COMPOSTELA
¡Buen camino, peregrino!
José Fco.Bartolomé Barrigós
A José Bartolomé Merino
Querido padre:
Permite que inicie esta carta con una conversación que tuve por teléfono con mi madre hace unos 20 años, 1999 en concreto.
Recuerdo que me dijo..." tu padre quiere hacer el Camino de Santiago , es una locura, ¡ tiene casi 74 años !, tú, hijo, ¿ qué opinas ?." Yo, a mi vez, le respondí..." mamá, si a él le gusta pues adelante, es un gran caminante, de salud está hecho un toro y está en muy buena edad, así que por mi parte me parece estupendo".
Y así fue, en 1999, año jacobeo, mi padre desde Villafranca del Bierzo inició toda una historia en su vida que, luego se ha sabido, se ha prolongado en el tiempo.
Y no muchos años después, por fin, y saliendo de la románica y bellísima Zamora se fue en busca de la evocadora y lejana localidad de Roncesvalles, cobijo en su leyenda de caminantes y peregrinos; nada más y nada menos que 754 km. Y desde allí partió a la aventura.
Para entonces este peregrino cumplía los 77 años en pleno camino. Corría el año 2002. ¡ Y lo logró en 21 días ! . Se dice pronto, un viajero con combustible super.
Ahora, dos décadas después me sonrío recordando esa primera conversación con mi querida madre, y lo hago porque, incluso, este supuesto gran caminante ha superado todas las expectativas posibles, no ya sólo por la edad, ahora que anda en los 93, sino sobre todo porque no ha hecho solamente aquel inicial proyecto, que se presumía único.
Al contrario, año tras año, en ocasiones solo y en otras acompañado (esposa, hija e hijo mayor) ha transitado multitud de veces ya fuese desde el originario Roncesvalles, pasando por inicios desde la sierra madrileña o partiendo, mochila al hombro, desde tierras andaluzas, descubriendo paisajes y parajes para él inexplorados ,joyas de monumentos y entrañables lugareños que ofrecían hospitalidad, charla y aliento moral en su peregrinar.
Más emocional y pasional si cabe que ese caminar - muchas veces, en soledad y silencio-, era y es el espíritu que le acompañaba, ese sentimiento interno, tan intenso como profundo, que le proyectaba en su ruta hacía esa catedral compostelana para postrarse devoto ante el santo Apóstol y sentir, más que ver , cómo volaba un colosal botafumeiro a manos de sus 8 tiraboleiros y, cómo no, el inolvidable y seductor perfume a incienso.
Llevas inyectado en vena, querido padre, esos caminos ; su esencia. Tú, que coleccionas tantas y tantas compostelas. En ocasiones bajo un sol de justicia, otras empapado por obstinada lluvia , calor, frío, viento... transitando por bosques, colinas, calzadas y riachuelos, sin olvidar empinadas cuestas que - y esto lo viví a tu lado- te dejaban sin aliento trepando como una cabra montesa hasta que, por fin , alcanzabas la cresta y te tomabas un justo y necesario respiro, al tiempo que jurabas en arameo contra una inocente , pero muy pesada, mochila.
Sí, caminos ásperos, abruptos, pedregosos, en ocasiones encharcados o embarrados... que no puedo olvidar, porque transité por ellos y si no llega a ser por ti y tus muchos trienios compostelanos, mis pocos 115 km habrían resultado una misión imposible, porque aquellos canutillos que llevabas en tu mochila salvaron mis maltrechos pies y sus magullados dedos y, gracias a Dios y sobre todo el peregrino mayor José Bartolomé Merino, me permitieron rendir tributo al santo 5 días después.
Entendí entonces, y sigo entendiendo ahora, que el peregrino que siente el camino como suyo lo entiende no como una aventura pasajera o mero y simple pasatiempo, lo entiende -si se me permite así expresarlo -desde lo más íntimo y profundo del alma.
Y lo supe cuando, después de unas agotadoras jornadas en tu compañía, llegué a Santiago y me puse a llorar como un bendito mientras bailaban el botafumeiro. En esos momentos cuerpo y alma eran uno y fueron el paño de mis lágrimas.
Entendí in situ bajo aquellos muros , querido padre, todos y cada uno de tus posibles sueños y vivencias en tus muchos ( y aún te quedan) caminos.
Porque para ti no es sólo un viaje a través de la naturaleza. Es sobre todo una religión. Una religión que te hace sentir con fuerzas, que te alimenta, que la llevas impregnada en todos y cada uno de los poros de la piel, que te ilusiona, que te hace sentir más fuerte, más joven, más libre...
