PERSPECTIVAS
Carta a Pedro Sánchez Pérez-Castejón, presidente del Gobierno
Eugenio-Jesús de Ávila
Excelentísimo Sr. Presidente:
Hoy, cuando marzo viste cielo de primavera, aquí, en la ciudad del Romancero, donde el río duradero del poeta constituye su columna vertebral, caudal de Heráclito, enamorado de la niebla, sabrá que Zamora fue capital de una provincia rural, rica en agua, abundante en campesinos, ganaderos, pastores y amas de casa trabajadoras, solidarias, hermosas y generosas. Pero todo se lo devoró la historia con sus mandíbulas de tiempo. Ahora, una mayoría de zamoranos tenemos ya más pasado que futuro.
Sabrá usted que a esta provincia el Estado, salvo un leve periodo, cuando mandaban los falangistas en el franquismo, los distintos gobiernos que administraron esta democracia, a la que le falta licenciarse aún en libertad, igualdad y fraternidad, se olvidaron de que existía. O quizá peor que eso, porque Felipe González, cuando usted era todavía un chaval que jugaba al baloncesto, un niño más bien, decidió, porque se sintió liberal en lo económico, cerrar líneas férreas, con lo que eliminó unos mil puestos de trabajo en Zamora; también nos quitó la Prisión Provincial, que funcionaba como recurso importante para la ciudad; y, no contento con esos dos bofetones a la económica local, trasladó el Regimiento Toledo lejos de nuestra ciudad. Y, sin apenas sentirlo, ejecutó una política agraria y ganadera, exigida por Francia para entrar en la Comunidad Económica Europea, que, con el tiempo, convirtió el agro zamorano en un desierto demográfico. Después, los populares, con Aznar y Rajoy, tampoco hicieron nada para desfacer este entuerto que nos ha condenado a vivir en la provincia española con menos actividad económica, con menor renta de la nación, la más envejecida… en fin, para qué seguir. No quiero entristecerlo ni darle pena.
Pero como usted es socialista, pienso que intentará ser equitativo con las distintas provincias españolas. Sin ir más lejos, en esta comunidad anacrónica y ahistórica, hay tierras como las Valladolid, Burgos, Palencia –castellanas, porque no se equivoque, aquí somos leoneses-, por citar tres ejemplos, que, merced a decisiones políticas, se quedaron con el dinero, procedente de Europa, con destino a las geografías más retrasadas, como la zamorana. Y sé que la Unión Europea volverá a la carga con más miles de millones de euros para detener la despoblación que desertiza nuestra provincia. ¡Por favor, haga lo posible para que se invierta aquí, que somos humildes, que somos pobres, que somos sencillos, como la gente que lo sigue, que le vota! No nos traicione. No me gustaría decir que mi presidente es un felón. Olvídese un rato de esos ricos catalanes que lo chantajean a cambio de que usted siga en La Moncloa. Nos conformaríamos con solo un 10% de las inversiones que el Estado dedica a Cataluña.
Un socialista auténtico nunca miraría más por los poderosos que por los modestos, por los pobres, por nosotros, los plebeyos zamoranos. No favorezca a esa gente que odia España, que coaccionó a Felipe, a Aznar, a Zapatero, verdadero culpable de la quiebra actual de nuestra democracia, y hasta al cobarde Rajoy y su cómplice, la pequeña Soraya.
Si es menester, cuando regrese a La Moncloa, si gana las elecciones, tras pactar con Ciudadanos, nunca más con los racistas vascos y catalanes, ni con los hijos de ETA, asesinos de tantos compañeros de su partido, recuerde que esta tierra necesita al Estado, anhela sus inversiones, porque, Zamora, sin que usted la mime desde su gobernanza, se nos muere. Háganos un favor: instale en Monte La Reina, en esas 1.235 hectáreas que son Defensa, unos cuantos batallones de militares españoles, porque, solo con esa decisión, nuestra Zamora podrá salir del coma inducido en el que se nos viene muriendo. Y, ya de paso, coméntele a su ministro de Cultura que nuestra muralla medieval se desmorona, como decía Quevedo de los muros de su patria, que también es la suya y la mía
Me gustaría votarle. Le votaría si mañana, en el Ramos Carrión, nos promete, porque usted no jurará, que ese campamento, que albergará a tantos profesionales del ejército y a sus familias, a los que recibiremos como se merecen, se instalará en Monte La Reina. No nos defraude. Acuérdese de que su partido, el PSOE, nació para favorecer a los humildes, a los débiles, a los sencillos. Se lo digo yo, un Quijote sin Rocinante, sin más peto ni espaldar que mis palabras y la historia.
