NOCTURNOS
Un amor ridículo
Se puede vivir sin que te amen. Pero yo no sabría vivir sin amar. He amado poco. He vivido, pues, muchos años sin saber en qué consistía la vida. Ahora, desde que la conozco, me siento joven en mi cercana vejez; sonrío como un bebé en la cuna cuando me cuenta sus cosas, me relata sus gracias. Y lo expreso con tremenda sinceridad, con una extraña tristeza, porque amo a quien no me ama.
Quizá he perdido la escasa sustancia gris que se aloja en mi jibarizado cerebro. Porque, lo lógico, lo que todo el mundo exige para amar, es que le ame quién ama. De gente descerebrada, hay que esperar lo irracional, lo misterioso, la inexplicable, lo esotérico.
Acaso me he convertido en un badulaque. ¿Seré un varón sin juicio? Si le contase a mi mamá, que hoy ha cumplido años, que me he enamorado de una dama que no siente nada por mí, ni tan si quiera pena, pensaría que su primogénito padece alguna enfermedad mental que, hasta la fecha, no había reconocido.
Yo podría vivir sin apenas comer, sin escribir, sin mentir, sin decir la verdad, pero si no existiera Carlota, yo ya no viviría o sería un muerto que respirase, que caminase con los ojos abiertos; un árbol desnudo, sin hojas, sin nidos, sin poder para dar sombra a los enamorados. Yo vivo por ella. De una manera ridícula, pero la amo, tanto que, hasta sus desprecios me nutren, me alimentan, me dan vida para morirme sin ganas.
Soy el protagonista de un amor cretino. Soy una pasión inútil. Soy un estólido que ama a quien ni sabe pronunciar mi nombre.
Se puede vivir sin que te amen. Pero yo no sabría vivir sin amar. He amado poco. He vivido, pues, muchos años sin saber en qué consistía la vida. Ahora, desde que la conozco, me siento joven en mi cercana vejez; sonrío como un bebé en la cuna cuando me cuenta sus cosas, me relata sus gracias. Y lo expreso con tremenda sinceridad, con una extraña tristeza, porque amo a quien no me ama.
Quizá he perdido la escasa sustancia gris que se aloja en mi jibarizado cerebro. Porque, lo lógico, lo que todo el mundo exige para amar, es que le ame quién ama. De gente descerebrada, hay que esperar lo irracional, lo misterioso, la inexplicable, lo esotérico.
Acaso me he convertido en un badulaque. ¿Seré un varón sin juicio? Si le contase a mi mamá, que hoy ha cumplido años, que me he enamorado de una dama que no siente nada por mí, ni tan si quiera pena, pensaría que su primogénito padece alguna enfermedad mental que, hasta la fecha, no había reconocido.
Yo podría vivir sin apenas comer, sin escribir, sin mentir, sin decir la verdad, pero si no existiera Carlota, yo ya no viviría o sería un muerto que respirase, que caminase con los ojos abiertos; un árbol desnudo, sin hojas, sin nidos, sin poder para dar sombra a los enamorados. Yo vivo por ella. De una manera ridícula, pero la amo, tanto que, hasta sus desprecios me nutren, me alimentan, me dan vida para morirme sin ganas.
Soy el protagonista de un amor cretino. Soy una pasión inútil. Soy un estólido que ama a quien ni sabe pronunciar mi nombre.


















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.105