PERSPECTIVAS
PP: No se aguantan ni ellos mismos… solo les une el poder
La presidenta de las Cortes de Castilla y León cesa en su puesto y dibuja la personalidad de Fernández Mañueco, candidato a presidir la Junta de Castilla y León: “Sin capacidad, sin palabra, sin liderazgo”. Quo vadis, PP?
Eugenio-Jesús de Ávila
Unos y otros, por oriente y occidente, por norte y sur, han convertido a España en un Patio de Monipodio. En cada partido, hay un Rinconete y un Cortadillo. Andalucía y Cataluña, patrias de la corrupción, administradas por el PSOE y los secesionistas de ultraderecha, liderados por Pujol, y ahora por esta chusma; después, o la vez, cueva de Alí Babá en Madrid y Valencia, ambas autonomías –autonosuyas- regidas por el PP.
España se desangra, física, con esos badulaques de racistas catalanes, y psíquicamente, mientras el pueblo asiste, impasible, al óbito de la nación más vieja de Europa. Hoy, mismo, nada menos que la presidenta de las Cortes de Castilla y León, Silvia Clemente, alta dirigente del PP desde inicios de la centuria, ha cesado en su cargo y se ha dado de baja en el partido de toda su vida, no sin antes describir a Fernández Mañueco, quizá la persona con menos carisma, talento y la voz de hombre menos seductora que he escuchado en mi vida: “Sin palabra, sin capacidad, sin liderazgo”. Quo vadis, PP? ¡Quién puede votar a este partido y a ese “líder” el 26 de mayo de 2019! Quizá solo los que esperen un favor, los que tengan mucho que agradecer o los que no se enteran ni lo que pasa ni lo que ocurre y, además, les da igual.
Esta comunidad, anacrónica y ahistórica, hay que romperla. Urge. Cuanto antes esta Junta sea solo de Castilla, más ganaremos los que vivimos en las provincias que estamos hartos de esa cosa de Valladolid. No podemos mantener una institución sin alma, sin chispa, sin nervio, que quiere representar a una comunidad en la que nadie cree. Porque yo, y como un servidor, miles y miles de ciudadanos, no amamos esa tierra al oriente de Zamora, como mucho, a las provincias de León y Salamanca; no sentimos nada cuando ondea la bandera arlequinada en las instituciones de la autonomía. Nos importa un comino lo que se debata en ese mausoleo faraónico de las Cortes de Castilla y León, ni las noticias que se generan en el resto de provincias. Después de décadas de Junta y más Junta, de cantidades multimillonarias invertidas en los medios de comunicación como proselitos de comunidad, el zamorano no se siente de Castilla y León, pero sí español. Y, supongo, que igual sucederá en otras provincias.
Y si mi corazón no late más deprisa cuando leo informaciones sobre esta comunidad, qué puedo sentir si Silvia Clemente, que lleva formado parte del partido que ha ejercido un poder omnímodo en Castilla y León, omnisciente sobre casos de corrupción de sus compañeros de partido, alguno ya fallecido; de la prensa regional, de los empresarios, de la Perla Negra, de las eólicas, de la minería, de las azucareras, del nepotismo, de la miseria intelectual de la clase política, deja el Partido Popular y dibuja el perfil real del próximo candidato a presidir el ejecutivo autonómico. Pues confieso que náuseas e impotencia. Vomito de asco. Y no sé cómo podríamos acabar con tanto politicastro, con esta jauría de mediocres que presiden instituciones públicas. Quizá solo si la prensa fuera libre. Pero ignoro ya si ciertos grupos de comunicación se hallan al servicio de la política, o los políticos, de uno y otro lado, están a lo que digan los empresarios del sector. ¡Solo les une el poder!
¡Qué vergüenza política y periodística! ¡Un pueblo que tolera tanta inmundicia se ahogará en la zahúrda de la cobardía!
Leamos a La Boétie, el íntimo amigo de Montaigne: “Toda servidumbre es voluntaria y procede exclusivamente del consentimiento de aquellos sobre los que se ejerce el poder”. El francés cerraba con este sublime aserto: “¡Decidiros a no seguir sirviendo y seréis libres”.
Mientras el ciudadano siga cruzado de brazos, el mal seguirá trepando hasta apoderarse de toda la sociedad o entrará a formar parte del Patio de Monipodio o de la Cueva de Alí Babá.