Me he releído todos tus escritos (amablemente publicados por "El Día de Zamora"; periódicos originales por ti enviados con sobre y sello a Castellón), y en cada uno de ellos descubro algo nuevo; descubro parte de lo que sientes y piensas, la adoración por esos caminos que - y te lo digo aquí y ahora-, das a entender que echarás de menos; cuando más bien pienso que tus pesadas botas seguirán recorriendo parajes y a las que, en sus suelas, sumarás alguna piedrecita más de esas que tachonan muchas vías de tu agotador recorrido.
Mil gracias por ilustrarme en esos escritos, no sólo de la pintoresca orografía y su belleza, sino también por tus atinados comentarios de historia sobre rutas, castillos, catedrales, monumentos y personajes del pasado ilustres o anónimos; hasta incluso algún testimonio oral de nativos fabulando sobre oscuras y secretas leyendas; sin olvidar , por supuesto, la peculiar y muy reconfortante gastronomía de las diversas regiones y tierras de España, en las que en sus albergues, pueblos o aldeas hacías - exhausto- parada y fonda.
Paz, sosiego, espiritualidad y el firme, y tentador deseo, de compartir tu universo de caminante con otros que, al igual que tú, sienten que el CAMINO (con mayúsculas) es una intensa aventura emocional en la vida y que os deja, a la vista está, marcados para siempre.
En cierto modo y manera, prisioneros del destino.
Finalizo esta carta con el recordatorio de un texto tuyo que te transcribo literalmente.
Dice así : " ...y tras varios pueblos, unos maragatos, otros bercianos; algunos ruinosos, casi desiertos, finalizamos ante el evocador castillo templario de Ponferrada, con una visión favorable de nuestra realidad peregrina; lo que en el fondo nos da pie para seguir, de cara al futuro, igual de interesado por hacer camino; incluso, faltando a la palabra, llegar a Santiago de nuevo y ¿ quién sabe ? puede que hasta el extremo occidental de la tierra conocida antaño, Fisterra. Ojalá, Dios lo quiera ".
Pues sí, papá, si tú lo quieres, Dios lo quiere.
Un abrazo muy fuerte, zamorano del buen camino.
Y que los vientos te sean favorables.
José Fco.Bartolomé Barrigós
Castellón de la Plana.
A José Bartolomé Merino
Querido padre:
Permite que inicie esta carta con una conversación que tuve por teléfono con mi madre hace unos 20 años, 1999 en concreto.
Recuerdo que me dijo..." tu padre quiere hacer el Camino de Santiago , es una locura, ¡ tiene casi 74 años !, tú, hijo, ¿ qué opinas ?." Yo, a mi vez, le respondí..." mamá, si a él le gusta pues adelante, es un gran caminante, de salud está hecho un toro y está en muy buena edad, así que por mi parte me parece estupendo".
Y así fue, en 1999, año jacobeo, mi padre desde Villafranca del Bierzo inició toda una historia en su vida que, luego se ha sabido, se ha prolongado en el tiempo.
Y no muchos años después, por fin, y saliendo de la románica y bellísima Zamora se fue en busca de la evocadora y lejana localidad de Roncesvalles, cobijo en su leyenda de caminantes y peregrinos; nada más y nada menos que 754 km. Y desde allí partió a la aventura.
Para entonces este peregrino cumplía los 77 años en pleno camino. Corría el año 2002. ¡ Y lo logró en 21 días ! . Se dice pronto, un viajero con combustible super.
Ahora, dos décadas después me sonrío recordando esa primera conversación con mi querida madre, y lo hago porque, incluso, este supuesto gran caminante ha superado todas las expectativas posibles, no ya sólo por la edad, ahora que anda en los 93, sino sobre todo porque no ha hecho solamente aquel inicial proyecto, que se presumía único.
Al contrario, año tras año, en ocasiones solo y en otras acompañado (esposa, hija e hijo mayor) ha transitado multitud de veces ya fuese desde el originario Roncesvalles, pasando por inicios desde la sierra madrileña o partiendo, mochila al hombro, desde tierras andaluzas, descubriendo paisajes y parajes para él inexplorados ,joyas de monumentos y entrañables lugareños que ofrecían hospitalidad, charla y aliento moral en su peregrinar.
Más emocional y pasional si cabe que ese caminar - muchas veces, en soledad y silencio-, era y es el espíritu que le acompañaba, ese sentimiento interno, tan intenso como profundo, que le proyectaba en su ruta hacía esa catedral compostelana para postrarse devoto ante el santo Apóstol y sentir, más que ver , cómo volaba un colosal botafumeiro a manos de sus 8 tiraboleiros y, cómo no, el inolvidable y seductor perfume a incienso.
