ZAMORANA
Cuestiones sin respuesta
Mª Soledad Martín Turiño
¿Dónde prefieres pasar tus vacaciones: en el mar o en la montaña?
¿Eres creyente o agnóstico?
¿A quién cogerías de la mano para alejarte del mundanal ruido y perderte en otra dimensión eternamente?
A veces me carcomen estas y muchas otras dudas que despiertan una ambivalencia discutible cuando la respuesta debería ser clara y concreta, sin vacilaciones, pero es que me gusta sopesar y decidirme entre opciones diferentes, incluso por aquellas que, en principio, pudieran resultar heterogéneas o claramente disparejas a mi modo de pensar. De la misma forma que no milito en un partido político, ni soy fiel a un grupo musical, un autor literario o un director de cine, por poner algún ejemplo, si bien tengo unas ideas claras con respecto a todo, no me va la exclusividad. Creo que la mejor manera de ser libre es elegir sin ataduras por las que haya que pagar un peaje de entre las que haya, las más convenientes.
Quienes ya tenemos una edad hemos sufrido una educación con bastantes trabas, sin planteamientos, sin elecciones… de manera que había que acatar lo establecido y no replantearse más de lo necesario, so pena de pagar las consecuencias de un exilio, encarcelamiento y represión a todos los niveles; eso lo saben los disidentes que tuvieron que irse de España para ser libres de pensar, expresarse, escribir y, en definitiva, vivir.
En la actualidad no hemos avanzado mucho, veo la sociedad muy mediatizada: o eres del Barcelona o del Madrid, católico o agnóstico, de derechas o izquierdas, clásico o moderno… parece que no haya un término medio o un abanico de opciones más amplio al que poder adherirse; supongo que no son sino reminiscencias de un pasado clasificatorio que no hemos sabido enmendar. Por fortuna en algo hemos ganado y es que a quien va a contracorriente no se le señala, percibimos una multiculturalidad que va más allá de las apariencias externas y ya a casi nadie sorprende.
Volviendo a las primeras cuestiones que planteaban hace unos días en un programa de radio de esos que solo se escuchan en verano y sirven para entretener con cuestiones simples, refrescantes y muy propias de la estación, me dio por pensar que existen demasiadas etiquetas, formulismos y protocolos que nos cierran las posibilidades ante opciones varias para elegir solo una que concuerde más adecuadamente con nuestra forma de pensar. Me parece un error; creo que para crecer como personas es necesario abrir, ampliar, experimentar y tener todas las elecciones a nuestro alcance, sin militancias férreas que solo obstruyen posibilidades nuevas. Educar a los niños en esta premisa sería una forma de desmantelar prejuicios, para que ya de adultos puedan abarcar las alternativas que este mundo inmenso propone.
Mª Soledad Martín Turiño
¿Dónde prefieres pasar tus vacaciones: en el mar o en la montaña?
¿Eres creyente o agnóstico?
¿A quién cogerías de la mano para alejarte del mundanal ruido y perderte en otra dimensión eternamente?
A veces me carcomen estas y muchas otras dudas que despiertan una ambivalencia discutible cuando la respuesta debería ser clara y concreta, sin vacilaciones, pero es que me gusta sopesar y decidirme entre opciones diferentes, incluso por aquellas que, en principio, pudieran resultar heterogéneas o claramente disparejas a mi modo de pensar. De la misma forma que no milito en un partido político, ni soy fiel a un grupo musical, un autor literario o un director de cine, por poner algún ejemplo, si bien tengo unas ideas claras con respecto a todo, no me va la exclusividad. Creo que la mejor manera de ser libre es elegir sin ataduras por las que haya que pagar un peaje de entre las que haya, las más convenientes.
Quienes ya tenemos una edad hemos sufrido una educación con bastantes trabas, sin planteamientos, sin elecciones… de manera que había que acatar lo establecido y no replantearse más de lo necesario, so pena de pagar las consecuencias de un exilio, encarcelamiento y represión a todos los niveles; eso lo saben los disidentes que tuvieron que irse de España para ser libres de pensar, expresarse, escribir y, en definitiva, vivir.
En la actualidad no hemos avanzado mucho, veo la sociedad muy mediatizada: o eres del Barcelona o del Madrid, católico o agnóstico, de derechas o izquierdas, clásico o moderno… parece que no haya un término medio o un abanico de opciones más amplio al que poder adherirse; supongo que no son sino reminiscencias de un pasado clasificatorio que no hemos sabido enmendar. Por fortuna en algo hemos ganado y es que a quien va a contracorriente no se le señala, percibimos una multiculturalidad que va más allá de las apariencias externas y ya a casi nadie sorprende.
Volviendo a las primeras cuestiones que planteaban hace unos días en un programa de radio de esos que solo se escuchan en verano y sirven para entretener con cuestiones simples, refrescantes y muy propias de la estación, me dio por pensar que existen demasiadas etiquetas, formulismos y protocolos que nos cierran las posibilidades ante opciones varias para elegir solo una que concuerde más adecuadamente con nuestra forma de pensar. Me parece un error; creo que para crecer como personas es necesario abrir, ampliar, experimentar y tener todas las elecciones a nuestro alcance, sin militancias férreas que solo obstruyen posibilidades nuevas. Educar a los niños en esta premisa sería una forma de desmantelar prejuicios, para que ya de adultos puedan abarcar las alternativas que este mundo inmenso propone.
Mª Soledad Martín Turiño




















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