Por cierto. Recomiendo al lector que vea la gran película española, no es un oxímoron, “El Reino”.
Eugenio-Jesús de Ávila
Unos y otros, por oriente y occidente, por norte y sur, han convertido a España en un Patio de Monipodio. En cada partido, hay un Rinconete y un Cortadillo. Andalucía y Cataluña, patrias de la corrupción, administradas por el PSOE y los secesionistas de ultraderecha, liderados por Pujol, y ahora por esta chusma; después, o la vez, cueva de Alí Babá en Madrid y Valencia, ambas autonomías –autonosuyas- regidas por el PP.
España se desangra, física, con esos badulaques de racistas catalanes, y psíquicamente, mientras el pueblo asiste, impasible, al óbito de la nación más vieja de Europa. Hoy, mismo, nada menos que la presidenta de las Cortes de Castilla y León, Silvia Clemente, alta dirigente del PP desde inicios de la centuria, ha cesado en su cargo y se ha dado de baja en el partido de toda su vida, no sin antes describir a Fernández Mañueco, quizá la persona con menos carisma, talento y la voz de hombre menos seductora que he escuchado en mi vida: “Sin palabra, sin capacidad, sin liderazgo”. Quo vadis, PP? ¡Quién puede votar a este partido y a ese “líder” el 26 de mayo de 2019! Quizá solo los que esperen un favor, los que tengan mucho que agradecer o los que no se enteran ni lo que pasa ni lo que ocurre y, además, les da igual.
Esta comunidad, anacrónica y ahistórica, hay que romperla. Urge. Cuanto antes esta Junta sea solo de Castilla, más ganaremos los que vivimos en las provincias que estamos hartos de esa cosa de Valladolid. No podemos mantener una institución sin alma, sin chispa, sin nervio, que quiere representar a una comunidad en la que nadie cree. Porque yo, y como un servidor, miles y miles de ciudadanos, no amamos esa tierra al oriente de Zamora, como mucho, a las provincias de León y Salamanca; no sentimos nada cuando ondea la bandera arlequinada en las instituciones de la autonomía. Nos importa un comino lo que se debata en ese mausoleo faraónico de las Cortes de Castilla y León, ni las noticias que se generan en el resto de provincias. Después de décadas de Junta y más Junta, de cantidades multimillonarias invertidas en los medios de comunicación como proselitos de comunidad, el zamorano no se siente de Castilla y León, pero sí español. Y, supongo, que igual sucederá en otras provincias.
Y si mi corazón no late más deprisa cuando leo informaciones sobre esta comunidad, qué puedo sentir si Silvia Clemente, que lleva formado parte del partido que ha ejercido un poder omnímodo en Castilla y León, omnisciente sobre casos de corrupción de sus compañeros de partido, alguno ya fallecido; de la prensa regional, de los empresarios, de la Perla Negra, de las eólicas, de la minería, de las azucareras, del nepotismo, de la miseria intelectual de la clase política, deja el Partido Popular y dibuja el perfil real del próximo candidato a presidir el ejecutivo autonómico. Pues confieso que náuseas e impotencia. Vomito de asco. Y no sé cómo podríamos acabar con tanto politicastro, con esta jauría de mediocres que presiden instituciones públicas. Quizá solo si la prensa fuera libre. Pero ignoro ya si ciertos grupos de comunicación se hallan al servicio de la política, o los políticos, de uno y otro lado, están a lo que digan los empresarios del sector. ¡Solo les une el poder!
¡Qué vergüenza política y periodística! ¡Un pueblo que tolera tanta inmundicia se ahogará en la zahúrda de la cobardía!
Leamos a La Boétie, el íntimo amigo de Montaigne: “Toda servidumbre es voluntaria y procede exclusivamente del consentimiento de aquellos sobre los que se ejerce el poder”. El francés cerraba con este sublime aserto: “¡Decidiros a no seguir sirviendo y seréis libres”.
Mientras el ciudadano siga cruzado de brazos, el mal seguirá trepando hasta apoderarse de toda la sociedad o entrará a formar parte del Patio de Monipodio o de la Cueva de Alí Babá.
Por cierto. Recomiendo al lector que vea la gran película española, no es un oxímoron, “El Reino”.

















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