Llevas inyectado en vena, querido padre, esos caminos ; su esencia. Tú, que coleccionas tantas y tantas compostelas. En ocasiones bajo un sol de justicia, otras empapado por obstinada lluvia , calor, frío, viento... transitando por bosques, colinas, calzadas y riachuelos, sin olvidar empinadas cuestas que - y esto lo viví a tu lado- te dejaban sin aliento trepando como una cabra montesa hasta que, por fin , alcanzabas la cresta y te tomabas un justo y necesario respiro, al tiempo que jurabas en arameo contra una inocente , pero muy pesada, mochila.
Sí, caminos ásperos, abruptos, pedregosos, en ocasiones encharcados o embarrados... que no puedo olvidar, porque transité por ellos y si no llega a ser por ti y tus muchos trienios compostelanos, mis pocos 115 km habrían resultado una misión imposible, porque aquellos canutillos que llevabas en tu mochila salvaron mis maltrechos pies y sus magullados dedos y, gracias a Dios y sobre todo el peregrino mayor José Bartolomé Merino, me permitieron rendir tributo al santo 5 días después.
Entendí entonces, y sigo entendiendo ahora, que el peregrino que siente el camino como suyo lo entiende no como una aventura pasajera o mero y simple pasatiempo, lo entiende -si se me permite así expresarlo -desde lo más íntimo y profundo del alma.
Y lo supe cuando, después de unas agotadoras jornadas en tu compañía, llegué a Santiago y me puse a llorar como un bendito mientras bailaban el botafumeiro. En esos momentos cuerpo y alma eran uno y fueron el paño de mis lágrimas.
Entendí in situ bajo aquellos muros , querido padre, todos y cada uno de tus posibles sueños y vivencias en tus muchos ( y aún te quedan) caminos.
Porque para ti no es sólo un viaje a través de la naturaleza. Es sobre todo una religión. Una religión que te hace sentir con fuerzas, que te alimenta, que la llevas impregnada en todos y cada uno de los poros de la piel, que te ilusiona, que te hace sentir más fuerte, más joven, más libre...
Me he releído todos tus escritos (amablemente publicados por "El Día de Zamora"; periódicos originales por ti enviados con sobre y sello a Castellón), y en cada uno de ellos descubro algo nuevo; descubro parte de lo que sientes y piensas, la adoración por esos caminos que - y te lo digo aquí y ahora-, das a entender que echarás de menos; cuando más bien pienso que tus pesadas botas seguirán recorriendo parajes y a las que, en sus suelas, sumarás alguna piedrecita más de esas que tachonan muchas vías de tu agotador recorrido.
Mil gracias por ilustrarme en esos escritos, no sólo de la pintoresca orografía y su belleza, sino también por tus atinados comentarios de historia sobre rutas, castillos, catedrales, monumentos y personajes del pasado ilustres o anónimos; hasta incluso algún testimonio oral de nativos fabulando sobre oscuras y secretas leyendas; sin olvidar , por supuesto, la peculiar y muy reconfortante gastronomía de las diversas regiones y tierras de España, en las que en sus albergues, pueblos o aldeas hacías - exhausto- parada y fonda.
Paz, sosiego, espiritualidad y el firme, y tentador deseo, de compartir tu universo de caminante con otros que, al igual que tú, sienten que el CAMINO (con mayúsculas) es una intensa aventura emocional en la vida y que os deja, a la vista está, marcados para siempre.
En cierto modo y manera, prisioneros del destino.
Finalizo esta carta con el recordatorio de un texto tuyo que te transcribo literalmente.
Dice así : " ...y tras varios pueblos, unos maragatos, otros bercianos; algunos ruinosos, casi desiertos, finalizamos ante el evocador castillo templario de Ponferrada, con una visión favorable de nuestra realidad peregrina; lo que en el fondo nos da pie para seguir, de cara al futuro, igual de interesado por hacer camino; incluso, faltando a la palabra, llegar a Santiago de nuevo y ¿ quién sabe ? puede que hasta el extremo occidental de la tierra conocida antaño, Fisterra. Ojalá, Dios lo quiera ".
Pues sí, papá, si tú lo quieres, Dios lo quiere.
Un abrazo muy fuerte, zamorano del buen camino.
Y que los vientos te sean favorables.
José Fco.Bartolomé Barrigós
Castellón de la Plana.




















Juan Pablo | Viernes, 15 de Marzo de 2019 a las 00:24:01 horas
Maria Isabel, pues bien me gustaria conpartir con Usted y me entristece comentar que Javier Bartolomé Barrigós por un lado es muy catolica pero en su vida pratica no lo pratica. Me ha comprado un producto y dejado una mala resenã. Ha acordado conmigo que así que recibise su reembolso lo cambiaria, pero así que recibió el dinero, no más me contestó. También actua así con Diós y fé? Puedes hablar con el y hacerlo veer que eso no es correcto?
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