Eugenio de Ávila
Domingo, 27 de Enero de 2019
SIN PELOS EN LA LENGUA

Separar el trigo de la cizaña política y periodística

Eugenio-Jesús de Ávila

[Img #25259]Miro hacia mi derecha y hacia mi izquierda y solo veo demagogia, felonía, mentira, distancia, engaño, hipocresía. No encuentro idealismo, generosidad, altruismo. Amo la política, pero todo político despierta mi desconfianza. Solo creo en los hechos. No me engañan las palabras. Pero la gente digiere mejor la mentira que la verdad. Los políticos estabularon al pueblo a través de los medios de comunicación, encargados de transformar el bien en mal, lo negro en blanco, la falacia en certeza. Se premia al golfo y se castiga al honrado. Se persigue al que demuestra seriedad, firmeza, dignidad. Sociedad enferma de fariseísmo, mojigatería y falsedad, de la que emana una clase política que aspira a manejar  al ciudadano desde la doblez, la pamplina, la chorrada y la futilidad.

Existía el periodismo para defender la verdad y criticar al poder, que se enquista en el mal, que aspira al dominio absoluto sobre la economía, la política y el alma colectiva de la ciudadanía. Pero, nunca como ahora, conocí tal dependencia de los empresarios de los medios de comunicación de las instituciones públicas, aunque en estas doble región, constituida en una comunidad autónoma ahistórica, anacrónica, parcial, por lo tanto injusta, mandan más los editores de periódicos, dueños de televisiones, que Herrera y el que haya de venir, sea Tudanca o Fernández Mañueco. Solo contemplar las ayudas económicas de la Junta de Castilla y León a los medios de comunicación afines evidencia cuanto escribo.

Ahora, reitero, en las provincias más pequeñas, como sucede en Zamora, la prensa depende, en un tanto por ciento elevadísimo, del dinero que procede de las instituciones públicas: diputaciones, ayuntamientos y ejecutivo autonómico. Se reparten caudales en virtud de las líneas editoriales. Si no gusta al que manda, se te castiga. Así le sucedió a El Día de Zamora, aunque he de reconocer que fui advertido. Pero no sé escribir al dictado. Durante mucho tiempo sufrí la censura, tanto aquí como en la televisión pública. Ahora bien, jamás asistí a una dependencia tal de los medios de comunicación de los poderes públicos. De tal manera, la prensa se ha convertido en cómplice del poder, en instrumento necesario para convencer al pueblo de que la mentira es la verdad, que el mal es el bien.

Se desinforma, se manipula, se hipnotiza al ciudadano. No hay en nuestra ciudad y provincia nadie que todos los días critique a unos y a otros, a los políticos de derechas y a los de izquierdas. Solo un servidor cumple con su deber. Nadie me obliga. Mi conciencia me lo demanda. Resulta muy sencillo recibir la ayuda pública en publicidad como el resto de medios, desde los digitales, al escrito, emisoras y televisión. ¿Cómo? Silenciar la corrupción, las felonías, el nepotismo, y loar a los políticos que administren las instituciones públicas.  Cumplo con mi deber. Hay personas que me felicitan por mi valentía, más porque falta costumbre de leer artículos que denuncian las maniobras del poder, que por mis méritos periodísticos. Hay excepciones a la regla.

Si Zamora padece una extraordinaria decadencia económica y demográfica, se lo debe, sin duda, a la complicidad de los medios de comunicación locales –casi todos con capital extraño a la capital y su provincia- con el poder político. Si hubiera habido una prensa crítica, aquí no habría existido ni el nepotismo, ni los casos de corrupción que fueron noticias en el ámbito nacional. Por supuesto, si los empresarios zamoranos hubieran amado más a su tierra y menos al dinero, El Correo de Zamora seguiría siendo patrimonio de nuestra historia, obras de zamoranos, defensa de la ciudad y la provincia.

Miro a la derecha y a la izquierda, y también a la prensa local  y, como escribí al inicio de este artículo, solo veo hipocresía y mentira, y a unos ciudadanos acomplejados, anestesiados, pusilánimes, incapaces de discernir entre la verdad  y la mentira, el bien y el mal. Zamora se nos va por el sumidero de la historia. Solo nos queda cambiar el futuro en las urnas. La cita es el día 26 de mayo de este año 2019. Todavía es posible separar el trigo de la cizaña.

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