TAUROMAQUIA
Increíble espectáculo en la Plaza de Toros de Villalpando
Doce orejas y seis rabos. El novillo de los Hnos Boyano de Paz, Espléndido, nº 21, indultado
Por Fernando Primo (profesor y crítico taurino)
FICHA TÉCNICA:
Plaza de toros de Villalpando (Zamora).
Festival Taurino sin Picadores de la Fiesta de la Madera a beneficio de la Lucha contra el cáncer.
Tarde: perfecta para el toreo
Entrada: media entrada, entre los que se encontraban muchos taurinos, sin poder faltar el maestro Andrés Vázquez.
Toros: seis novillos de los Hnos Boyano de Paz de Villalpando bravos, con clase aplaudidos en el arrastre. Al primero se le dio la vuelta al ruedo y al último, un castaño con el nº 21 y de nombre Espléndido se le concedió el indulto
Toreros:
Luguillano; dos orejas y rabo
Israel Lancho: dos orejas y rabo
Angelino de Arriaga: dos orejas y rabo
Alberto Durán: dos orejas y rabo
Antonio Boyano: dos orejas y rabo
Diego Luna: dos orejas y rabo simbólicos
Incidencias: Al finalizar el festejo, los seis matadores y el ganadero salieron a saludar y fueron ovacionados por el público.
Comentario:
Fernando Primo
Como dice el titular, lo vivido ayer en la plaza de Villalpando entra dentro de lo “no creíble”.
Seis erales, de preciosa lámina, castaños, melocotones, todos en la línea Pedraza de Yeltes vía Aldeanueva, bravos y encastados en mayor o menor medida, en los que el primero, al que se le dio la vuelta al ruedo, codicioso, con casta y mucho motor y el sexto, Espléndido, nº 21, una máquina de embestir, un carretón viviente, que fue indultado y que tardó en abandonar el ruedo porque quería seguir regalando embestidas fueron la parte principal del atractivo espectáculo.
Para darles réplica, seis toreros que volcaron sus conocimientos y su arte porque no se podían dejar comer la tostada. Luguillano, como un incipiente novillero, que se vio imbuido de la casta de su oponente y que toreó con gusto, hasta el arrebatado final en el que una serie de redondos interminables acabaron con el matador por los aires y recibiendo una paliza de consideración. Dolorido volvió a la cara del novillo y finalizó con una gran estocada.
El pacense Israel Lancho, o villalpandino como reconoció en su brindis, estuvo magnífico y variado en el toreo de capa y muy templado con la franela. Cuando al novillo, de mucha clase pero de poco motor, se le fue acabando el gas, Lancho acortó distancias y allí se movió, mejor dicho ni se inmutó, como pez en el agua dando numerosos redondos y pases invertidos.
El mejicano tlaxcalense, Angelino de Arriaga, bailó con la más fea pero completó un trasteo, después de los dos primeros tercios brillantes, más que digno y valiente aguantando las miradas y las coladas de su novillo.
El zamorano Alberto Durán, dio una clase de toreo clásico. Como si se hubiera inspirado en el maestro de Villalpando que estaba en los tendidos y al que brindó la muerte del animal, todo rezumó clasiscismo. No se dio coba en ningún momento tanto con las verónicas rematadas con una extraordinaria media como con la muleta. El novillo, que no era fácil tuvo que aceptar la muleta del de Villamor y, sobre todo, por el pitón izquierdo, dibujó unos preciosos naturales sin trampa ni cartón, pasándolo muy cerca y cosido a la muleta. Quiera Dios (y los empresarios) que pueda hacerlo en plazas más importantes. Seguro que el zamorano sabrá aprovechar la ocasión.
Antonio Boyano que brindó la muerte de su oponente a su padre estuvo arrebatado con un precioso eral que tenía mucho que torear y a fe que el de Villalpando lo hizo.
Finalmente Diego Luna que fue agraciado con el gordo del nº 21 estuvo brillante. Dicen que un toro bueno descubre a un torero no bueno pero este no fue el caso de Luna que cuajó una faena de buenas series, sobre todo, por el lado izquierdo. Le sirvió más que un mes de entrenamiento porque tuvo que ser agotador a la vez que sublime estar ante la cara de ese Espléndido, ¡qué nombre tan simbólico!Y torear con gusto.
La escena final de los seis toreros y el ganadero saludando y recogiendo la cerrada ovación del público fue el colofón de ese, ahora sí, creíbleespectáculo vivido.
Foto 1. Luguillano en un derechazo. Foto Natalia Calvo
Foto 2. Alberto Durán en una preciosa verónica. Foto Natalia Calvo
Foto 3. Los seis toreros al final del espectáculo. Foto Natalia Calvo
Foto 4. El ganadero recibe la ovación del público. Foto Natalia Calvo
Por Fernando Primo (profesor y crítico taurino)
FICHA TÉCNICA:
Plaza de toros de Villalpando (Zamora).
