Ilia Galán
Viernes, 31 de Mayo de 2019
LITERATURA

Aldeanización literaria

Ilia Galán

[Img #27670]Sus agobios juveniles parecían parcialmente acabados: el contrato llegó, tenía trabajo y no malo, que en estos tiempos se ha convertido en algo casi extraordinario para muchos de los que acababan los estudios universitarios, ajenos a veces al laboral mundo y sus mercados.

Había entrado ella, tan joven e inteligente, en una de las más importantes agencias literarias de España, en Barcelona, y se asombraba de que solo buscaran números, contratos, ganar dinero, buscar personajes que lo procuraran, por medio de los libros, sí, pero lo de menos era el arte o la grandeza de los contenidos de unos u otros... Dinero, venderse. Las ventas habían caído atrozmente con la crisis, con los nuevos dispositivos electrónicos y móviles, que entretienen a las gentes mejor que una novela con imágenes o películas, con el descenso del nivel educativo y la capacidad de lectura de los jóvenes. Buscaban algo fácil y atractivo que leer, al margen de que pudiera aportar algo de sabiduría, estética, calidad. 

Algún premio Nobel contemporáneo y ya clásico no sería hoy contratado por ser “demasiado literario”. No sabemos si algunas grandes editoriales -hoy compradas por empresas multinacionales- acabarán como ciertos periódicos que, rebajando el nivel intelectual han perdido al público culto sin ganar el otro, que prefiere entretenerse con juegos más fáciles. A esto se añaden las últimas reformas deseducativas que han eliminado para los bachilleres en muchas comunidades a autores como Cortázar o Borges, como si Iberoamérica, allí donde hay más hablantes de español, no existiese y su literatura, fuente de las mayores glorias actuales de nuestra lengua, no fuera relevante.

Esto fue escandaloso en el VIII Congreso de la Lengua. Vargas Llosa, peruano y español, Nobel de nuestras letras y relevante presencia en el mundo cultural internacional, también se quejaba de este empobrecimiento. Desaparecen Carpentier, Neruda, Huidobro, Mistral, García Márquez, Rulfo, Pizarnik. Rubén Darío apenas es mencionado. Cuando yo era muchacho, leíamos varios libros mientras estudiábamos (Jorge Manrique, La Celestina, Cervantes, Lope, Calderón, el Duque de Rivas, Baroja, Galdós, Valle, A. Machado, Lorca...), ¿ahora leen? 

En algunas autonomías, como en Cataluña, los jóvenes desconocen las figuras de Galdós o Baroja... Y tenemos la suerte de poder utilizar una lengua que usan más de quinientos millones de personas. Frente a la predicada aldea global (informativa, tecnológica y de mercado) nos encontramos con una aldeanización total porque se desmorona el conocimiento (en la era del conocimiento y las tecnologías de la información), no se sabe transmitirlo o no se educa para ello. Sujeto, verbo y predicado, que si añadimos subordinadas nos perdemos. ¿Leer? ¿Para qué? La relación entre el nivel de lectura y el desarrollo de un pueblo suele ir muy unida. ¿Acaso la cabeza ahora sirve más para cultivar pelos de colores que para desarrollar inteligencias?

 

Ilia Galán

 

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