Eugenio de Ávila
Martes, 12 de Marzo de 2019
PERSPECTIVAS

Un ateo que ama la Semana Santa de Zamora

Eugenio-Jesús de Ávila

[Img #26172]Como ateo, tengo todo el derecho a pronunciarme sobre la deriva de la Semana Santa de Zamora, porque mi sentimiento hacia ese teatro en la calle, hacia esa puesta en escena popular, carece de fe, de religiosidad. La percibo como estética, como baluarte para convocar a un cierto turismo, no sé si cultural, o turismo pío que busca en la España profunda lo que se perdió en el bosque del escepticismo, de la modernidad, del tiempo sin alma.

Me encanta que las cofradías conjuguen ética y estética, religiosidad y fe. Pero, si perdiesen su razón de ser tampoco me escandalizaría. Como esa derrota de los valores tradicionales se ha ido produciendo poco a poco, con calma, con cierto sosiego, tampoco provoca drásticos cambios en la conciencia de cada cual. Lo que ayer parecía revolucionario, al día siguiente se convierte en conservador. Sucedió con el arte, en la política, en la sexualidad. Se metaboliza cualquier proceso de cambio.

Aunque apenas me preocupen las guerras entre las hermandades penitenciales y las cofradías tradicionales, las de siempre, las que llevan cabalgando en la grupa del tiempo desde hace centurias, tengo amigos que siguen viviendo la Semana Santa desde dentro, que, como es propio en personas que aman la Pasión, me cuentan cuitas y calamidades, felonías y calumnias entre hermanos y hermanas de la misma cofradía o hermandad. Tales hechos me describen, que he llegado a pensar que hay una bacteria o un virus,  que transforma los cerebros de los zamoranos cuando se aproxima la Semana Santa, porque algunas reacciones de personas que, a lo largo del año, destacan por sus conductas educadas, serias, respetuosas, tornan en seres violentos, vanidosos, enloquecidos, sin saber a qué se debe ese cruce de cables mentales. Pienso que les sucede como la hincha de cualquier equipo de fútbol que, cuando asiste a un partido de su equipo muestra todo lo peor que guarda dentro de sí mismo para cargar contra el rival y el árbitro y así quedarse a gusto.

En Semana Santa se ha vivido, durante muchos años, del capricho de unos y otros presidentes, se consintieron también cambios estéticos que resultaban chocantes con nuestra Pasión, marchas inapropiadas en ciertos desfiles procesionales y, por supuesto, que algunos hermanos se tomaran a cachondeo desfilar acompañando a grupos escultóricos o cargándolos, como si asistieran a una fiesta pagana, a unas saturnales romanas. Mientras esto sucedía, la Iglesia, si exceptuamos a aquel obispo cristiano, Buxarrais Ventura, cayó, tragó, guardó críticas al estado en el que habían caído algunas procesiones.

Y lo sucedido en la Asamblea de la Congregación  ha servido para que muchos zamoranos, que solo contemplan la Pasión como fiesta, o que creen que los cofrades y los cargadores son hombres y mujeres muy religiosos, aprecien que hay un elevado porcentaje de personas que solo desfilan por vanidad, que llega a su máxima expresión, cuando se alcanza la categoría de abad, de hermano vara, de “jefe”, que ordena y manda a miles de personas. Resulta comprensible: hombres y mujeres se ven, durante unas horas, obedecidos, por encima de las masas, en la cúspide de la jerarquía de la procesión, de la hermandad, cuando en su trabajo, en su hogar, apenas pueden levantar la voz. Son algo, no sé qué, durante unas horas.

Como exijo al político, coherencia con su filosofía, política, pido al cofrade y al cargador, que lo sean con sus creencias religiosas, y si han perdido la fe, si han llegado al ateísmo, que se olviden del caperuz y la túnica y del esfuerzo tremendo debajo de un paso, y dediquen su tiempo a otros menesteres.  Yo llegué a esa conclusión y me olvidé de cubrirme para olvidarme de lo que fui. Y no lloro cuando escucho el Miserere del Yacente como un espectador más, recordando que fui cofrade de esa bella hermandad desde los 15 años. Hay que ser serio uno mismo. Engañarse resulta patético. Para eso ya están los políticos.

Por cierto, me olvidaba, cómo serán algunos personajes que dirigen las cofradías que han hermanos que no se hablan y amigos íntimos que se odian. Perderlo todo a cambio de qué. Como niños caprichosos. Se necesita un estudio psicológico de estas almas cristianas: qué les mueve al enfrentamiento, a la traición, a la gresca, a la violencia verbal. Lo dice un ateo que ama la Semana Santa.

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