ELECCIONES
Rajoy, el chatarrero del PP
Vino a apoyar –hundir más-a las candidaturas de los populares al Ayuntamiento de la capital de la provincia, Diputación y Junta de Castilla y León
Eugenio-Jesús de Ávila
Rajoy, el pasado, estuvo en Zamora para hablar de futuro. El ex presidente qué dijo: nada. Como siempre. Lugares comunes. Más de lo mismo. Lea esta frase, pronunciada durante su estancia entre nosotros: “Este partido siempre ha estado en el mismo sitio. Unas veces hemos ganado las elecciones y otras las hemos perdido”. Nos jodió…con perdón.
Mariano ya no vende nada: tiempo perdido, tiempo político en el que dejó herido de muerte al PP. Y resucitó a un PSOE que olía a ruina. Prefirió una moción de censura, mientras se tomaba unas copas en un restaurante cercano al Congreso, y que un bolso, el de Soraya, reposase en su escacho de presidente. Si hubiera sido un español, un hombre de Estado, un político grande, habría convocado elecciones generales; pero temía que Ciudadanos venciese en las urnas al PP, partido que el descafeinó, purgó de ideologías.
Si el PSOE ganó las legislativas del 28 de abril, debe agradecérselo a Rajoy y sus cuates. Si el PP de Casado se encuentra cuesta bajo en la rodada, también hay que cargárselo en el haber de este registrador de la Propiedad. Lo tuvo todo para cambiar España: mayoría absoluta, casi todas las comunidades autónomas y ayuntamientos importantes de la nación en poder de los populares. Lo dilapidó. Un crápula del Estado.
Nunca conocí a un político con menos carisma que Rajoy; nunca el PP tuvo tanto poder para perderlo tan deprisa; jamás un partido ejecutó una política fiscal tan dura contra las clases medias, nunca una formación política recortó tan servicios públicos a la gente sencilla; nunca el PP incumplió su programa electoral al cien por cien. Solo la actual candidatura al Ayuntamiento de la capital de la provincia y el presidenciable a la Junta de Castilla y León reunieron a dos personalidades con tan escaso atractivo político. El PP se desguaza. Rajoy fue su chatarrero.
Eugenio-Jesús de Ávila
Rajoy, el pasado, estuvo en Zamora para hablar de futuro. El ex presidente qué dijo: nada. Como siempre. Lugares comunes. Más de lo mismo. Lea esta frase, pronunciada durante su estancia entre nosotros: “Este partido siempre ha estado en el mismo sitio. Unas veces hemos ganado las elecciones y otras las hemos perdido”. Nos jodió…con perdón.
Mariano ya no vende nada: tiempo perdido, tiempo político en el que dejó herido de muerte al PP. Y resucitó a un PSOE que olía a ruina. Prefirió una moción de censura, mientras se tomaba unas copas en un restaurante cercano al Congreso, y que un bolso, el de Soraya, reposase en su escacho de presidente. Si hubiera sido un español, un hombre de Estado, un político grande, habría convocado elecciones generales; pero temía que Ciudadanos venciese en las urnas al PP, partido que el descafeinó, purgó de ideologías.
Si el PSOE ganó las legislativas del 28 de abril, debe agradecérselo a Rajoy y sus cuates. Si el PP de Casado se encuentra cuesta bajo en la rodada, también hay que cargárselo en el haber de este registrador de la Propiedad. Lo tuvo todo para cambiar España: mayoría absoluta, casi todas las comunidades autónomas y ayuntamientos importantes de la nación en poder de los populares. Lo dilapidó. Un crápula del Estado.
Nunca conocí a un político con menos carisma que Rajoy; nunca el PP tuvo tanto poder para perderlo tan deprisa; jamás un partido ejecutó una política fiscal tan dura contra las clases medias, nunca una formación política recortó tan servicios públicos a la gente sencilla; nunca el PP incumplió su programa electoral al cien por cien. Solo la actual candidatura al Ayuntamiento de la capital de la provincia y el presidenciable a la Junta de Castilla y León reunieron a dos personalidades con tan escaso atractivo político. El PP se desguaza. Rajoy fue su chatarrero.

















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