NOCTURNOS
Polvo enamorado: 2019
Eugenio-Jesús de Ávila
A mis años, solo puedo darte verbos en subjuntivo, ternura lírica y besos de palabras en tus deseantes y deseados labios. Ahora, después de alcanzar la licenciatura en sexo, me he doctorado en el arte de amar. Antaño, fui alumno aventajado, pero nunca supe distinguir entre amor y sexo, si ambas eran una misma asignatura o dos materias dispares.
Mi experiencia en estas facultades me permite afirmar que amé con sumo sexo, pero también encontré el placer sin necesidad de sentirme enamorado. Sostengo que amar a una mujer, fundirte con su alma a través del sexo, podría ser la esencia de ese cielo incomprensible, de ese paraíso religioso.
Quizá, el sexo sin seso, la cópula sin versos, te conduce al tedio, al hastío. Si bien tampoco hiere el alma cuando se rompe ese vínculo del hedonismo entre los amantes. Pero si amas más allá del sabor de la carne, del tacto de la piel, perder a esa mujer te provoca una quiebra interior que intentarás reparar, suturar, curar durante el resto de tu vida, pero, aunque intentes huir de ti mismo, nunca lo conseguirás.
Hay amores y amoríos. Aquellos te acompañan hasta el último suspiro, hasta el susurro ininteligible. Los otros se olvidan con más sexo. Si has amado, recordarás a esa mujer por su clase, talento, inteligencia, belleza y apenas por vuestros ayuntamientos.
Después del placer, el vacío se apodera de tus adentros. Pero el amor nunca se harta de amar. Yo he conocido cómo se aman todavía más allá de la muerte. Quevedo lo dejó escrito: el polvo enamorado, el polvo inmortal. El otro polvo se limpia con la bayeta del olvido, con el plumero del vacío.
A mis años, solo puedo darte verbos en subjuntivo, ternura lírica y besos de palabras en tus deseantes y deseados labios. Ahora, después de alcanzar la licenciatura en sexo, me he doctorado en el arte de amar. Antaño, fui alumno aventajado, pero nunca supe distinguir entre amor y sexo, si ambas eran una misma asignatura o dos materias dispares.
Mi experiencia en estas facultades me permite afirmar que amé con sumo sexo, pero también encontré el placer sin necesidad de sentirme enamorado. Sostengo que amar a una mujer, fundirte con su alma a través del sexo, podría ser la esencia de ese cielo incomprensible, de ese paraíso religioso.
Quizá, el sexo sin seso, la cópula sin versos, te conduce al tedio, al hastío. Si bien tampoco hiere el alma cuando se rompe ese vínculo del hedonismo entre los amantes. Pero si amas más allá del sabor de la carne, del tacto de la piel, perder a esa mujer te provoca una quiebra interior que intentarás reparar, suturar, curar durante el resto de tu vida, pero, aunque intentes huir de ti mismo, nunca lo conseguirás.
Hay amores y amoríos. Aquellos te acompañan hasta el último suspiro, hasta el susurro ininteligible. Los otros se olvidan con más sexo. Si has amado, recordarás a esa mujer por su clase, talento, inteligencia, belleza y apenas por vuestros ayuntamientos.
Después del placer, el vacío se apodera de tus adentros. Pero el amor nunca se harta de amar. Yo he conocido cómo se aman todavía más allá de la muerte. Quevedo lo dejó escrito: el polvo enamorado, el polvo inmortal. El otro polvo se limpia con la bayeta del olvido, con el plumero del vacío.


















Anonima | Viernes, 19 de Julio de 2019 a las 00:22:20 horas
El sexo con seso, la cópula con verso. Los mejores amores mientras duran. Me alegro de haberme atrevido.
Accede para votar (0) (0) Accede para responder