PERSPECTIVAS
El atractivo de las buenas personas
Eugenio-Jesús de Ávila
Nunca me jacté de ser una buena persona, ni tan si quiera en mi infancia, cuando le escribía la carta a mi rey preferido, Baltasar, porque era diferente y hablaba dulce por Radio Zamora. Suelo decir o escribir que no soy malo del todo. Pero si percibo como un honor que, desde niño, en mi adolescencia, en la madurez, siempre me relacioné con buenas personas, que, en general, resultaron perdedores en todas sus batallas: económicas, sentimentales, laborales. No he tenido nunca un amigo que fuera rico, malo, canalla, felón. De ello sí que me vanaglorio.
Quizá sea un fenómeno esotérico. Voy a contar algo muy íntimo, que me sucedió ha tiempo, cuando trabajando en el verdadero El Correo de Zamora, acudí con un compañero, a ver a una brujita, gallega, buena, que entonces vivía en nuestra ciudad y de la que no he vuelto a tener noticia. Lo cuento. Ahí va: En un instante de la entrevista, miro hacia la parte superior del sillón orejero en el que estaba sentado, y, con fuerte voz, me preguntó: “¡Pero qué haces tú aquí!” Lo repitió tres o cuatro veces. Hasta que yo le inquirí: “¿Te diriges a mí?”. Y ella afirmó: “Por supuesto, a ti, porque tú ya no tenías que estar en esta dimensión; vienes de otra superior a cumplir una misión: rodearte de buenas personas para hacer el bien y que no se desvíen del buen camino”. Más o menos, no textualmente, es lo que me vino a comentar. No quiero darle importancia, pero valga como anécdota.
Pero lo cierto es que siempre, como escribí al inicio de este artículo, me relacioné, sin saber por qué, con buenas personas. Por supuesto, también se me acercaron malandrines y badulaques, personajes con los que acabé mal, tanto que todavía, en este 2019, siguen fastidiándome la vida, ya desde el mundo de la res pública, vulgo política, como desde la prensa. Creo que trabajo, y perdón por la jactancia, en el frente del bien: estuve con Antolín Martín, hasta que el mal nos echó, de malas maneras, de la Diputación, a sabiendas de que sus ideas y las mías no coincidían; en una guerra intestina, desagradable, mezquina, en una empresa, apoyé a los buenos y combatí a los traidores; en TVE me sucedió algo parecido; en La Prensa de Zamora, aquel periódico efímero -14 meses en la calle-, La Prensa de Zamora, desde su génesis el director, un tipo mediocre al servicio de un sector del PP, me odió por envidia; y así hasta aquí, siempre en el lado de los que quieren el progreso de Zamora, políticos, los empresarios de Zamora 10, su gerente y personas más afines; Viriatos Zamora, esa plataforma para la que tanto trabaja esa mujer excepcional que es Ana Morillo.
No olvide el lector que, durante una década, fui víctima de un tipo del PP, que aún hace y deshace en Zamora, personaje que me impidió trabajar en mi profesión durante diez años. Y creo que mi capacidad intelectual y cultural habría merecido ocupar mejor lugar que el paro. Pues bien, eso es el mal. Objetivo. Empírico. Y sigo aquí criticando a los que viven para cargarse Zamora, para detener su progreso, para deshabitarla hasta convertirla en un desierto demográfico, en un gigantesco camposanto de 10.500 kms2. Son esa canalla que intenta que Monte La Reina siga siendo un campamento militar sin uso, que Vicente Merino se viese obligado a irse de Barcial del Barco, con su magnífico proyecto, a otra parte; esa prensa, vendida o comprada, que nunca se sabe, al poder político y empresarial reaccionario.
Y, por hoy, ya es bastante. Corolario: no soy malo del todo, pero, curioso, siempre he atraído a las buenas personas y a las hermosas mujeres. Valga la ironía.
Postdata. Un servidor está a favor de la democracia en Venezuela ahora, en Chile, cuando Pinochet; en la URSS comunista, en la China del capitalismo marxista, todo un oxímoron. Pero que gente como Dionisio García Carnero, eterno senador por Zamora, hombre que ha vivido de la política desde su tierna juventud, sin APENAS ejercer su profesión el Magisterio -¡Qué suerte tuvieron los niños!-, haya liderado esta tarde noche una concentración a favor de Guaidó, me apena, me resulta sospechoso, me afecta y me provoca náuseas. Yo nunca iré con ese personaje ni al paraíso de los musulmanes. Así está Zamora, así está Castilla y León y así se quiebra España.
