PERSPECTIVAS
Una de las dos Españas ha de helarte el corazón
Eugenio-Jesús de Ávila
Una noche de estas, en la soledad de mi casa, mientras debatía con mi otro yo, llegué a una amarga conclusión: si hubiera vivido en Madrid el 19 de julio de 1936, socialistas, entonces marxistas y revolucionarios, hoy burgueses, sin dirigentes obreros; los comunistas, los anarquistas y demás partidos del Frente Popular, me habrían llevado a una checa y, de salir vivo, no como le sucedió a Andreu Nin, el líder del POUM (trotskista), despellejado y asesinado por chekistas del PCE, cumpliendo órdenes de Stalin, me hubieran llevado a Pacuellos, donde me habrián fusilado.
Si hubiese vivido en la Zamora del 19 de julio de 1936, los falangistas zamoranos me habrían conducido al cementerio o alguna cuneta para poner fin a mis días o condenado a muerte después de la Guerra Civil, aunque me hubiera conmutado la pena por cárcel y después libertad y colocado en algún Ministerio de los que regía Girón de Velasco.
No soy de ninguna de esas Españas que se mataron como bestias, que fusilaron a doquier, por tener unas determinadas ideas, por envidias; que bombardearon por la aviación republicana, localidades como Cabra, , por la fuerza aérea alemana, Guernica. Ni entonces ni ahora, cuando se me insulta y calumnia o recibo loas hiperbólica según critique al PP o a las diversas izquierdas, me gustan los sectarios, totalitarios, comunistas, fascistas, irracionales, gente de fe en ambas religiones paganas, hinchas políticos, cavernícolas que, si pudieran, mandarían a campos de concentración o gulag a los que no opinasen de acuerdo a la ortodoxia del líder carismático.
Nunca me complació la derecha. Cuando Franco, siendo muy joven, un adolescente, viví en Madrid, en mis comienzos universitarios, los estertores del régimen, el asesinato de Carrero Blanco, que entonces, lo confieso con vergüenza, celebré –era un descerebrado- y después condené, y supe cómo la dictadura se agarraba, como Maduro ahora, como Stalin antes, con purgas y hambrunas incluidas, y millones de muertos, al Ejército, Policía Nacional y Guardia Civil para mantener con vida a un cadáver político.
Después de 40 años de esta democracia de cartón-piedra, confieso mi desencanto con la izquierda que yo amaba. EL PSOE de Felipe González nos trajo la corrupción de Estado. Recuerdan: Filesa, GAL, BOE, Cruz Roja, Benemérita. Pero en esas cuatro décadas, los socialistas, con un poder omnímodo, fueron incapaces de realizar reformas agrarias profundas en las dos regiones españolas, Extremadura y Andalucía, que cuenta con más latifundios; pero sí repartieron el dinero de los parados, el dinero de los EREs, entre sus colegas del sindicato afín. ¿Eso es la izquierda española? Pues, como dice un íntimo amigo mío, aunque pueda parecer soez. ¡Me jodo en la noticia!
De la derecha, no esperaba nada: solo que gestionase bien el Estado. Y no lo hizo mal, pero siempre de la mano de la corrupción, como sucedió aquí, en nuestra deshilachada Zamora, con dos casos paradigmáticos: compra de uno o dos ¿socialistas? para mantener el poder en la Diputación Provincial, y caso Zamora, el linchamiento del político más honrado del PP, J.Antolín Martín, por cumplir con la ley. En el resto de la nación, ya conocemos los numerosos casos acontecidos en Valencia y comunidad de Madrid, y, algún día, cuando los populares pierdan la Junta de Castilla y León, conoceremos cómo se lo montaron gerifaltes del PP en esta anacrónica comunidad autónoma.
No me gusta esta derecha, que, además, se avergüenza de sus orígenes ideológicos. Y esta izquierda tampoco es la mía, la que me emocionaba en mi juventud y durante cierta parte de mi época de hombre maduro, porque ha gobernado para las grandes multinacionales, porque engañó al pueblo con sus siglas heroicas e históricas, porque se corrompió, porque predicó lo contrario de lo que después ejerció cuando alcanzó el poder. No soy de izquierdas, si la ETA lo fue y lo es. No soy de izquierdas, si esta izquierda se dice del pueblo y después, sus dirigentes, viven en casoplones a los que solo acceden los ricos; no soy de izquierdas que apoyan regímenes totalitarios, donde naciones riquísimas, son condenadas a la pobreza, a pasar hambre; donde se conculcan las libertades, no existen elecciones libres y se evitan los parlamentos, como intentó hacer Pedro Sánchez para pactar con los separatistas; no soy de esa izquierda que prima, con inyecciones multimillonarias, a las regiones más ricas de España, donde todo lo español es perseguido. No, esa no es la izquierda con la que yo soñé despierto..
