PERSPECTIVAS
La decisión de Francisco José Requejo
El líder de Ciudadanos parece más cercano al cambio político en la Diputación que a facilitar, otro mandato más, la gobernanza del PP
Eugenio-Jesús de Ávila
Mientras el PSOE provincial vive su peor crisis política, nunca ideológica, y Francisco José Requejo espera a que el PP –nunca Barrios, su presidente- y los socialistas nombren a personas con poderío para negociar un pacto de gobierno en la Diputación, de lo que también escribiré en lo que va quedando de artículo, el último rumor político cuenta que Clara San Damián dejará su cargo de senadora para que lo recoja su suplente, María Teresa Martín Pozo, y regresará a nuestra ciudad y provincia para tomar la batuta en la Delegación Territorial de la Junta de Castilla y León. Se supone, no obstante, que Igea querrá mandar también en algunas delegaciones provinciales. Como apreciamos, Martín Pozo no se conforma con ser la lideresa del PP en la Corporación Provincial. Incombustible, la señora. ¿Quién la apoya?
A lo que voy, como adelanté en la noche del jueves, día 20 de junio, víspera de la elección del diputado de Ciudadanos, la gobernanza de la institución provincial dependía de quién fuera el ganador, ya Francisco José Requejo o bien Lina Santos. Porque el coordinador de la formación naranja, de forma implícita, prefería llegar a un pacto con PSOE e IU. La concejala de Villaralbo, por lo contrario, apoyada por el diputado nacional José Antonio Bartolomé, y que también contaba con el plácet de Barrios y sus cuates, y así lo escribo porque he conocido material informativo que así lo certifica, evidencia, constata, habría dado su voto al Partido Popular y, de esa manera, a José María Barrios, que puede pasar de tenerlo todo a quedarse sin nada, de profesional de la política a un simple amateur.
Si Requejo fue tan contundente sobre Barrios y su injerencia en las elecciones internas en Ciudadanos, se debió a que el coordinador naranja conocía, al dedillo, los movimientos que personajes del PP, incluido su propio presidente, venían realizando en torno a concejales de Cs desde que se supo que esta formación tendría las llaves de la gobernanza de la Diputación, clave para que el PP resista otros cuatro años y aplique sus conocidas medidas ¿políticas? a lo largo y ancho de este desierto demográfico en el que se está convirtiendo Zamora. El PP, aquí, en nuestra tierra, vivió a cuenta de la institución provincial y también de sus gobiernos en Benavente, Toro, y la propia capital, entre 1995 y 2015, tres mandatos de Vázquez y dos de Valdeón. Con tanto poder institucional, se convirtió en el Dios de Zamora. Medios de comunicación a su servicio, que ahora recularán a la búsqueda de la publicidad perdida; militantes que encontraba acomodo, para siempre en muchos casos, en la función pública, mientras la gente normal preparaba oposiciones años y años sin encontrar un hueco, hasta el punto de tener que emigrar lejos de la geografía provincia, y más y más cosas que ya he contado y que me aburre y me causa náuseas reiterarlas.
Requejo ya ha hecho público su presupuesto para administrar el Hospital de la Encarnación, con el típico mensaje de “abrir las ventanas de par en par y que el ambiente político se purifique”. Por supuesto, que la institución trabaje para nuestra provincia, tan desolada, abandonada y olvidada, y que no que se convierte en un segundo ayuntamiento de la ciudad de Zamora. También adelantó que no quiere hablar con José María Barrios, presidente del PP, por su intromisión en la vida política interna del Cs, pero tampoco se negó a sentarse con otros dirigentes de los populares zamoranos, que lo van a tener muy difícil para convencerlo de que apruebe un gobierno del PP en la Diputación. Ciudadanos solo puede crecer a costa del PP. Lo apunté antes de que Igea traicionase a muchos votantes de la formación naranja: Cs solo se construirá como partido, se fortalecerá políticamente en detrimento de los populares. Si le da más vida a su enemigo natural, morirá víctima de su candidez. Recuerdo lo que le sucedió al CDS de Suárez con Aznar, cuando pacto el gobierno de la Junta, tal y como ahora ha hecho el doctor castellano: desaparición absoluta del panorama político español.
Ciudadanos de Zamora necesita mandar en una gran institución para consolidarse como partido político en nuestra provincia. Los alcaldes del medio rural comprobarán así que votar, en el futuro, candidaturas naranjas procura excelentes rendimientos económicos, culturales y sociales para sus pueblos, mientras un PP inexistente se quedará reducido a su mínima expresión, porque ya no tiene que dar, solo patalear.
El único problema para que la Diputación cambie de gobierno, para que el PP abandone su gobernanza, hallase en la crisis doméstica del PSOE. Nadie les perdonaría a los dirigentes socialistas zamoranos que se perdiese el gobierno de esa institución. Hay una oportunidad única para que nuestra provincia inicie un cierto despegue, después de décadas de gobiernos populares y caciquismos rurales. Hay que olvidar las felonías y llegar a consensos vitales para el futuro de Zamora.
