Miércoles, 28 de Enero de 2026

Redacción
Viernes, 01 de Febrero de 2019
HISTORIA

Confesiones del viejo consistorio a García Rubio, sobre la verdadera historia de Zamora (XXVI)

El 12 de mayo de 1873 se efectuó la solemne inauguración de la primera red de abastecimiento de la ciudad, que contaba con 6.000 metros de tuberías

[Img #25347]Muy buenas, añejo Consistorio. Hoy traigo tema nuevo: se trata de las vicisitudes que pasó la ciudad durante siglos para suministrase el agua, teniendo al Duero tan abajo y sin los actuales sistemas. Seguro que tú lo viviste a tope desde este lugar tan privilegiado
-Asiduo visitante, actualmente os parece normal lo que tenéis, por eso ni pensáis en ello. Pero, retrocedamos en el tiempo, aunque nada más sea a los años sesenta del siglo XIX, para ser más concreto, verano de 1867. Entonces publicaron lo siguiente: “Todos sabemos que, durante la estación veraniega, las enfermedades epidérmicas pueden desarrollarse con facilidad. Pocos ignoran que el granizo, siendo en cantidad, descompone en parte el agua de los ríos. Para nadie es novedad el hecho de que en verano la sed se excita en alto grado durante la digestión, siendo peligroso aplacarla. Pues bien, empleando en el agua licores anisados, principalmente, cumín y aceite de anís, se destruyen los malos efectos. Llamamos la atención a quién corresponda sobre el manantial que se ha descubierto en la entrada del bosque de Valorio, muy cerca del arroyo. Al parecer, el agua ofrece todos los caracteres de sulfurosa, por lo cual no estaría de más se practicasen análisis, pues pudiera aplicar con buen resultado a la curación de dolencias frecuentes”. Conocida la noticia, a partir de entonces, y durante todo un siglo, bajaron los zamoranos a por agua de Valorio. Pero volvamos a la normalidad… al agua del Duero en aquel siglo XIX, y leamos una denuncia que tantas veces oí desde este asentamiento. Decía así: “Los vecinos de Zamora bebemos agua sucia por no haber señalado lugar a los aguadores donde llenar sus cántaros, toda vez que siguen recogiéndola donde las criadas y lavanderas lavan la ropa. ¡Prohíba, Ser. Alcalde, el contacto de esos adanes y evas en los lugares donde ejercen sus funciones. Y, si tanto no alcanzase su autoridad, mande colocar tablones que arranquen desde la orilla, para así tomar el agua a la distancia conveniente de las márgenes!
-Querido Consistorio: ¡Pues sí que era un verdadero problema de salud este del agua, a pesar de lo cual los llamados historiadores suelen pasar de ello, no dándole la importancia que verdaderamente merece, fijándose en algunas, hoy llamadas chorradas, que adornan más el relato!
-Asiduo visitante: el problema del agua no solamente estaba en el beber, también buscaban otras formas para cuidar la salud. Escucha la queja que, por aquellos mismos días, llegó a esta Consistorial Casa. Decía así: “Una vez que se han aprobado 5.000 reales en el presupuesto municipal para regar paseos, no dudamos en asegurar, como se administren con equidad y prudencia, puede llegar perfectamente a las calles principales. En tal caso, es indispensable habilitar, al menos, un par de carros con depósito y manga riega, para que vayan mojando delante de los barrenderos, a fin de que estos, en vez de agitar la inmundicia, consigan juntarla y recogerla, pues, de lo contrario, es peor que si no hubiesen barrido. ¡Y que lo hagan lo más temprano posible!
-Añejo Consistorio: ¡Claro que estos recuerdos merecía la pena dedica un apartado al líquido más preciado de la naturaleza, por un lado el Duero. Pero, ¿y los demás?
-Escucha bien, asiduo visitante: “Aquí, en este viejo edificio, en el muro que da a la calle de los Herreros, tuvieron los vecinos un manantial de finas aguas, el cual fue cegado al reparar mis desaparecidas torres. Otros nombres de manantiales, conocidos por generaciones de zamoranos, fueron la fuente del Dornajo (muy próxima a las aceñas de Pinilla, en el viejo camino a Villaralbo; la fuente de Rabiche, en el barrio de San Frontis. Otro en un alto de Valoiro, cerca del puente Croise; otros en la Alberca, en Las Llamas…y era muy normal que en el patio, jardín o zagüán hiciesen  perforaciones para obtener agua más a mano, incluso en la Catedral, en medio del claustro, podemos contemplar un pozo, muy visitado en tiempos, pues decían que sus aguas tenían propiedades recomendables para enfermedades del estómago. Pero, a pesar de las innumerables fuentes, se hacía cada vez más urgente afrontar por este Ayuntamiento el gran problema del agua, ocurriendo que en el año 1836, lo decidieron aquí, descartando en principio el Duero: un motivo por el desnivel existente entre el río y la ciudad, muy costoso de solucionar. El otro motivo vendría si se hacía el primero, pues en tiempo lluvioso el agua baja excesivamente turbia, para lo cual en cada casa habría que tener tinajas y reposarla algunos días. Con estas dificultades, el Ayuntamiento dio prioridad a la fuente de La Alberca, tan abundante en finas aguas. Pero, finalmente, llegaron al convencimiento que el Duero sería el nunca crearía problemas de cantidad. Así que el 12 de mayo de 1873 efectuaron solemne inauguración de la primera red de abastecimiento, contando con 6.000 metros de tuberías y máquinas de vapor, capaces de elevar, diariamente, mil metros cúbicos, instalándolo en el Paseo de los Tres Árboles, y los depósitos junto a la plaza de Alemania. Fue un emotivo momento cuando aquí enfrente, en plena Plaza Mayor, abrieron una llave de paso, saliendo en vertical un gran chorro que llegó a la altura de los últimos pisos de los soportales.
-Y hasta aquí, querido amigo, este sencillo relato de cómo resolvieron en nuestra ciudad en el importante problema del agua potable.

 

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