SIN PELOS EN LA LENGUA
Montelarreina: un pacto de silencio roto
Política y periódico quisieron vender un éxito al que nunca se hicieron acreedores y poniendo en peligro una decisión que corresponde al Ministerio de Defensa y la labor, callada y silente, de instituciones zamoranas
Eugenio-Jesús de Ávila
Cuando hace diez días informé, en primicia, que una unidad del Ejército de España se instalaría en Montelarreina, acontecimiento que transformaría, de hacerse realidad, las ciudades de Zamora y Toro, recibí llamadas telefónicas de personas relacionadas con este esencial asunto. Se me pidió, en lo posible, una vez confirmada la noticia, la máxima discreción, porque existía un problema. ¿Cuál? Diáfano: que algún político o personajes de la vida social y económica zamorana se fuese de la boca, por aquello tan hortera –dependiente de comercio como se denominaba en tiempos remotos-, de colgarse una medalla, tipo dirigente soviético, que enojaría a los máximos responsables de adoptar una decisión.
Cierto que unos dos meses antes de dar la noticia, me llegaron, por varias fuentes, informaciones al respecto a las que, en principio, no concedía demasiada importancia, porque me he convertido, por experiencia, en un escéptico antropológico. Pero, cuando las informaciones resultaban constantes, además comentadas por gente de la elite económica zamorana, me vi obligado a salir a la palestra para dar a conocer esa extraordinaria buena nueva para nuestra tierra.
Como había un pacto de silencio entre los protagonistas de este asunto, se suponía que nadie, ni políticos ni sus partidos, ni la patronal, ni la Cámara de Comercio, filtrarían la información, porque se trata de gente elegante, con clase, seria. Pero hete aquí que ayer, el periódico oficial y la candidata a la Alcaldía del PP y actual presidenta de la Diputación se conceden loas mutuas para anunciar, con datos erróneos, por cierto, lo de Montelarreina.
En principio, llegaron tarde, porque el día 4 de enero lo anunció el periódico digital de El Día de Zamora y su Facebook, y después, Maite Martín Pozo rompe ese pacto entre caballeros y damas para erigirse en la mecenas, bienhechora, patrocinadora y protagonista de que, si el Ejército español se asienta en Montelarreina, los zamoranos conozcan y la reconozcan como autora de tamaño y decisivo logro para nuestra provincia.
La mentira, dice el refrán, tiene las patitas muy cortas. Medio de comunicación y política se lanzan al abordaje, fallan, por enésima vez. Se desinforma, se oculta la verdad de la información, se intenta ningunear a otros protagonistas, no se cumple con la palabra dada. Y, lo que se ignora, lo que causaría enorme daño a ese proyecto: una política se precipita, por intereses electorales, al vacío, con lo que el Ministerio de Defensa y el JEME, un militar serio, honorable, con un prestigio extraordinario, podrían, porque así se advirtió, romper las negociaciones. Si así sucediera –rogamos templanza a los verdaderos protagonistas- los zamoranos conocerían cuáles fueron los culpables de que abortase una operación esencial para el futuro de Zamora y Toro.
Sobre el particular, confirmó que dos militares zamoranos han trabajado por su tierra, en silencio, pero sin descanso, para alcanzar su objetivo; también que el JEME, capitán general Francisco Javier Varela, ha recomendado Montelarreina; por supuesto, la ministra de Defensa, Margarita Robles y el gobierno de Pedro Sánchez; el alcalde de Toro, Tomás del Bien, que ayer ya salió a la palestra para situar a cada cual en su sitio; Caja Rural de Zamora, con su director general, Cipriano García, a la cabeza, y el apoyo de Narciso Prieto, director de Comunicación de la entidad financiera zamorana, y otros zamoranos que creyeron en este proyecto y han hecho lo imposible para que todo saliera como se pensaba para que, por una vez en la vida, los deseos de Zamora se convirtieran en realidad.
Lo que no se debe olvidar es que Maite Martín Pozo y su periódico de referencia han querido erigirse en protagonistas de una obra en la que solo son figurantes, actores de reparto, en la busca de los votos perdidos en las próximas elecciones municipales, en las que el PP podría registrar los peores resultados de su historia. Así lo han querido los populares zamoranos, en una decisión inexplicable, porque atenta contra el futuro político del partido que ha dominado la provincia en las últimas décadas. Pero la degradación popular resulta prodigiosa: de Martínez-Maíllo a Martín Pozo y de Clara a Mayte. Las diferencias resultan ostensibles, descaradas e hiperbólicas.
Y mañana, como se había comunicado con antelación, reunión vital para el futuro de Montelarreina. Esperamos que los representantes de las instituciones públicas y privadas zamoranas acudan con humildad, sin que nadie quiera constituirse en mariscal de campo de nuestro futuro, en gran estratega económico y social. ¡Por favor! Zamora, provincia y ciudad de hombres y mujeres sencillos lo necesita.
Y, por supuesto, la ciudadanía debería evitar que ciertos personajes lleguen a la política y que ciertos medios se erijan en protagonistas de la sociedad zamorana. Zamora necesita una catarsis: limpiarse por dentro de elementos perjudiciales para su futuro económico, social y cultural. El 26 de mayo de 2019 hay que votar a favor de los que, de verdad, trabajan por nuestra patria, por nuestra provincia y ciudad. Y poco más que contar, aunque todo se irá sabiendo.