Mi izquierda cree y busca la libertad individual, defiende a las personas que, por su incapacidad física o intelectual, padecen discriminación, son humillados, maltratados. Mi izquierda no es sectaria, si no abierta, sabe escuchar, respeta la voz del pueblo, no es hipócrita, ni felona, busca que todos los españoles, aquí o en Cataluña, tengan los mismos derechos y libertades. Mi izquierda condena a todos los totalitarismos, a todos los dictadores, a todos los que en público predican la bondad de beber agua y, en secreto, disfrutan del vino. Mi izquierda combate a los que maltratan a las mujeres, de palabra y obra, pero condena también a las féminas que humillan a los hombres. Mi izquierda es jacobina, no cree en el Estado de las Autonomías, propio de una nación rica, que ha contribuido a formar una casta de mediocres, gente de segunda o tercera fila, que premian, con subvenciones, a los suyos y castigan a los que no piensan y escriben de acuerdo a sus postulados. Mi izquierda anhela otra Ley Electoral y una división radical de los tres poderes del Estado: ejecutivo, legislativo y judicial. Mi izquierda no gobernaría nunca con los hijos y nietos de Sabino Arana, los hijos de los asesinos de ETA, los racistas catalanes que odian a España y se creen superiores. No. Nunca pactaría con Hitler ni con Stalin. Mi izquierda ama España, mi izquierda es jacobina, mi izquierda ama la libertad
Quizá, después de todo, es que mi izquierda no es española, ni venezolana, ni soviética, ni maoísta, sino de otro mundo en el que el ser humano sea una criatura angelical. Mi izquierda no quieres ejércitos ni fronteras, solo ama el bien de la mayor parte de la Humanidad. Mi izquierda no es de nadie, es mía; habita en mi cerebro, en mi alma que convive con la utopía.
Como escribió Antonio Machado: “Españolito que vienes al mundo te guarde Dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón”. Yo no soy de esas Españas del odio, del sectarismo, de la sangre, de la muerte. Mi España vivirá, porque ama y perdona. Solo el que odia vive muerto.
Una noche de estas, en la soledad de mi casa, mientras debatía con mi otro yo, llegué a una amarga conclusión: si hubiera vivido en Madrid el 19 de julio de 1936, socialistas, entonces marxistas y revolucionarios, hoy burgueses, sin dirigentes obreros; los comunistas, los anarquistas y demás partidos del Frente Popular, me habrían llevado a una checa y, de salir vivo, no como le sucedió a Andreu Nin, el líder del POUM (trotskista), despellejado y asesinado por chekistas del PCE, cumpliendo órdenes de Stalin, me hubieran llevado a Pacuellos, donde me habrián fusilado.
Si hubiese vivido en la Zamora del 19 de julio de 1936, los falangistas zamoranos me habrían conducido al cementerio o alguna cuneta para poner fin a mis días o condenado a muerte después de la Guerra Civil, aunque me hubiera conmutado la pena por cárcel y después libertad y colocado en algún Ministerio de los que regía Girón de Velasco.
No soy de ninguna de esas Españas que se mataron como bestias, que fusilaron a doquier, por tener unas determinadas ideas, por envidias; que bombardearon por la aviación republicana, localidades como Cabra, , por la fuerza aérea alemana, Guernica. Ni entonces ni ahora, cuando se me insulta y calumnia o recibo loas hiperbólica según critique al PP o a las diversas izquierdas, me gustan los sectarios, totalitarios, comunistas, fascistas, irracionales, gente de fe en ambas religiones paganas, hinchas políticos, cavernícolas que, si pudieran, mandarían a campos de concentración o gulag a los que no opinasen de acuerdo a la ortodoxia del líder carismático.
Nunca me complació la derecha. Cuando Franco, siendo muy joven, un adolescente, viví en Madrid, en mis comienzos universitarios, los estertores del régimen, el asesinato de Carrero Blanco, que entonces, lo confieso con vergüenza, celebré –era un descerebrado- y después condené, y supe cómo la dictadura se agarraba, como Maduro ahora, como Stalin antes, con purgas y hambrunas incluidas, y millones de muertos, al Ejército, Policía Nacional y Guardia Civil para mantener con vida a un cadáver político.