Nunca me jacté de ser una buena persona, ni tan si quiera en mi infancia, cuando le escribía la carta a mi rey preferido, Baltasar, porque era diferente y hablaba dulce por Radio Zamora. Suelo decir o escribir que no soy malo del todo. Pero si percibo como un honor que, desde niño, en mi adolescencia, en la madurez, siempre me relacioné con buenas personas, que, en general, resultaron perdedores en todas sus batallas: económicas, sentimentales, laborales. No he tenido nunca un amigo que fuera rico, malo, canalla, felón. De ello sí que me vanaglorio.
Quizá sea un fenómeno esotérico. Voy a contar algo muy íntimo, que me sucedió ha tiempo, cuando trabajando en el verdadero El Correo de Zamora, acudí con un compañero, a ver a una brujita, gallega, buena, que entonces vivía en nuestra ciudad y de la que no he vuelto a tener noticia. Lo cuento. Ahí va: En un instante de la entrevista, miro hacia la parte superior del sillón orejero en el que estaba sentado, y, con fuerte voz, me preguntó: “¡Pero qué haces tú aquí!” Lo repitió tres o cuatro veces. Hasta que yo le inquirí: “¿Te diriges a mí?”. Y ella afirmó: “Por supuesto, a ti, porque tú ya no tenías que estar en esta dimensión; vienes de otra superior a cumplir una misión: rodearte de buenas personas para hacer el bien y que no se desvíen del buen camino”. Más o menos, no textualmente, es lo que me vino a comentar. No quiero darle importancia, pero valga como anécdota.
Pero lo cierto es que siempre, como escribí al inicio de este artículo, me relacioné, sin saber por qué, con buenas personas. Por supuesto, también se me acercaron malandrines y badulaques, personajes con los que acabé mal, tanto que todavía, en este 2019, siguen fastidiándome la vida, ya desde el mundo de la res pública, vulgo política, como desde la prensa. Creo que trabajo, y perdón por la jactancia, en el frente del bien: estuve con Antolín Martín, hasta que el mal nos echó, de malas maneras, de la Diputación, a sabiendas de que sus ideas y las mías no coincidían; en una guerra intestina, desagradable, mezquina, en una empresa, apoyé a los buenos y combatí a los traidores; en TVE me sucedió algo parecido; en La Prensa de Zamora, aquel periódico efímero -14 meses en la calle-, La Prensa de Zamora, desde su génesis el director, un tipo mediocre al servicio de un sector del PP, me odió por envidia; y así hasta aquí, siempre en el lado de los que quieren el progreso de Zamora, políticos, los empresarios de Zamora 10, su gerente y personas más afines; Viriatos Zamora, esa plataforma para la que tanto trabaja esa mujer excepcional que es Ana Morillo.
No olvide el lector que, durante una década, fui víctima de un tipo del PP, que aún hace y deshace en Zamora, personaje que me impidió trabajar en mi profesión durante diez años. Y creo que mi capacidad intelectual y cultural habría merecido ocupar mejor lugar que el paro. Pues bien, eso es el mal. Objetivo. Empírico. Y sigo aquí criticando a los que viven para cargarse Zamora, para detener su progreso, para deshabitarla hasta convertirla en un desierto demográfico, en un gigantesco camposanto de 10.500 kms2. Son esa canalla que intenta que Monte La Reina siga siendo un campamento militar sin uso, que Vicente Merino se viese obligado a irse de Barcial del Barco, con su magnífico proyecto, a otra parte; esa prensa, vendida o comprada, que nunca se sabe, al poder político y empresarial reaccionario.
Y, por hoy, ya es bastante. Corolario: no soy malo del todo, pero, curioso, siempre he atraído a las buenas personas y a las hermosas mujeres. Valga la ironía.
Postdata. Un servidor está a favor de la democracia en Venezuela ahora, en Chile, cuando Pinochet; en la URSS comunista, en la China del capitalismo marxista, todo un oxímoron. Pero que gente como Dionisio García Carnero, eterno senador por Zamora, hombre que ha vivido de la política desde su tierna juventud, sin APENAS ejercer su profesión el Magisterio -¡Qué suerte tuvieron los niños!-, haya liderado esta tarde noche una concentración a favor de Guaidó, me apena, me resulta sospechoso, me afecta y me provoca náuseas. Yo nunca iré con ese personaje ni al paraíso de los musulmanes. Así está Zamora, así está Castilla y León y así se quiebra España.

















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