Zamora: siete de la mañana
La hora de los trabajadores
Texto y fotografías. Manuel Herrero Alonso
Constantemente nos llegan datos de la situación de la ciudad, no son más que unas referencias, que indican un estado. Preocupante, porque no estamos para tirar cohetes precisamente, se mire como se mire. Son números fríos, casi por ser reiterativos no nos afectan demasiado; por desgracia, han terminado acostumbrándonos, a alguno, no. Se ven, simplemente, como un informe que dice…lo esperado. Hay quien realiza una interpretación, pero, queda solo en eso.
Pero hay algo que sí que podemos comprobar por nosotros mismos y sin que nadie venga a decírnoslo, lo vemos en la calle. Repletas a veces porque hay fiestas, días especiales que llaman a la gente a salir y ofrecen una ciudad abarrotada en el centro. Son masas diríamos, y en determinados momentos, dan una imagen urbana distinta de lo habitual. Puede y hasta sin saber por qué, en determinadas horas los fines de semana la situación se repite. Pero es algo efímero, mismamente al día siguiente la situación retoma a quedarse con cuatro gatos por Santa Clara.
Entonces, con qué momento quedarnos que refleje la realidad. No parece fácil, de nada sirve hallar la media resultante de unos días con otros. Que en determinados momentos las calles se llenen de gente y ello tenga la consiguiente repercusión económica en comercio y hostelería, principales sectores de la ciudad, y que en otros momentos las mismas vías parezcan un desierto, tendrá sus motivos. Cuando no están será porque otras ocupaciones u actividades ociosas reclaman su presencia. Queda sobreentendido que el tiempo tiene su influencia, el frio y sobre todo la lluvia hacen que disminuya la gente por las calles.
Hay un momento, crucial las siete de la mañana. Quien se desplace a esas horas lo hará por una causa bien justificada, llueva o truene, son cuestiones laborales, hay que ir a trabajar. Cuando a esas horas intempestivas, la calle principal está completamente vacía, dice mucho. Tan solo algún repartidor atendiendo al abastecimiento se mueve en esos momentos, coincidiendo con los servicios de limpieza nadie más. Cierto que Santa Clara es una calle peatonal y no es la vía precisamente a ocupar para quien va de casa a su puesto laboral. Al lado, en La Farola, uno de los puntos con más tráfico durante todo el día, ocurre lo mismo. Solo quien va a trabajar, podría deambular a esas horas por la calle. No hay trabajo, no hay movimiento, con los balsillos vacíos, queda como alternativa, andar de paseo a media tarde, poco más.
Texto y fotografías. Manuel Herrero Alonso
Constantemente nos llegan datos de la situación de la ciudad, no son más que unas referencias, que indican un estado. Preocupante, porque no estamos para tirar cohetes precisamente, se mire como se mire. Son números fríos, casi por ser reiterativos no nos afectan demasiado; por desgracia, han terminado acostumbrándonos, a alguno, no. Se ven, simplemente, como un informe que dice…lo esperado. Hay quien realiza una interpretación, pero, queda solo en eso.
Pero hay algo que sí que podemos comprobar por nosotros mismos y sin que nadie venga a decírnoslo, lo vemos en la calle. Repletas a veces porque hay fiestas, días especiales que llaman a la gente a salir y ofrecen una ciudad abarrotada en el centro. Son masas diríamos, y en determinados momentos, dan una imagen urbana distinta de lo habitual. Puede y hasta sin saber por qué, en determinadas horas los fines de semana la situación se repite. Pero es algo efímero, mismamente al día siguiente la situación retoma a quedarse con cuatro gatos por Santa Clara.
Entonces, con qué momento quedarnos que refleje la realidad. No parece fácil, de nada sirve hallar la media resultante de unos días con otros. Que en determinados momentos las calles se llenen de gente y ello tenga la consiguiente repercusión económica en comercio y hostelería, principales sectores de la ciudad, y que en otros momentos las mismas vías parezcan un desierto, tendrá sus motivos. Cuando no están será porque otras ocupaciones u actividades ociosas reclaman su presencia. Queda sobreentendido que el tiempo tiene su influencia, el frio y sobre todo la lluvia hacen que disminuya la gente por las calles.
Hay un momento, crucial las siete de la mañana. Quien se desplace a esas horas lo hará por una causa bien justificada, llueva o truene, son cuestiones laborales, hay que ir a trabajar. Cuando a esas horas intempestivas, la calle principal está completamente vacía, dice mucho. Tan solo algún repartidor atendiendo al abastecimiento se mueve en esos momentos, coincidiendo con los servicios de limpieza nadie más. Cierto que Santa Clara es una calle peatonal y no es la vía precisamente a ocupar para quien va de casa a su puesto laboral. Al lado, en La Farola, uno de los puntos con más tráfico durante todo el día, ocurre lo mismo. Solo quien va a trabajar, podría deambular a esas horas por la calle. No hay trabajo, no hay movimiento, con los balsillos vacíos, queda como alternativa, andar de paseo a media tarde, poco más.




















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.112