hay foto, debido a la Ley de Protección de Datos. Pero tal cual se lo cuento. No creo este sea un buen funcionamiento de la Sanidad Pública y de la Atención Primaria en nuestros centros de Salud. Además, si pides, pongamos por ejemplo, hoy, martes, 8 de enero, cita para que ser atendido por tu médico de cabecera, te dan como fecha el 14 de enero, lunes de la próxima semana. Así lo hemos hecho. Para la enfermera, el plazo se acorta, me dan el jueves, 10 de los corrientes. De ahí, que muchos ciudadanos prefieran acudir a urgencias con tal de no esperar cinco o seis días a que les den una solución a sus males físicos.
Voy a ser ecuánime y claro. Tengo amigos en Andalucía que echan pestes, que pronuncian tacos, incluso blasfeman ante los problemas de la Sanidad en aquella región del sur de España, en la que el PSOE ha ejercido su inmenso poder y desarrollado enorme corrupción durante casi cuatro décadas. Sucede allí como aquí, pero a lo bestia. Disculpo, en parte, a los socialistas andaluces, porque allí viven diez millones de personas y aquí poco más de dos.
Quizá crea a Martínez-Maíllo cuando afirma que el problema de la Sanidad Pública es de ámbito nacional. No creo que los ciudadanos vascos padezcan estas penurias. Pero, sea como fuere, estoy convencido que las competencias en Sanidad traspasadas a las autonomías han perjudicado seriamente a la salud de la ciudadanía. Como soy jacobino, sigo pensando que la Salud debería ser dirigida desde el gobierno central, como sucedió antaño. Porque si los populares en la Meseta Norte, y socialistas, en el Valle del Guadalquivir, presentan cuadros tan lamentables en la Sanidad Pública, colijo que no se trata ya de un problema ideológico, sino de incapacidad de los dirigentes autonómicos, la gente más mediocre de los respectivos partidos, y ya es decir.
Y concluyo. Si, en los próximos años, unas cinco mil o seis mil personas fijan su residencia en Zamora y Toro, cómo se solventará este problema que ahora protagoniza la vida política y social nuestra tierra. Urge, pues, que todos los partidos políticos, con sus dirigentes más cualificados en Sanidad, profesionales de la Medicina y de la Enfermería, se sienten, y permanezcan en esa posición, salvo para acudir al baño, hasta que resuelvan estas cuitas que tanto perjudican a los más débiles, a los más desprotegidos, a la gente humilde. Los ricos acuden a la sanidad privada. Se mueren igual, pero...

















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