Después de 40 años de esta democracia de cartón-piedra, confieso mi desencanto con la izquierda que yo amaba. EL PSOE de Felipe González nos trajo la corrupción de Estado. Recuerdan: Filesa, GAL, BOE, Cruz Roja, Benemérita. Pero en esas cuatro décadas, los socialistas, con un poder omnímodo, fueron incapaces de realizar reformas agrarias profundas en las dos regiones españolas, Extremadura y Andalucía, que cuenta con más latifundios; pero sí repartieron el dinero de los parados, el dinero de los EREs, entre sus colegas del sindicato afín. ¿Eso es la izquierda española? Pues, como dice un íntimo amigo mío, aunque pueda parecer soez. ¡Me jodo en la noticia!
De la derecha, no esperaba nada: solo que gestionase bien el Estado. Y no lo hizo mal, pero siempre de la mano de la corrupción, como sucedió aquí, en nuestra deshilachada Zamora, con dos casos paradigmáticos: compra de uno o dos ¿socialistas? para mantener el poder en la Diputación Provincial, y caso Zamora, el linchamiento del político más honrado del PP, J.Antolín Martín, por cumplir con la ley. En el resto de la nación, ya conocemos los numerosos casos acontecidos en Valencia y comunidad de Madrid, y, algún día, cuando los populares pierdan la Junta de Castilla y León, conoceremos cómo se lo montaron gerifaltes del PP en esta anacrónica comunidad autónoma.
No me gusta esta derecha, que, además, se avergüenza de sus orígenes ideológicos. Y esta izquierda tampoco es la mía, la que me emocionaba en mi juventud y durante cierta parte de mi época de hombre maduro, porque ha gobernado para las grandes multinacionales, porque engañó al pueblo con sus siglas heroicas e históricas, porque se corrompió, porque predicó lo contrario de lo que después ejerció cuando alcanzó el poder. No soy de izquierdas, si la ETA lo fue y lo es. No soy de izquierdas, si esta izquierda se dice del pueblo y después, sus dirigentes, viven en casoplones a los que solo acceden los ricos; no soy de izquierdas que apoyan regímenes totalitarios, donde naciones riquísimas, son condenadas a la pobreza, a pasar hambre; donde se conculcan las libertades, no existen elecciones libres y se evitan los parlamentos, como intentó hacer Pedro Sánchez para pactar con los separatistas; no soy de esa izquierda que prima, con inyecciones multimillonarias, a las regiones más ricas de España, donde todo lo español es perseguido. No, esa no es la izquierda con la que yo soñé despierto..
Mi izquierda cree y busca la libertad individual, defiende a las personas que, por su incapacidad física o intelectual, padecen discriminación, son humillados, maltratados. Mi izquierda no es sectaria, si no abierta, sabe escuchar, respeta la voz del pueblo, no es hipócrita, ni felona, busca que todos los españoles, aquí o en Cataluña, tengan los mismos derechos y libertades. Mi izquierda condena a todos los totalitarismos, a todos los dictadores, a todos los que en público predican la bondad de beber agua y, en secreto, disfrutan del vino. Mi izquierda combate a los que maltratan a las mujeres, de palabra y obra, pero condena también a las féminas que humillan a los hombres. Mi izquierda es jacobina, no cree en el Estado de las Autonomías, propio de una nación rica, que ha contribuido a formar una casta de mediocres, gente de segunda o tercera fila, que premian, con subvenciones, a los suyos y castigan a los que no piensan y escriben de acuerdo a sus postulados. Mi izquierda anhela otra Ley Electoral y una división radical de los tres poderes del Estado: ejecutivo, legislativo y judicial. Mi izquierda no gobernaría nunca con los hijos y nietos de Sabino Arana, los hijos de los asesinos de ETA, los racistas catalanes que odian a España y se creen superiores. No. Nunca pactaría con Hitler ni con Stalin. Mi izquierda ama España, mi izquierda es jacobina, mi izquierda ama la libertad
Quizá, después de todo, es que mi izquierda no es española, ni venezolana, ni soviética, ni maoísta, sino de otro mundo en el que el ser humano sea una criatura angelical. Mi izquierda no quieres ejércitos ni fronteras, solo ama el bien de la mayor parte de la Humanidad. Mi izquierda no es de nadie, es mía; habita en mi cerebro, en mi alma que convive con la utopía.
Como escribió Antonio Machado: “Españolito que vienes al mundo te guarde Dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón”. Yo no soy de esas Españas del odio, del sectarismo, de la sangre, de la muerte. Mi España vivirá, porque ama y perdona. Solo el que odia vive muerto.

















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