PERSPECTIVAS
26 de mayo de 2019: ¿Me quedo o me exilio?
Eugenio-Jesús de Ávila
Me gusta escribir de Zamora, sobre mi ciudad y para mi tierra: unas veces alabo la gestión del político no profesional, el que se dedica a administrar nuestros impuestos desde cualquier institución pública; en otras ocasiones, brinde ideas para que mi ciudad progrese y los zamoranos, mis paisanos, se sientan mejor en Zamora, también he criticado –confieso que casi llego al orgasmo intelectual- a los jetas que se dedican a la política, fauna muy abundante en nuestra patria, la deshilachada España, y, por supuesto, en nuestra tierra, porque si esta urbe y su provincia padecen una profunda decadencia económica y demográfica se debe a decisiones políticas y al silencio, a la cobardía, la ociosidad de los políticos zamoranos que, por conservar su cargo o puesto –el que se mueve no sale en la fotografía-, traicionaron a su gente, a su tierra y hasta la madre que los parió. Créame: hay personas que accedieron a la política después de asumir que serían capaces de vender a toda su familia por ocupar un escaño en el Senado, Congreso de los Diputados, parlamentos autonómicos, diputaciones y ayuntamientos.
Conocidos y amigos me comentan que soy muy crítico con ciertos políticos, que nadie en la prensa local se atreve, todos los días, a reprobar, vituperar y censurar a todos los partidos y formaciones, sin importarme el color, si es que lo posee, porque me temo que unos y otros solo muestran una blanca palidez. Cierto que hay personajes que me ponen a parir, que se confunden al señalarme como periodista de derechas, sin saber que me pasé una década sin trabajar porque un elemento, un indeseable, un malandrín, que todavía tiene mando en plaza popular, evitó que desempeñara mi labor profesional. Otros me tildarán de rojo, porque criticaba a Mariano Rajoy, Soraya Sáenz de Santa María, y, bajando a lo local o provincial, a Martínez-Maíllo, que, en lo personal, nunca se portó mal conmigo, y a Mayte Martín Pozo, que se atrevió a decirme, con testigo de cargo, que recibiría o no publicidad institucional si me línea editorial le gustaba o la enojaba.
Demasiado bondadoso he sido con esta gente que engaña al pueblo, a la gente, al ciudadano, pretextos para vivir como nunca soñaron de la res pública. Al político profesional solo le preocupa una cosa: el mismo. Y, como derivada, mantenerse en el puesto hasta que la muerte, si fuera preciso, se lo lleve a otra dimensión.
No todos los políticos son badulaques, viles, ruines, inmorales, corruptos. También conocí a personas, hombres y mujeres, leales, laboriosos, justos, honrados. Sucede que las manzanas podridas contaminan a todo el bodegón. Nunca el buen político convierte en íntegro al canalla. Resulta más sencillo corromper al decente. Hay tentaciones que solo el Nazareno pudo evitarlas.
No cambio de tercio. Prosigo con la lidia. Señalo ese 26 de mayo de2019 con un círculo rojo. Habrá, porque lo deseo y mi alma femenina lo intuye, un antes y un después en la historia de nuestra ciudad y provincia. Y así lo afirmó porque algunos hombres buenos y con ideas para cambiar Zamora se han decidido a dar un paso al frente, a poner la cara, aunque se la partan. Además, el PP se encontrará rodeado por todas las partes, a derecha e izquierda, por el centro y por abajo, de formaciones políticas que se quedarán con muchos de los votantes tradicionales de este grupo de poder político y económico, que, por cierto, administró la institución clave de la provincia desde 1983 hasta este 2019, más de 35 años en lo que Zamora perdió miles de habitantes, el campo se despobló, el sector primario, de milagro, no regresó al arado romano, se cerraron miles de explotaciones ganaderas y se vivieron momentos vergonzosos que nos dieron a conocer en toda España por algo más que el románico, el Cerco de Zamora y la Semana Santa. En la Diputación, también en otras instituciones públicas, se plantó un árbol genealógico del nepotismo. Dos de los míos por uno de los tuyos. No pasó nada. El pueblo es pusilánime, y, además, no se entera, para eso pagamos a los medios de comunicación. Hace unos días, nuevo escándalo público con la convocatoria de unas oposiciones en la Diputación. Había que consolidar puestos de trabajo. Se repite la historia, no sé si dos veces o muchas más, al menos en Zamora: la primera como tragedia, la segunda y sucesivas, como farsas. Silencio: se rueda.
Por lo tanto, hay que echar en las urnas a personajes indeseables que llegaron a la res pública para vivir por encima de sus capacidades profesionales, aumentar su patrimonio y ascender de clase social. Si las masas lo consienten, si siguen balando como ovejitas luceras, Zamora dejará de ser una provincia del noroeste de España para convertirse en un cementerio del occidente español. Y yo tomaré unos cuantos libros, buena música y mi perro y me exiliaré. Tras os Montes me parece una bella comarca de la hermana Portugal.