Festival Taurino sin Picadores de la Fiesta de la Madera a beneficio de la Lucha contra el cáncer.
Tarde: perfecta para el toreo
Entrada: media entrada, entre los que se encontraban muchos taurinos, sin poder faltar el maestro Andrés Vázquez.
Toros: seis novillos de los Hnos Boyano de Paz de Villalpando bravos, con clase aplaudidos en el arrastre. Al primero se le dio la vuelta al ruedo y al último, un castaño con el nº 21 y de nombre Espléndido se le concedió el indulto
Toreros:
Luguillano; dos orejas y rabo
Israel Lancho: dos orejas y rabo
Angelino de Arriaga: dos orejas y rabo
Alberto Durán: dos orejas y rabo
Antonio Boyano: dos orejas y rabo
Diego Luna: dos orejas y rabo simbólicos
Incidencias: Al finalizar el festejo, los seis matadores y el ganadero salieron a saludar y fueron ovacionados por el público.
Comentario:
Fernando Primo
Como dice el titular, lo vivido ayer en la plaza de Villalpando entra dentro de lo “no creíble”.
Seis erales, de preciosa lámina, castaños, melocotones, todos en la línea Pedraza de Yeltes vía Aldeanueva, bravos y encastados en mayor o menor medida, en los que el primero, al que se le dio la vuelta al ruedo, codicioso, con casta y mucho motor y el sexto, Espléndido, nº 21, una máquina de embestir, un carretón viviente, que fue indultado y que tardó en abandonar el ruedo porque quería seguir regalando embestidas fueron la parte principal del atractivo espectáculo.
Para darles réplica, seis toreros que volcaron sus conocimientos y su arte porque no se podían dejar comer la tostada. Luguillano, como un incipiente novillero, que se vio imbuido de la casta de su oponente y que toreó con gusto, hasta el arrebatado final en el que una serie de redondos interminables acabaron con el matador por los aires y recibiendo una paliza de consideración. Dolorido volvió a la cara del novillo y finalizó con una gran estocada.
El pacense Israel Lancho, o villalpandino como reconoció en su brindis, estuvo magnífico y variado en el toreo de capa y muy templado con la franela. Cuando al novillo, de mucha clase pero de poco motor, se le fue acabando el gas, Lancho acortó distancias y allí se movió, mejor dicho ni se inmutó, como pez en el agua dando numerosos redondos y pases invertidos.
El mejicano tlaxcalense, Angelino de Arriaga, bailó con la más fea pero completó un trasteo, después de los dos primeros tercios brillantes, más que digno y valiente aguantando las miradas y las coladas de su novillo.
El zamorano Alberto Durán, dio una clase de toreo clásico. Como si se hubiera inspirado en el maestro de Villalpando que estaba en los tendidos y al que brindó la muerte del animal, todo rezumó clasiscismo. No se dio coba en ningún momento tanto con las verónicas rematadas con una extraordinaria media como con la muleta. El novillo, que no era fácil tuvo que aceptar la muleta del de Villamor y, sobre todo, por el pitón izquierdo, dibujó unos preciosos naturales sin trampa ni cartón, pasándolo muy cerca y cosido a la muleta. Quiera Dios (y los empresarios) que pueda hacerlo en plazas más importantes. Seguro que el zamorano sabrá aprovechar la ocasión.
Antonio Boyano que brindó la muerte de su oponente a su padre estuvo arrebatado con un precioso eral que tenía mucho que torear y a fe que el de Villalpando lo hizo.
Finalmente Diego Luna que fue agraciado con el gordo del nº 21 estuvo brillante. Dicen que un toro bueno descubre a un torero no bueno pero este no fue el caso de Luna que cuajó una faena de buenas series, sobre todo, por el lado izquierdo. Le sirvió más que un mes de entrenamiento porque tuvo que ser agotador a la vez que sublime estar ante la cara de ese Espléndido, ¡qué nombre tan simbólico!Y torear con gusto.
La escena final de los seis toreros y el ganadero saludando y recogiendo la cerrada ovación del público fue el colofón de ese, ahora sí, creíbleespectáculo vivido.
Foto 1. Luguillano en un derechazo. Foto Natalia Calvo
Foto 2. Alberto Durán en una preciosa verónica. Foto Natalia Calvo
Foto 3. Los seis toreros al final del espectáculo. Foto Natalia Calvo
Foto 4. El ganadero recibe la ovación del público. Foto Natalia Calvo




















miguel | Martes, 18 de Junio de 2019 a las 15:07:28 horas
Tarde espectacular, solo falto un poco mas de publico para que hubiese sido redonda.
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