Postdata: Me temo que otro “antorrenazo” podría convertirse en el Motín de la Trucha del siglo XXI. Al loro.
Eugenio-Jesús de Ávila
Mientras el PSOE provincial vive su peor crisis política, nunca ideológica, y Francisco José Requejo espera a que el PP –nunca Barrios, su presidente- y los socialistas nombren a personas con poderío para negociar un pacto de gobierno en la Diputación, de lo que también escribiré en lo que va quedando de artículo, el último rumor político cuenta que Clara San Damián dejará su cargo de senadora para que lo recoja su suplente, María Teresa Martín Pozo, y regresará a nuestra ciudad y provincia para tomar la batuta en la Delegación Territorial de la Junta de Castilla y León. Se supone, no obstante, que Igea querrá mandar también en algunas delegaciones provinciales. Como apreciamos, Martín Pozo no se conforma con ser la lideresa del PP en la Corporación Provincial. Incombustible, la señora. ¿Quién la apoya?
A lo que voy, como adelanté en la noche del jueves, día 20 de junio, víspera de la elección del diputado de Ciudadanos, la gobernanza de la institución provincial dependía de quién fuera el ganador, ya Francisco José Requejo o bien Lina Santos. Porque el coordinador de la formación naranja, de forma implícita, prefería llegar a un pacto con PSOE e IU. La concejala de Villaralbo, por lo contrario, apoyada por el diputado nacional José Antonio Bartolomé, y que también contaba con el plácet de Barrios y sus cuates, y así lo escribo porque he conocido material informativo que así lo certifica, evidencia, constata, habría dado su voto al Partido Popular y, de esa manera, a José María Barrios, que puede pasar de tenerlo todo a quedarse sin nada, de profesional de la política a un simple amateur.
Si Requejo fue tan contundente sobre Barrios y su injerencia en las elecciones internas en Ciudadanos, se debió a que el coordinador naranja conocía, al dedillo, los movimientos que personajes del PP, incluido su propio presidente, venían realizando en torno a concejales de Cs desde que se supo que esta formación tendría las llaves de la gobernanza de la Diputación, clave para que el PP resista otros cuatro años y aplique sus conocidas medidas ¿políticas? a lo largo y ancho de este desierto demográfico en el que se está convirtiendo Zamora. El PP, aquí, en nuestra tierra, vivió a cuenta de la institución provincial y también de sus gobiernos en Benavente, Toro, y la propia capital, entre 1995 y 2015, tres mandatos de Vázquez y dos de Valdeón. Con tanto poder institucional, se convirtió en el Dios de Zamora. Medios de comunicación a su servicio, que ahora recularán a la búsqueda de la publicidad perdida; militantes que encontraba acomodo, para siempre en muchos casos, en la función pública, mientras la gente normal preparaba oposiciones años y años sin encontrar un hueco, hasta el punto de tener que emigrar lejos de la geografía provincia, y más y más cosas que ya he contado y que me aburre y me causa náuseas reiterarlas.
Requejo ya ha hecho público su presupuesto para administrar el Hospital de la Encarnación, con el típico mensaje de “abrir las ventanas de par en par y que el ambiente político se purifique”. Por supuesto, que la institución trabaje para nuestra provincia, tan desolada, abandonada y olvidada, y que no que se convierte en un segundo ayuntamiento de la ciudad de Zamora. También adelantó que no quiere hablar con José María Barrios, presidente del PP, por su intromisión en la vida política interna del Cs, pero tampoco se negó a sentarse con otros dirigentes de los populares zamoranos, que lo van a tener muy difícil para convencerlo de que apruebe un gobierno del PP en la Diputación. Ciudadanos solo puede crecer a costa del PP. Lo apunté antes de que Igea traicionase a muchos votantes de la formación naranja: Cs solo se construirá como partido, se fortalecerá políticamente en detrimento de los populares. Si le da más vida a su enemigo natural, morirá víctima de su candidez. Recuerdo lo que le sucedió al CDS de Suárez con Aznar, cuando pacto el gobierno de la Junta, tal y como ahora ha hecho el doctor castellano: desaparición absoluta del panorama político español.
Ciudadanos de Zamora necesita mandar en una gran institución para consolidarse como partido político en nuestra provincia. Los alcaldes del medio rural comprobarán así que votar, en el futuro, candidaturas naranjas procura excelentes rendimientos económicos, culturales y sociales para sus pueblos, mientras un PP inexistente se quedará reducido a su mínima expresión, porque ya no tiene que dar, solo patalear.
El único problema para que la Diputación cambie de gobierno, para que el PP abandone su gobernanza, hallase en la crisis doméstica del PSOE. Nadie les perdonaría a los dirigentes socialistas zamoranos que se perdiese el gobierno de esa institución. Hay una oportunidad única para que nuestra provincia inicie un cierto despegue, después de décadas de gobiernos populares y caciquismos rurales. Hay que olvidar las felonías y llegar a consensos vitales para el futuro de Zamora.
Postdata: Me temo que otro “antorrenazo” podría convertirse en el Motín de la Trucha del siglo XXI. Al loro.



















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