Eugenio-Jesús de Ávila
Cuando hace diez días informé, en primicia, que una unidad del Ejército de España se instalaría en Montelarreina, acontecimiento que transformaría, de hacerse realidad, las ciudades de Zamora y Toro, recibí llamadas telefónicas de personas relacionadas con este esencial asunto. Se me pidió, en lo posible, una vez confirmada la noticia, la máxima discreción, porque existía un problema. ¿Cuál? Diáfano: que algún político o personajes de la vida social y económica zamorana se fuese de la boca, por aquello tan hortera –dependiente de comercio como se denominaba en tiempos remotos-, de colgarse una medalla, tipo dirigente soviético, que enojaría a los máximos responsables de adoptar una decisión.
Cierto que unos dos meses antes de dar la noticia, me llegaron, por varias fuentes, informaciones al respecto a las que, en principio, no concedía demasiada importancia, porque me he convertido, por experiencia, en un escéptico antropológico. Pero, cuando las informaciones resultaban constantes, además comentadas por gente de la elite económica zamorana, me vi obligado a salir a la palestra para dar a conocer esa extraordinaria buena nueva para nuestra tierra.
Como había un pacto de silencio entre los protagonistas de este asunto, se suponía que nadie, ni políticos ni sus partidos, ni la patronal, ni la Cámara de Comercio, filtrarían la información, porque se trata de gente elegante, con clase, seria. Pero hete aquí que ayer, el periódico oficial y la candidata a la Alcaldía del PP y actual presidenta de la Diputación se conceden loas mutuas para anunciar, con datos erróneos, por cierto, lo de Montelarreina.
En principio, llegaron tarde, porque el día 4 de enero lo anunció el periódico digital de El Día de Zamora y su Facebook, y después, Maite Martín Pozo rompe ese pacto entre caballeros y damas para erigirse en la mecenas, bienhechora, patrocinadora y protagonista de que, si el Ejército español se asienta en Montelarreina, los zamoranos conozcan y la reconozcan como autora de tamaño y decisivo logro para nuestra provincia.
La mentira, dice el refrán, tiene las patitas muy cortas. Medio de comunicación y política se lanzan al abordaje, fallan, por enésima vez. Se desinforma, se oculta la verdad de la información, se intenta ningunear a otros protagonistas, no se cumple con la palabra dada. Y, lo que se ignora, lo que causaría enorme daño a ese proyecto: una política se precipita, por intereses electorales, al vacío, con lo que el Ministerio de Defensa y el JEME, un militar serio, honorable, con un prestigio extraordinario, podrían, porque así se advirtió, romper las negociaciones. Si así sucediera –rogamos templanza a los verdaderos protagonistas- los zamoranos conocerían cuáles fueron los culpables de que abortase una operación esencial para el futuro de Zamora y Toro.
Sobre el particular, confirmó que dos militares zamoranos han trabajado por su tierra, en silencio, pero sin descanso, para alcanzar su objetivo; también que el JEME, capitán general Francisco Javier Varela, ha recomendado Montelarreina; por supuesto, la ministra de Defensa, Margarita Robles y el gobierno de Pedro Sánchez; el alcalde de Toro, Tomás del Bien, que ayer ya salió a la palestra para situar a cada cual en su sitio; Caja Rural de Zamora, con su director general, Cipriano García, a la cabeza, y el apoyo de Narciso Prieto, director de Comunicación de la entidad financiera zamorana, y otros zamoranos que creyeron en este proyecto y han hecho lo imposible para que todo saliera como se pensaba para que, por una vez en la vida, los deseos de Zamora se convirtieran en realidad.
Lo que no se debe olvidar es que Maite Martín Pozo y su periódico de referencia han querido erigirse en protagonistas de una obra en la que solo son figurantes, actores de reparto, en la busca de los votos perdidos en las próximas elecciones municipales, en las que el PP podría registrar los peores resultados de su historia. Así lo han querido los populares zamoranos, en una decisión inexplicable, porque atenta contra el futuro político del partido que ha dominado la provincia en las últimas décadas. Pero la degradación popular resulta prodigiosa: de Martínez-Maíllo a Martín Pozo y de Clara a Mayte. Las diferencias resultan ostensibles, descaradas e hiperbólicas.
Y mañana, como se había comunicado con antelación, reunión vital para el futuro de Montelarreina. Esperamos que los representantes de las instituciones públicas y privadas zamoranas acudan con humildad, sin que nadie quiera constituirse en mariscal de campo de nuestro futuro, en gran estratega económico y social. ¡Por favor! Zamora, provincia y ciudad de hombres y mujeres sencillos lo necesita.
Y, por supuesto, la ciudadanía debería evitar que ciertos personajes lleguen a la política y que ciertos medios se erijan en protagonistas de la sociedad zamorana. Zamora necesita una catarsis: limpiarse por dentro de elementos perjudiciales para su futuro económico, social y cultural. El 26 de mayo de 2019 hay que votar a favor de los que, de verdad, trabajan por nuestra patria, por nuestra provincia y ciudad. Y poco más que contar, aunque todo se irá sabiendo.


















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