PERSPECTIVAS
Pedro Sánchez y la historia
Eugenio-Jesús de Ávila
Intuyo que Pedro Sánchez no ha leído a Manuel Azaña. De haber dedicado un cierto esfuerzo, un tiempo importante a la figura del último presidente de la II República no habría ido meses atrás a Montauban (Francia) a rendirle homenaje, como si él fuera el verdadero sucesor del gran político español. Porque el diálogo con la ultraderecha catalana, esencialmente racista, convencida de su superioridad étnica sobre el resto de los españoles, me parece una traición a don Manuel. Recordemos. Historia. No solo memoria. Ya lo he transcrito en distintos artículos sobre la actualidad política y social de nuestra patria. Lo reitero una vez más. Dicho en plena Guerra Civil, en clara referencia a los separatistas catalanes: “Yo nunca he sido patriotero. Pero ante estas cosas me indigno. Y si esas gentes van a descuartizar a España, prefiero a Franco. Con Franco ya nos entenderíamos nosotros, o nuestros hijos o quien fuere. Pero esos hombres son inaguantables. Acabarían por dar la razón a Franco. Y mientras, venga poderes, dinero y más dinero".
Y, como el secretario general del PSOE tampoco sabrá nada de Negrín, he considerado tirar, de nuevo, de la historia. Veamos lo que dijo el doctor canario y presidente del gobierno republicano sobre los separatistas catalanes, con los que tanto gusta negociar Sánchez, con los que ha gobernado durante sus casi nueve meses -¡Qué parto!- de gobernanza desde La Moncloa y aspira a seguir administrando el Estado, más la ultraizquierda y los racistas marxistas vascos. Lea: “No estoy haciendo la guerra contra Franco para que nos retoñe en Barcelona un separatismo estúpido y pueblerino. De ninguna manera. Estoy haciendo la guerra por España y para España. Por su grandeza y para su grandeza. Se equivocan gravemente los que otra cosa supongan. No hay más que una nación: ¡España! No se puede consentir esta sorda y persistente campaña separatista, y tiene que ser cortada de raíz. Nadie se interesa tanto como yo por las peculiaridades de su tierra; amo entrañablemente todas las que se refieren a Canarias y no desprecio sino que exalto las que poseen otras regiones, pero por encima de todas esas peculiaridades, España”.
No haría mal en leer a Besteiro, el más grande entre todos los socialistas de la II República, personalidad política que advirtió de lo que se nos venía encima en 1936: “Estáis envenenando la conciencia de los trabajadores con una propaganda falsa, que solo puede llevar a un baño de sangre y luego a luchas entre las propias izquierdas." Y, para la desgracia de España, su advertencia resultó profética y fatídica.
Y voy a colocar también algo de Largo Caballero, que resulta muy instructivo: “"Quiero decirles a las derechas que si triunfamos colaboraremos con nuestros aliados; pero si triunfan las derechas nuestra labor habrá de ser doble, colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la Guerra Civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros lo realizamos." Y otro pensamiento del Lenin español que descubre su talante democrático: “La clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la Revolución."
No me invento nada. Pura historia. Otros que añadan lo de memoria. Pedro Sánchez, si quiere salvar su carrera política, tiene que estudiar un poco de historia, y aprenderá que el PSOE del siglo XXI ya no es marxista, ni tiene nada que ver con Largo Caballero, y que la figura a la que imitar se llamó Julián Besteiro.
¿Cuál es el problema del PSOE sanchista? Quizá crea que otro Frente Popular acabaría con los problemas de España. Europa ahora no consentiría una revolución marxista. Tampoco vive Stalin. Hitler y Mussolini solo son historia. Y no hay posibilidad de repetirla.
Concluyo con una reflexión de Azaña, que Sánchez debería digerir, metabolizar y aprender: “Os permito, tolero, admito, que no os importe la República, pero no que no os importe España. El sentido de la Patria no es un mito”.
Intuyo que Pedro Sánchez no ha leído a Manuel Azaña. De haber dedicado un cierto esfuerzo, un tiempo importante a la figura del último presidente de la II República no habría ido meses atrás a Montauban (Francia) a rendirle homenaje, como si él fuera el verdadero sucesor del gran político español. Porque el diálogo con la ultraderecha catalana, esencialmente racista, convencida de su superioridad étnica sobre el resto de los españoles, me parece una traición a don Manuel. Recordemos. Historia. No solo memoria. Ya lo he transcrito en distintos artículos sobre la actualidad política y social de nuestra patria. Lo reitero una vez más. Dicho en plena Guerra Civil, en clara referencia a los separatistas catalanes: “Yo nunca he sido patriotero. Pero ante estas cosas me indigno. Y si esas gentes van a descuartizar a España, prefiero a Franco. Con Franco ya nos entenderíamos nosotros, o nuestros hijos o quien fuere. Pero esos hombres son inaguantables. Acabarían por dar la razón a Franco. Y mientras, venga poderes, dinero y más dinero".
Y, como el secretario general del PSOE tampoco sabrá nada de Negrín, he considerado tirar, de nuevo, de la historia. Veamos lo que dijo el doctor canario y presidente del gobierno republicano sobre los separatistas catalanes, con los que tanto gusta negociar Sánchez, con los que ha gobernado durante sus casi nueve meses -¡Qué parto!- de gobernanza desde La Moncloa y aspira a seguir administrando el Estado, más la ultraizquierda y los racistas marxistas vascos. Lea: “No estoy haciendo la guerra contra Franco para que nos retoñe en Barcelona un separatismo estúpido y pueblerino. De ninguna manera. Estoy haciendo la guerra por España y para España. Por su grandeza y para su grandeza. Se equivocan gravemente los que otra cosa supongan. No hay más que una nación: ¡España! No se puede consentir esta sorda y persistente campaña separatista, y tiene que ser cortada de raíz. Nadie se interesa tanto como yo por las peculiaridades de su tierra; amo entrañablemente todas las que se refieren a Canarias y no desprecio sino que exalto las que poseen otras regiones, pero por encima de todas esas peculiaridades, España”.
No haría mal en leer a Besteiro, el más grande entre todos los socialistas de la II República, personalidad política que advirtió de lo que se nos venía encima en 1936: “Estáis envenenando la conciencia de los trabajadores con una propaganda falsa, que solo puede llevar a un baño de sangre y luego a luchas entre las propias izquierdas." Y, para la desgracia de España, su advertencia resultó profética y fatídica.
Y voy a colocar también algo de Largo Caballero, que resulta muy instructivo: “"Quiero decirles a las derechas que si triunfamos colaboraremos con nuestros aliados; pero si triunfan las derechas nuestra labor habrá de ser doble, colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la Guerra Civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros lo realizamos." Y otro pensamiento del Lenin español que descubre su talante democrático: “La clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la Revolución."
No me invento nada. Pura historia. Otros que añadan lo de memoria. Pedro Sánchez, si quiere salvar su carrera política, tiene que estudiar un poco de historia, y aprenderá que el PSOE del siglo XXI ya no es marxista, ni tiene nada que ver con Largo Caballero, y que la figura a la que imitar se llamó Julián Besteiro.
¿Cuál es el problema del PSOE sanchista? Quizá crea que otro Frente Popular acabaría con los problemas de España. Europa ahora no consentiría una revolución marxista. Tampoco vive Stalin. Hitler y Mussolini solo son historia. Y no hay posibilidad de repetirla.
Concluyo con una reflexión de Azaña, que Sánchez debería digerir, metabolizar y aprender: “Os permito, tolero, admito, que no os importe la República, pero no que no os importe España. El sentido de la Patria no es un mito”.




















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