ELECCIONES GENERALES DEL 2019
La farsa electoral
Eugenio-Jesús de Ávila
Si no creo en Dios, el que no he recibido noticia alguna en mis años de vida, ¡cómo voy a creer en los partidos políticos, a los que aguanto, tolero, trato durante cada día del año! Las formaciones políticas no nos representan. Al menos, a un servidor. No me place ninguna. Cuando un ser humano alcanza un cargo en cualquier partido, poder real sobre la militancia, que extrapola al pueblo, se convierte en un hombre o una mujer por debajo de su categoría humana; pierde bondad, gana en maledicencia, y hace de la mentira su peto y del embuste su espaldar.
Campañas electorales para mantener el engaño, para que el pueblo enloquezca, odie, envidie al prójimo que no piensa como él; gente a la que se solicita el voto para enrocarse en el Congreso de los Diputados y Senado y cobrar salarios superiores a los que percibirían en sus profesiones, docentes y abogados, y, al jubilarse, recoger la pensión más cuantiosa del Estado.
Teatro electoral, promesas que nunca se cumplen, sonrisas a todo quisque, caricias a los niños, abrazos a los ancianos. Después de las urnas, olvido de promesas, de viejos, de infantes, de ciudades, de pueblos, de regiones. Una vez instalados en el aposento público, toca obedecer al jefe del partido. Porque, si discrepas, no vuelves a salir en la fotografía electoral. Se acabó el chollo de la política para el menda. Y, como resulta muy humano, cobrar 4.000 euros más al mes, a los que añadir otras prebendas y diversos privilegios, que si todos los días tuviera que educar a niños y jóvenes y acudir al juzgado a defender casos imposibles.
¡Dónde moraban Partido Socialista Obrero Español y Partido Popular cuando la Zamora rural se despoblaba, se convertía en un desierto demográfico! ¡Qué hicieron diputados y senadores zamoranos por detener esta sangría de personas! Y ahora todos miran hacia el campo, ahora quieren resucitar un cadáver. ¡Farsantes!
Elecciones para rubricar el engaño, para que jueguen con las personas como si fuéramos plastilina, arcilla, madera. Ley Electoral que perpetúa el poder de una casta dirigente, que da a los enemigos de España un papel preponderante para su destrucción.
La única revolución que reclamo consiste en profundizar en la democracia, porque la nuestra carece de calidad, de verdad, de mérito. Acabemos con esta farsa electoral, con las autonomías, cuevas de Alí Babá para los que maman de la ubre de la res pública, en una nación que se quiebra, en una patria que se desmorona. Más democracia, menos saltimbanquis de la política; más libertad, menos jetas y malandrines administrando los impuestos de todos nosotros, el pueblo, estabulado cual rebaño de ovejas, cual vaca en su cuadra, cual gallina en su gallinero.
Si no creo en Dios, el que no he recibido noticia alguna en mis años de vida, ¡cómo voy a creer en los partidos políticos, a los que aguanto, tolero, trato durante cada día del año! Las formaciones políticas no nos representan. Al menos, a un servidor. No me place ninguna. Cuando un ser humano alcanza un cargo en cualquier partido, poder real sobre la militancia, que extrapola al pueblo, se convierte en un hombre o una mujer por debajo de su categoría humana; pierde bondad, gana en maledicencia, y hace de la mentira su peto y del embuste su espaldar.
Campañas electorales para mantener el engaño, para que el pueblo enloquezca, odie, envidie al prójimo que no piensa como él; gente a la que se solicita el voto para enrocarse en el Congreso de los Diputados y Senado y cobrar salarios superiores a los que percibirían en sus profesiones, docentes y abogados, y, al jubilarse, recoger la pensión más cuantiosa del Estado.
Teatro electoral, promesas que nunca se cumplen, sonrisas a todo quisque, caricias a los niños, abrazos a los ancianos. Después de las urnas, olvido de promesas, de viejos, de infantes, de ciudades, de pueblos, de regiones. Una vez instalados en el aposento público, toca obedecer al jefe del partido. Porque, si discrepas, no vuelves a salir en la fotografía electoral. Se acabó el chollo de la política para el menda. Y, como resulta muy humano, cobrar 4.000 euros más al mes, a los que añadir otras prebendas y diversos privilegios, que si todos los días tuviera que educar a niños y jóvenes y acudir al juzgado a defender casos imposibles.
¡Dónde moraban Partido Socialista Obrero Español y Partido Popular cuando la Zamora rural se despoblaba, se convertía en un desierto demográfico! ¡Qué hicieron diputados y senadores zamoranos por detener esta sangría de personas! Y ahora todos miran hacia el campo, ahora quieren resucitar un cadáver. ¡Farsantes!
Elecciones para rubricar el engaño, para que jueguen con las personas como si fuéramos plastilina, arcilla, madera. Ley Electoral que perpetúa el poder de una casta dirigente, que da a los enemigos de España un papel preponderante para su destrucción.
La única revolución que reclamo consiste en profundizar en la democracia, porque la nuestra carece de calidad, de verdad, de mérito. Acabemos con esta farsa electoral, con las autonomías, cuevas de Alí Babá para los que maman de la ubre de la res pública, en una nación que se quiebra, en una patria que se desmorona. Más democracia, menos saltimbanquis de la política; más libertad, menos jetas y malandrines administrando los impuestos de todos nosotros, el pueblo, estabulado cual rebaño de ovejas, cual vaca en su cuadra, cual gallina en su gallinero.

















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