PERSPECTIVAS
Los jóvenes zamoranos saben lo qué pasa en su tierra
Eugenio-Jesús de Ávila
¿La juventud zamorana, chicos y chicas que se encuentran entre los 18 y 35 años, es consciente de la situación económica, social y cultural de su ciudad y de sus pueblos? Pues, siento decirlo, no. Si exceptuamos aquellos jóvenes que militan en las generaciones de los partidos clásicos, la gran mayoría se preocupa más por sus atuendos, por salir guapos/as a la calle, por llamar la atención del macho o de la hembra, y poco más. Los que estudian solo piensan en irse lejos de su patria chica a estudiar a la universidad, siendo la de Salamanca la más demandada, y romper así con el control familiar, con la tutela de los papás. Los que ahora tenemos 60 años salimos de Zamora con esa misma fe en la libertad sexual y sensual, pero con una toma de conciencia absoluta de la situación política y social que vivía la nación. Si nuestros jóvenes se van a disfrutar de la vida a otras ciudades, aquí quedamos maduros, veteranos y mayores para combatir la corrupción y luchar por sacar a Zamora de su deriva económica hasta el abismo de la nada.
La prensa local, que vive de la subvención pública, de la ubre del poder, porque el tejido empresarial zamorano resulta tan liviano que no podría, por sí mismo, mantener abiertos tantos medios de comunicación, no agita la conciencia ciudadana,ni critica el estado de la cuestión, ni azuza a los malandrines, ni, por supuesto, denuncia a quienes han sido, son y serán los cómplices políticos y empresariales de la decadencia de Zamora. Esta prensa se ha convertido en la voz de su amo. No hay nada que hacer.
Los jóvenes saben, además, que, cuando acaben una carrera, ejercerán la profesión lejos de los lares provinciales, incluso regionales. Por tanto, volverán a casa por Navidad y en Semana Santa para reencontrarse con padres y algún amigo descarriado que no haya tenido otro remedio, por falta de talento o porque no le gustaba estudiar, que quedarse a ver cómo baja el Duero entre los puentes medievales y contemporáneos. Y nada más. Zamora se queda sin gente joven. Zamora se irá convirtiendo en una gran residencia para gente mayor. Aquí, como escribí hace unos días, se muere dos veces: cuando te matan las calumnias del prójimo y cuando las parcas te convocan para convertirte en polvo en el tiempo. Si bien es cierto que en nuestra ciudad se muere con más calma, con mayor sosiego, como si ya tuviéramos asegurado el paraíso por haber sido corderos dispuestos para el sacrificio.
No creo, pues, ni en la juventud zamorana, salvo esas excepciones que ya militan en partidos, que, en algunos casos, solo buscan hacer carrera política; ni en el papel de la prensa local y provincial. Los conozco. Son maestros en la coba al poder, al que ocupe en ese periodo histórico la jerarquía en la res pública. Son tan ignorantes que no saben ni escribir ni hablar. Por supuesto, hay excepciones. Las conozco. Vale.
Cantaba Mochi aquello de que “los que se van ya volverán, cuando se fueron, no querían marchar”. No es el caso de la juventud zamorana: los que se van no volverán y cuando se fueron no querían volver. Nosotros, los que ya tenemos edad para amar de otra manera, para morir lejos del mar, permitimos, por ser tan pusilánimes, que la sangre joven no volviese a fluir por las venas de nuestra Zamora.
¿La juventud zamorana, chicos y chicas que se encuentran entre los 18 y 35 años, es consciente de la situación económica, social y cultural de su ciudad y de sus pueblos? Pues, siento decirlo, no. Si exceptuamos aquellos jóvenes que militan en las generaciones de los partidos clásicos, la gran mayoría se preocupa más por sus atuendos, por salir guapos/as a la calle, por llamar la atención del macho o de la hembra, y poco más. Los que estudian solo piensan en irse lejos de su patria chica a estudiar a la universidad, siendo la de Salamanca la más demandada, y romper así con el control familiar, con la tutela de los papás. Los que ahora tenemos 60 años salimos de Zamora con esa misma fe en la libertad sexual y sensual, pero con una toma de conciencia absoluta de la situación política y social que vivía la nación. Si nuestros jóvenes se van a disfrutar de la vida a otras ciudades, aquí quedamos maduros, veteranos y mayores para combatir la corrupción y luchar por sacar a Zamora de su deriva económica hasta el abismo de la nada.
La prensa local, que vive de la subvención pública, de la ubre del poder, porque el tejido empresarial zamorano resulta tan liviano que no podría, por sí mismo, mantener abiertos tantos medios de comunicación, no agita la conciencia ciudadana,ni critica el estado de la cuestión, ni azuza a los malandrines, ni, por supuesto, denuncia a quienes han sido, son y serán los cómplices políticos y empresariales de la decadencia de Zamora. Esta prensa se ha convertido en la voz de su amo. No hay nada que hacer.
Los jóvenes saben, además, que, cuando acaben una carrera, ejercerán la profesión lejos de los lares provinciales, incluso regionales. Por tanto, volverán a casa por Navidad y en Semana Santa para reencontrarse con padres y algún amigo descarriado que no haya tenido otro remedio, por falta de talento o porque no le gustaba estudiar, que quedarse a ver cómo baja el Duero entre los puentes medievales y contemporáneos. Y nada más. Zamora se queda sin gente joven. Zamora se irá convirtiendo en una gran residencia para gente mayor. Aquí, como escribí hace unos días, se muere dos veces: cuando te matan las calumnias del prójimo y cuando las parcas te convocan para convertirte en polvo en el tiempo. Si bien es cierto que en nuestra ciudad se muere con más calma, con mayor sosiego, como si ya tuviéramos asegurado el paraíso por haber sido corderos dispuestos para el sacrificio.
No creo, pues, ni en la juventud zamorana, salvo esas excepciones que ya militan en partidos, que, en algunos casos, solo buscan hacer carrera política; ni en el papel de la prensa local y provincial. Los conozco. Son maestros en la coba al poder, al que ocupe en ese periodo histórico la jerarquía en la res pública. Son tan ignorantes que no saben ni escribir ni hablar. Por supuesto, hay excepciones. Las conozco. Vale.
Cantaba Mochi aquello de que “los que se van ya volverán, cuando se fueron, no querían marchar”. No es el caso de la juventud zamorana: los que se van no volverán y cuando se fueron no querían volver. Nosotros, los que ya tenemos edad para amar de otra manera, para morir lejos del mar, permitimos, por ser tan pusilánimes, que la sangre joven no volviese a fluir por las venas de nuestra Zamora.


















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