Eugenio de Ávila
Jueves, 04 de Julio de 2019
PERSPECTIVAS

El político: el gran enemigo del pueblo español

Eugenio-Jesús de Ávila

[Img #28207]En estas encuestas que nos regala Tezanos, ese intelectual del PSOE, muy conservador, pues, me gustó, al margen de esas carreras hacia las urnas de los partidos políticos, que los españoles consideren ya a los políticos como el segundo de sus problemas. El primero, por supuesto, el paro. Pero el desempleo también se debe a los politicastros que nos gobiernan o desgobiernan.

Ninguno de los líderes de los grandes partidos con representación en las Cortes aprueba. El mejor, Pedro Sánchez, que cada día se me parece más a un galán de telenovela. Raspa el aprobado. Nada extraño. Él es el tuerto en una democracia de ciegos. Por supuesto, el presidente en funciones ni es obrero ni conoce cómo las pasan putas los parados. Ni tampoco el otro izquierdista, al que yo creí, en su día, pura ingenuidad, que se convertiría en el Prometeo de la democracia, tiene callos en las manos. Quizá en el alma, por haber conducido al movimiento del 15-M al aburguesamiento, al cauce de este río de la falsa democracia, pervirtiendo su verdadero sentido. Todo es mentira a la siniestra y todo es tal cual a la diestra. El centro no existe. Ese espacio suelen ocuparlo los cobardes. En España, menos los monstruos de Bildu, todos son de derechas. Alguno con aroma a fascismo y nacionalsocialismo: PNV y las bandas catalanas. La gente tiene lo que se merece. Yo, también. No dejo de ser vulgo.

Sostengo que esta nación necesita imperiosamente profundizar en su democracia. No se trata ahora de girar a la derecha o hacia la izquierda, más bien de buscar lo esencial en un sistema presidido por la libertad y la igualdad. Unos y otros han esquilmado al Estado al máximo. La ubre ya no da más leche. Las pensiones peligran. Pedro Sánchez gobierna con presupuesto del PP y no ha cambiado lo que tanto criticó en la oposición: La Ley de Reforma Laboral de Rajoy.

Existe un problema esencial en España: no hay demócratas. La izquierda, que no se parece a la europea, creyó, incauta, que los secesionistas eran y son demócratas. ¡Me hacéis reír don Gonzalo! Urge cambiar la Ley Electoral para que los enemigos de la democracia, de este débil sistema de libertades, no decidan, no chantajeen a 45 millones de españoles que se sienten…españoles. En esta nación viven unos dos millones de personas, nacidas en nuestra geografía, que, además de no considerarse españoles, quieren la destrucción de España. Unos fueron terroristas, de filiación marxista, estalinista, con un toque racista, la ETA, ahora transformada en Bildu; otros son racistas, como los discípulos de Sabino Arana, los del Prat de la Riva y toda esa amalgama de formaciones catalanas.

Pues ese par de millones, por la cobardía de PSOE y PP, antes y ahora, y cierta complicidad de la extrema izquierda española, con las mismas raíces ideológica de los hijos de ETA, decide quién administra el Estado y quien no, todo a cambio de privilegios fiscales extraordinarios. Usted, si es zamorano, viaje al País Vasco y a Cataluña, recorra sus pueblos del interior, no ya los de la costa, y recuerde nuestros pueblos alistanos, sayagueses, sanabreses, del Pan y del Vino y compare. No existe equidad en el reparto, ni socialismo ni zarandajas.

Los grandes latifundios extremeños y andaluces, en manos de la aristocracia y alta burguesía perduran en el tiempo. El PSOE, que ha dominado esas dos comunidades durante todo el periodo democrático, mantuvo también en manos de duques, marqueses y condes enormes territorios sin explotar para beneficio del pueblo. Para silenciar a la gente humilde y sencilla se creó el PER. Las subvenciones solo sirven para desmotivar y desideologizar a las capas más desfavorecidas de la sociedad y transformarlas en lacayas, serviles, marionetas de los políticos.

Amo la política, pero me causan náuseas nuestros políticos, que alcanzaron tal grado de mediocridad, tal brillantez en la mentira, hasta el punto de transformarla en verdad; tal dominio del disfraz ideológico, enorme control de los medios de comunicación, que convirtieron España en un descomunal  redil.

Lo dije un día, durante un acto de Viriatos de Zamora, y lo reitero y escribo ahora: “El político es el gran enemigo del pueblo”. Ahora bien: el administrador de la res pública no es extraterrestre, sin que emana de nuestra sociedad, que camina, sin detenerse, hasta el abismo de la amoralidad.

 

 

 

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