POLÍTICA
El enemigo mora dentro del propio partido
Las guerras abiertas en Ciudadanos Zamora y el PSOE provincial demuestran que el enemigo siempre es doméstico y que el rival habita en otra formación política.
Eugenio-Jesús de Ávila
Ciudadanos de Zamora, en plena guerra interna, con intervención, sin duda, de cargos del Partido Popular, que se juegan la Diputación y su modus vivendi secular para los próximos cuatro años. Conspiración interna y participación externa. Mientras, en el PSOE, se reabren las hostilidades, nunca cerradas. Las últimas elecciones provinciales abrieron una herida que se ha vuelto a abrir. La durísima derrota de Antidio Fagúndez en su intento de ser alcalde de Zamora y el triunfo extraordinario de Tomás del Bien, uno de sus potenciales rivales, junto a Huerga, regidor de Benavente, otro político de éxito, reproducen la lucha secular en el seno del PSOE en Zamora. Recuerde el lector cuántos secretarios provinciales cayeron en los últimos años: Carlos Hernández, que desafió al poder establecido en Castilla y León, al derrotar a la candidata oficial, Ana Sánchez, fue el primer dirigente provincial que pagó el desafío a la jerarquía. Como el abogado y funcionario careció de poder en una institución, estaba sentenciado. Antes o después, su cabeza se clavaría en alguno de los pinchos de la rosa socialista. Después, uno a uno, todos fueros defenestrados.
El PP que, en principio, parece sosegado, entrará en conflicto doméstico cuando pierda la Diputación. En ese momento, se desatarán las hostilidades. Los rivales entrarán en batalla. Porque mientras haya qué repartir, los problemas hibernarán. De ahí, la importancia que dan a mandar en el Hospital de la Encarnación entre este 2019 y el 2023. Se entenderá, pues, que altos dirigentes populares participen en las disputas de Cs. Interesa que Lina Santos, novata política, sea la diputada provincial, porque tendrá la Casa Grande de la provincia asegurada otro mandato.
Los grandes partidos, que solo subsisten cuando tienen cargos, trabajos, puestos que repartir entre afiliados, familias y amigos, hayan la paz mientras disfrutan de los placeres del poder institucional. Son formaciones materialistas, nunca espirituales. Las ideologías no importan nada. Se utilizan contra el rival externo, que mora en otros partidos. El enemigo está en casa. El peligro siempre es doméstico.
Sin embargo, Izquierda Unida, un partido con alma, carece de estos problemas. Sus militantes son como caballeros templarios: monjes y guerreros. Nacieron para desfacer entuertos, para vigilar el camino de la política, para poner en solfa la corrupción y las miserias políticas. Solo se discute por la doctrina, nunca por el puesto o el carguete. Alcanzar el poder nunca fue su objetivo. Guarido nunca soñó con ser alcalde. La realidad le sorprendió preparando la oposición al PP. Pero, como se trata de gobernar, lo encontraremos, cual abeja, en sus labores: libando en el néctar de los presupuesto, fabricando miel para alimentar a los ciudadanos de la colmena y ahorrando semillas para tiempos sin flores en el jardín del alma.
Corolario. Existe un problema irresoluble en el seno de los grandes partidos políticos: la difícil convivencia entre los militantes con ideología, tanto conservadores como liberales y socialdemócratas, y los que andan huérfanos de filosofía política, gente hecha para la felonía, para trepar, para asir el poder que, para desgracia de nuestra democracia, suelen imponerse siempre a los idealistas. Empírico. Se halla en la historia. No va más.
Eugenio-Jesús de Ávila
Ciudadanos de Zamora, en plena guerra interna, con intervención, sin duda, de cargos del Partido Popular, que se juegan la Diputación y su modus vivendi secular para los próximos cuatro años. Conspiración interna y participación externa. Mientras, en el PSOE, se reabren las hostilidades, nunca cerradas. Las últimas elecciones provinciales abrieron una herida que se ha vuelto a abrir. La durísima derrota de Antidio Fagúndez en su intento de ser alcalde de Zamora y el triunfo extraordinario de Tomás del Bien, uno de sus potenciales rivales, junto a Huerga, regidor de Benavente, otro político de éxito, reproducen la lucha secular en el seno del PSOE en Zamora. Recuerde el lector cuántos secretarios provinciales cayeron en los últimos años: Carlos Hernández, que desafió al poder establecido en Castilla y León, al derrotar a la candidata oficial, Ana Sánchez, fue el primer dirigente provincial que pagó el desafío a la jerarquía. Como el abogado y funcionario careció de poder en una institución, estaba sentenciado. Antes o después, su cabeza se clavaría en alguno de los pinchos de la rosa socialista. Después, uno a uno, todos fueros defenestrados.
El PP que, en principio, parece sosegado, entrará en conflicto doméstico cuando pierda la Diputación. En ese momento, se desatarán las hostilidades. Los rivales entrarán en batalla. Porque mientras haya qué repartir, los problemas hibernarán. De ahí, la importancia que dan a mandar en el Hospital de la Encarnación entre este 2019 y el 2023. Se entenderá, pues, que altos dirigentes populares participen en las disputas de Cs. Interesa que Lina Santos, novata política, sea la diputada provincial, porque tendrá la Casa Grande de la provincia asegurada otro mandato.
Los grandes partidos, que solo subsisten cuando tienen cargos, trabajos, puestos que repartir entre afiliados, familias y amigos, hayan la paz mientras disfrutan de los placeres del poder institucional. Son formaciones materialistas, nunca espirituales. Las ideologías no importan nada. Se utilizan contra el rival externo, que mora en otros partidos. El enemigo está en casa. El peligro siempre es doméstico.
Sin embargo, Izquierda Unida, un partido con alma, carece de estos problemas. Sus militantes son como caballeros templarios: monjes y guerreros. Nacieron para desfacer entuertos, para vigilar el camino de la política, para poner en solfa la corrupción y las miserias políticas. Solo se discute por la doctrina, nunca por el puesto o el carguete. Alcanzar el poder nunca fue su objetivo. Guarido nunca soñó con ser alcalde. La realidad le sorprendió preparando la oposición al PP. Pero, como se trata de gobernar, lo encontraremos, cual abeja, en sus labores: libando en el néctar de los presupuesto, fabricando miel para alimentar a los ciudadanos de la colmena y ahorrando semillas para tiempos sin flores en el jardín del alma.
Corolario. Existe un problema irresoluble en el seno de los grandes partidos políticos: la difícil convivencia entre los militantes con ideología, tanto conservadores como liberales y socialdemócratas, y los que andan huérfanos de filosofía política, gente hecha para la felonía, para trepar, para asir el poder que, para desgracia de nuestra democracia, suelen imponerse siempre a los idealistas. Empírico. Se halla en la historia. No va más.



















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