Bienvenido, de nuevo, a Zamora
Excelentísimo Sr. Presidente:
Hoy, cuando marzo viste cielo de primavera, aquí, en la ciudad del Romancero, donde el río duradero del poeta constituye su columna vertebral, caudal de Heráclito, enamorado de la niebla, sabrá que Zamora fue capital de una provincia rural, rica en agua, abundante en campesinos, ganaderos, pastores y amas de casa trabajadoras, solidarias, hermosas y generosas. Pero todo se lo devoró la historia con sus mandíbulas de tiempo. Ahora, una mayoría de zamoranos tenemos ya más pasado que futuro.
Sabrá usted que a esta provincia el Estado, salvo un leve periodo, cuando mandaban los falangistas en el franquismo, los distintos gobiernos que administraron esta democracia, a la que le falta licenciarse aún en libertad, igualdad y fraternidad, se olvidaron de que existía. O quizá peor que eso, porque Felipe González, cuando usted era todavía un chaval que jugaba al baloncesto, un niño más bien, decidió, porque se sintió liberal en lo económico, cerrar líneas férreas, con lo que eliminó unos mil puestos de trabajo en Zamora; también nos quitó la Prisión Provincial, que funcionaba como recurso importante para la ciudad; y, no contento con esos dos bofetones a la económica local, trasladó el Regimiento Toledo lejos de nuestra ciudad. Y, sin apenas sentirlo, ejecutó una política agraria y ganadera, exigida por Francia para entrar en la Comunidad Económica Europea, que, con el tiempo, convirtió el agro zamorano en un desierto demográfico. Después, los populares, con Aznar y Rajoy, tampoco hicieron nada para desfacer este entuerto que nos ha condenado a vivir en la provincia española con menos actividad económica, con menor renta de la nación, la más envejecida… en fin, para qué seguir. No quiero entristecerlo ni darle pena.
Pero como usted es socialista, pienso que intentará ser equitativo con las distintas provincias españolas. Sin ir más lejos, en esta comunidad anacrónica y ahistórica, hay tierras como las Valladolid, Burgos, Palencia –castellanas, porque no se equivoque, aquí somos leoneses-, por citar tres ejemplos, que, merced a decisiones políticas, se quedaron con el dinero, procedente de Europa, con destino a las geografías más retrasadas, como la zamorana. Y sé que la Unión Europea volverá a la carga con más miles de millones de euros para detener la despoblación que desertiza nuestra provincia. ¡Por favor, haga lo posible para que se invierta aquí, que somos humildes, que somos pobres, que somos sencillos, como la gente que lo sigue, que le vota! No nos traicione. No me gustaría decir que mi presidente es un felón. Olvídese un rato de esos ricos catalanes que lo chantajean a cambio de que usted siga en La Moncloa. Nos conformaríamos con solo un 10% de las inversiones que el Estado dedica a Cataluña.
Un socialista auténtico nunca miraría más por los poderosos que por los modestos, por los pobres, por nosotros, los plebeyos zamoranos. No favorezca a esa gente que odia España, que coaccionó a Felipe, a Aznar, a Zapatero, verdadero culpable de la quiebra actual de nuestra democracia, y hasta al cobarde Rajoy y su cómplice, la pequeña Soraya.
Si es menester, cuando regrese a La Moncloa, si gana las elecciones, tras pactar con Ciudadanos, nunca más con los racistas vascos y catalanes, ni con los hijos de ETA, asesinos de tantos compañeros de su partido, recuerde que esta tierra necesita al Estado, anhela sus inversiones, porque, Zamora, sin que usted la mime desde su gobernanza, se nos muere. Háganos un favor: instale en Monte La Reina, en esas 1.235 hectáreas que son Defensa, unos cuantos batallones de militares españoles, porque, solo con esa decisión, nuestra Zamora podrá salir del coma inducido en el que se nos viene muriendo. Y, ya de paso, coméntele a su ministro de Cultura que nuestra muralla medieval se desmorona, como decía Quevedo de los muros de su patria, que también es la suya y la mía
Me gustaría votarle. Le votaría si mañana, en el Ramos Carrión, nos promete, porque usted no jurará, que ese campamento, que albergará a tantos profesionales del ejército y a sus familias, a los que recibiremos como se merecen, se instalará en Monte La Reina. No nos defraude. Acuérdese de que su partido, el PSOE, nació para favorecer a los humildes, a los débiles, a los sencillos. Se lo digo yo, un Quijote sin Rocinante, sin más peto ni espaldar que mis palabras y la historia.
Bienvenido, de nuevo, a Zamora

















Robert | Miércoles, 27 de Marzo de 2019 a las 11:53:25 horas
Pues sí. Éso exactamente
Accede para votar (0) (0) Accede para responder