Eugenio de Ávila
Viernes, 25 de Enero de 2019
SIN PELOS EN LA LENGUA

PSOE: De Felipe González a Pedro Sánchez, el sucedáneo de ZP

Felipe González fue un líder. El político con más carisma que dio el socialismo contemporáneo español; personalidad que siempre iba por delante de su partido, el viejo PSOE, al que solo le unían la centenaria marca, y de la sociedad

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Felipe González fue un líder. El político con más carisma que dio el socialismo contemporáneo español; personalidad que siempre iba por delante de su partido, el viejo PSOE, al que solo le unían la centenaria marca, y de la sociedad. Cierto que, durante sus sucesivas legislaturas, una marea de corrupciones anegó a su formación política y numerosas instituciones públicas; pero que el fuera presidente de gobierno demostró su prestigio como hombre de Estado.

Después de González, dos sucesores, dos parvulitos, dos antítesis de lo que debe ser un líder: Zapatero, que dejó a la economía temblando y abrió la puerta al separatismo racista catalán para que se apoderada del Estado, y Pedro Sánchez, elegido en el Parlamento, nunca en las urnas, que rubricó la cobardía de Rajoy ante los secesionistas, y se alió con la ultraderecha vasca y catalana, más los hijos de ETA y los neolenistas burgueses de Podemos, engañándose a sí mismo: Moción de Censura para convocar elecciones legislativas.

González, y todo ciudadano con cierta sensibilidad, se ha puesto del lado de los demócratas venezolanos para acabar con la dictadura de Maduro, un tipejo gordo, grasiento, en una nación que pasa hambre; canalla que hace honor a la famélica legión, gobierno que ha conducido a uno de los países más ricos del mundo a la extrema pobreza. Un pariente de mi madre, de ideas socialistas, que ahora vive en Zamora, me ha contado el proceso revolucionario que ha vivido la nación bolivariana desde la llegada al poder de Chávez. No hay por dónde cogerlo. Evita Perón, pero en puro macho. Los pobres siguen siendo pobres, mientras los ricos se esconden y se empobrece toda la nación.

Los comunistas conducen a las naciones a hambrunas, dictaduras, purgas, persecuciones. Ahí está la historia de la URSS desde el golpe de Estado de los bolcheviques de octubre de 1917, que destruye la Duma, parlamento ruso, después de perder las elecciones. No vamos a hablar de Stalin y de su bestial dictadura, donde se fusilaron miles de menores –con más de 12 años, pena capital- por ser hijos de trotskistas y represaliados en las purgas sucesivas, más millones de obreros y deportaciones de pueblos como el cosaco. Hay que leer un poco para conocer lo que debió ser aquella dictadura criminal. No acudo ni a la China de Mao, el mandarín rojo, uno de los dictadores más rijosos que ha conocido la historia.

Cuando se habla de religiones, tanto la que promete el paraíso después de la muerte, como la que lo encuentra en la tierra, tras eliminar a millones de personas, siempre surgen los parroquianos, los crédulos, los que tiene fe. Yo, como ateo, carezco de creencias en los dictadores, que implanten fascismos de izquierdas o de derechas. Solo quiero regímenes en los que el hombre sea libre, exista la igualdad jurídica y laboral, entre clases y sexos, y nadie sea más que nadie, que pague el que más tiene y que el que nace pobre alcance la felicidad por su mérito y esfuerzo. Y el rico, si es tonto de baba, acabe siendo un menesteroso.

Pedro Sánchez pasa de condenar al régimen venezolano, porque gobierna por encargo de los separatistas catalanes y Pablo Iglesias, otro líder religioso, producto de Soraya y Mariano para reducir al PSOE a su mínimo expresión y quitarles votos por la izquierda, se está quedando sin fieles. Si España fuera una dictadura comunista, desde su novia Tania, hasta Bescansa, Errejón y ahora Espinar, y la abuelita Marchena, vieja comunista, ya habría sido purgados. Lea el personal crédulo “Utopía y dictadura: Moscú, las purgas de 1937. Lo entenderá todo.

Voy concluyendo: observe el lector que Pedro Sánchez llegó a la Presidencia del Gobierno, tras una Moción de Censura, que aplaudí, presentada contra Mariano Rajoy. No pasó por las urnas, no fue elegido por el pueblo. Guaidó, el político que desafió al régimen de Maduro, es presidente de la Asamblea Nacional, formada por los representantes del pueblo. A este joven, hijo de españoles, tampoco lo eligieron en las urnas.

Por cierto, Guaidó no exige más que cese la usurpación del Estado, administrado por chavistas y militares, un gobierno de transición y elecciones libres. Juan Guaidó no es un fascista: Pide elecciones inmediatas. Punto. El verdadero fascista ocupa el poder, mientras Venezuela se desangra –cuatro millones de personas han huido a Colombia- sicarios chavistas matan en las calles, mientras muere de hambre. Como suele escribir, hay gente de izquierdas que ignoran que es muy de derechas.

Pedro Sánchez también prometió que, cuando llegara al gobierno, convocaría elecciones legislativas. Estamos esperando la buena nueva.

De Felipe González a Pedro Sánchez, sucedáneo de Zapatero. Del talento a la mediocridad, de la clase a la vulgaridad, de la socialdemocracia a no se sabe qué.

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