Me gusta escribir de Zamora, sobre mi ciudad y para mi tierra: unas veces alabo la gestión del político no profesional, el que se dedica a administrar nuestros impuestos desde cualquier institución pública; en otras ocasiones, brinde ideas para que mi ciudad progrese y los zamoranos, mis paisanos, se sientan mejor en Zamora, también he criticado –confieso que casi llego al orgasmo intelectual- a los jetas que se dedican a la política, fauna muy abundante en nuestra patria, la deshilachada España, y, por supuesto, en nuestra tierra, porque si esta urbe y su provincia padecen una profunda decadencia económica y demográfica se debe a decisiones políticas y al silencio, a la cobardía, la ociosidad de los políticos zamoranos que, por conservar su cargo o puesto –el que se mueve no sale en la fotografía-, traicionaron a su gente, a su tierra y hasta la madre que los parió. Créame: hay personas que accedieron a la política después de asumir que serían capaces de vender a toda su familia por ocupar un escaño en el Senado, Congreso de los Diputados, parlamentos autonómicos, diputaciones y ayuntamientos.
Conocidos y amigos me comentan que soy muy crítico con ciertos políticos, que nadie en la prensa local se atreve, todos los días, a reprobar, vituperar y censurar a todos los partidos y formaciones, sin importarme el color, si es que lo posee, porque me temo que unos y otros solo muestran una blanca palidez. Cierto que hay personajes que me ponen a parir, que se confunden al señalarme como periodista de derechas, sin saber que me pasé una década sin trabajar porque un elemento, un indeseable, un malandrín, que todavía tiene mando en plaza popular, evitó que desempeñara mi labor profesional. Otros me tildarán de rojo, porque criticaba a Mariano Rajoy, Soraya Sáenz de Santa María, y, bajando a lo local o provincial, a Martínez-Maíllo, que, en lo personal, nunca se portó mal conmigo, y a Mayte Martín Pozo, que se atrevió a decirme, con testigo de cargo, que recibiría o no publicidad institucional si me línea editorial le gustaba o la enojaba.
Demasiado bondadoso he sido con esta gente que engaña al pueblo, a la gente, al ciudadano, pretextos para vivir como nunca soñaron de la res pública. Al político profesional solo le preocupa una cosa: el mismo. Y, como derivada, mantenerse en el puesto hasta que la muerte, si fuera preciso, se lo lleve a otra dimensión.
No todos los políticos son badulaques, viles, ruines, inmorales, corruptos. También conocí a personas, hombres y mujeres, leales, laboriosos, justos, honrados. Sucede que las manzanas podridas contaminan a todo el bodegón. Nunca el buen político convierte en íntegro al canalla. Resulta más sencillo corromper al decente. Hay tentaciones que solo el Nazareno pudo evitarlas.
No cambio de tercio. Prosigo con la lidia. Señalo ese 26 de mayo de2019 con un círculo rojo. Habrá, porque lo deseo y mi alma femenina lo intuye, un antes y un después en la historia de nuestra ciudad y provincia. Y así lo afirmó porque algunos hombres buenos y con ideas para cambiar Zamora se han decidido a dar un paso al frente, a poner la cara, aunque se la partan. Además, el PP se encontrará rodeado por todas las partes, a derecha e izquierda, por el centro y por abajo, de formaciones políticas que se quedarán con muchos de los votantes tradicionales de este grupo de poder político y económico, que, por cierto, administró la institución clave de la provincia desde 1983 hasta este 2019, más de 35 años en lo que Zamora perdió miles de habitantes, el campo se despobló, el sector primario, de milagro, no regresó al arado romano, se cerraron miles de explotaciones ganaderas y se vivieron momentos vergonzosos que nos dieron a conocer en toda España por algo más que el románico, el Cerco de Zamora y la Semana Santa. En la Diputación, también en otras instituciones públicas, se plantó un árbol genealógico del nepotismo. Dos de los míos por uno de los tuyos. No pasó nada. El pueblo es pusilánime, y, además, no se entera, para eso pagamos a los medios de comunicación. Hace unos días, nuevo escándalo público con la convocatoria de unas oposiciones en la Diputación. Había que consolidar puestos de trabajo. Se repite la historia, no sé si dos veces o muchas más, al menos en Zamora: la primera como tragedia, la segunda y sucesivas, como farsas. Silencio: se rueda.
Por lo tanto, hay que echar en las urnas a personajes indeseables que llegaron a la res pública para vivir por encima de sus capacidades profesionales, aumentar su patrimonio y ascender de clase social. Si las masas lo consienten, si siguen balando como ovejitas luceras, Zamora dejará de ser una provincia del noroeste de España para convertirse en un cementerio del occidente español. Y yo tomaré unos cuantos libros, buena música y mi perro y me exiliaré. Tras os Montes me parece una bella comarca de la hermana Portugal.

















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