PERSPECTIVAS
La renovación del PP en Zamora: la vida sigue igual
Eugenio-Jesús de Ávila
Pablo Casado ha apostado por la renovación en el Partido Popular. Verbigracia: Martínez-Maíllo, que, nada más hacer la Primera Comunión, entró en política; José María Barrios, que encontró casi a la vez el primer amor y la res pública, y Clara San Damián, que ya era política de bebé. Y se ha quedado fuera del Senado Dionisio García Carnero, esa cámara chollo, innecesaria, aunque la haya aprovechado el PP frente la Presidencia de Pedro Sánchez y al gobierno de los racistas catalanes y vascos, los hijos de ETA, más el neomarxismo, partidario de la propiedad privada que lidera el ínclito Pablo Iglesias. Me temo, no obstante, que este Fouche de los Valles, ya tenga otro destino dentro de las estructuras del PP, para desgracia, por supuesto, de la buena política, de Zamora y de su provincia. Después de estar en política desde el Paleolítico Inferior, qué ha hecho por los zamoranos este personaje tétrico. Daño. Solo daño.
La renovación de Casado, al parecer, consiste en dejar al senador más laborioso y al que menos tiempo ha ocupado escaño en la Cámara Alta: Javier Faúndez. Inexplicable. A no ser que lidere la candidatura popular a la Diputación Provincial, una institución que reclama a un ciudadano del medio rural como presidente. No obstante, ya conoció otra presidenta, también para desgracia de esta provincia, a otra persona procedente del agro, la inolvidable Pilar Álvarez, cuyo mandato fue el más insensato, pobre y reaccionario que ha conocido la institución provincial. Formaba parte de los apóstoles, ni doce, de García Carnero. ¡Qué se podría esperar, pues, de esta mujer! Lo peor. Y así fue. Empírico.
Como ya escrito, hasta ahora, militar y medrar en el PP de Zamora conllevaba prosperidad política, laboral y económica. No importaba que fueras hijo de la mediocridad y de vulgaridad, porque algo había para la persona que decidiera entrar en Víctor Gallego, eso sí, siempre que fueras artista en la coba al que ordenaba y mandaba. Pero en este primavera de 2019, tras un invierno sin nieve, sin nieblas poéticas, el PP, como yo, ya no es el que era, ya perdió cabello, muestra arrugas en su epidermis, se encorva su espalda, se cae, se diluye. Pero se renueva, pretende Casado, con cadáveres políticos.
Como cantaba Julio Iglesia, en aquel festival de Benidorm: la vida sigue igual…en el PP de Zamora.
Postadata: Me alegro que todavía se cuente con Clara San Damián, que se equivocó, como la paloma de Alberti, de caballo ganador, pero es una mujer con la que se puede hablar. Quizá hubiera sido una presidenta de la Diputación decente.
Pablo Casado ha apostado por la renovación en el Partido Popular. Verbigracia: Martínez-Maíllo, que, nada más hacer la Primera Comunión, entró en política; José María Barrios, que encontró casi a la vez el primer amor y la res pública, y Clara San Damián, que ya era política de bebé. Y se ha quedado fuera del Senado Dionisio García Carnero, esa cámara chollo, innecesaria, aunque la haya aprovechado el PP frente la Presidencia de Pedro Sánchez y al gobierno de los racistas catalanes y vascos, los hijos de ETA, más el neomarxismo, partidario de la propiedad privada que lidera el ínclito Pablo Iglesias. Me temo, no obstante, que este Fouche de los Valles, ya tenga otro destino dentro de las estructuras del PP, para desgracia, por supuesto, de la buena política, de Zamora y de su provincia. Después de estar en política desde el Paleolítico Inferior, qué ha hecho por los zamoranos este personaje tétrico. Daño. Solo daño.
La renovación de Casado, al parecer, consiste en dejar al senador más laborioso y al que menos tiempo ha ocupado escaño en la Cámara Alta: Javier Faúndez. Inexplicable. A no ser que lidere la candidatura popular a la Diputación Provincial, una institución que reclama a un ciudadano del medio rural como presidente. No obstante, ya conoció otra presidenta, también para desgracia de esta provincia, a otra persona procedente del agro, la inolvidable Pilar Álvarez, cuyo mandato fue el más insensato, pobre y reaccionario que ha conocido la institución provincial. Formaba parte de los apóstoles, ni doce, de García Carnero. ¡Qué se podría esperar, pues, de esta mujer! Lo peor. Y así fue. Empírico.
Como ya escrito, hasta ahora, militar y medrar en el PP de Zamora conllevaba prosperidad política, laboral y económica. No importaba que fueras hijo de la mediocridad y de vulgaridad, porque algo había para la persona que decidiera entrar en Víctor Gallego, eso sí, siempre que fueras artista en la coba al que ordenaba y mandaba. Pero en este primavera de 2019, tras un invierno sin nieve, sin nieblas poéticas, el PP, como yo, ya no es el que era, ya perdió cabello, muestra arrugas en su epidermis, se encorva su espalda, se cae, se diluye. Pero se renueva, pretende Casado, con cadáveres políticos.
Como cantaba Julio Iglesia, en aquel festival de Benidorm: la vida sigue igual…en el PP de Zamora.
Postadata: Me alegro que todavía se cuente con Clara San Damián, que se equivocó, como la paloma de Alberti, de caballo ganador, pero es una mujer con la que se puede hablar. Quizá hubiera sido una presidenta de la Diputación decente.


















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