ME QUEDA LA PALABRA
La zahúrda política
Eugenio-Jesús de Ávila
Las izquierdas –hay, al menos siete, como demostró el gran Gustavo Bueno- necesitan una derecha para posicionarse en un espacio ideológico. La gente que milita en partidos de izquierda toma esa opción más por odio a la derecha que por amor al marxismo, socialismo, anarquismo…Como los seguidores del Barça, más felices por las derrota del Real Madrid que por los éxitos azulgranas.
Dentro de las izquierdas, se desarrolla una batalla ideológica por ser más ultra. Un tío de Podemos se considera más a la siniestra que uno del PSOE. Los de Bildu, herederos, hijos y hermanos dela banda ETA, son lo más de lo más de la izquierda, el néctar del marxismo ensangretado. Pero todo poder tiende a tomar las instituciones para conservarlas, administrarlas, en definitiva, dirigirlas y, por supuesto, nunca abandonarlas. El poder siempre es conservador. Desarrolla todo tipo de leyes, normas, dictaduras, represalias, terror para mantenerse en la cúspide de la pirámide político-social.
La gente de muy izquierda toma la sociedad como el químico en el laboratorio: ensaya con los seres humanos para hallar la civilización, la ciudad, la región, la nación perfecta. Todos iguales, menos la nomenklatura. Empírico. Estos procesos conducen siempre a las dictaduras comunistas, nacionalsocialistas, fascistas. El Estado siempre y todo dentro del Estado, hasta los insectos pasan a ser funcionarios, porque también hay ciencia, según Lenin, de izquierdas y de derechas. El franquismo, hasta que llegó el opus al poder, los tecnócratas, los López, fue un régimen estatalista. No se hablaba de la patria ni de la nación, sino del Estado. El individuo no existe, pasa a ser un número, una hormiga, una abaje en la colmena. Solo vale el hormiguero, el enjambre, la masa.
Los partidos de derechas se avergüenzan de serlo. Nunca han sabido lo que son, pero sí lo que no son: de izquierdas. Cada cual va a lo suyo: vivir del cuento político, reptar ante el jerarca para mantener escaño en el Senado, Congreso, Cortes autonómicas. Los militantes de la derecha, salvo excepciones que vienen a confirman la regla, necesitan la política para creer que son algo, cuando apenas son polvo de nada.
Todos, no obstante, salvo alguna excepción, aplican políticas económicas socialdemócratas, que no son otra cosa que el comunismo puesto en valor en sistema democráticos burgueses. Montoro ha sido el ministro de Hacienda que ejecutó políticas fiscales más duras, propias de un dirigente socialista radical. Había que sanear el Estado después del paso de ese loco de las cejas, el de que la tierra es del viento y otras zarandajas. Y lo hizo a la manera de las izquierdas, nunca de las liberales. No existe el neoliberalismo, porque nunca se dio sobre la faz de la tierra el liberalismo. Políticas arancelarias de Trump o de la Unión Europea.
El personal de izquierdas asocia a los partidos de derecha con los ricos, con los sectarios, con los explotadores, con los caciques, con los empresarios, culpables de todos los males. En España, sin ir más lejos, hay más ricos que pobres, porque las formaciones conservadores, de centro, recibieron más votos que las izquierdas en las últimas legislativas. Me alegro mucho que haya tantos millonarios en nuestro país, o lo que sea esto que se llama España.
Herederos de grandes empresarios españoles, que facilitaron el golpe de Franco acabaron siendo accionistas de Prisa cuando la democracia. El propio Polanco se sentía orgulloso de su pasado falangista. Normal. El socialismo en un solo país, el fascismo. Pero la gente de izquierdas, como los católicos, comulga con ruedas de molino ideológicas que reparten los sacerdotes del poder.
Ahora, se trata de saber, como un acertijo infantil, si Podemos es más de izquierdas que el PSOE, si Guarido está más comunista que Pablo Iglesias, si Fagúndez y sus cuates fueron de izquierdas. Me temo que el poder gusta mucho, porque siempre es conservador, y la vida intenta convencer a la muerte de que no tenga prisa, que aquí se está muy bien, más si vives de la res pública. Dios también fue un comunista que ensayó con el género humano para encontrar la sociedad perfecta. De momento, no lo ha conseguido. Ahora descansa. La política es un arte, pura belleza; los políticos la destruyen, la transforman en una zahúrda.
Las izquierdas –hay, al menos siete, como demostró el gran Gustavo Bueno- necesitan una derecha para posicionarse en un espacio ideológico. La gente que milita en partidos de izquierda toma esa opción más por odio a la derecha que por amor al marxismo, socialismo, anarquismo…Como los seguidores del Barça, más felices por las derrota del Real Madrid que por los éxitos azulgranas.
Dentro de las izquierdas, se desarrolla una batalla ideológica por ser más ultra. Un tío de Podemos se considera más a la siniestra que uno del PSOE. Los de Bildu, herederos, hijos y hermanos dela banda ETA, son lo más de lo más de la izquierda, el néctar del marxismo ensangretado. Pero todo poder tiende a tomar las instituciones para conservarlas, administrarlas, en definitiva, dirigirlas y, por supuesto, nunca abandonarlas. El poder siempre es conservador. Desarrolla todo tipo de leyes, normas, dictaduras, represalias, terror para mantenerse en la cúspide de la pirámide político-social.
La gente de muy izquierda toma la sociedad como el químico en el laboratorio: ensaya con los seres humanos para hallar la civilización, la ciudad, la región, la nación perfecta. Todos iguales, menos la nomenklatura. Empírico. Estos procesos conducen siempre a las dictaduras comunistas, nacionalsocialistas, fascistas. El Estado siempre y todo dentro del Estado, hasta los insectos pasan a ser funcionarios, porque también hay ciencia, según Lenin, de izquierdas y de derechas. El franquismo, hasta que llegó el opus al poder, los tecnócratas, los López, fue un régimen estatalista. No se hablaba de la patria ni de la nación, sino del Estado. El individuo no existe, pasa a ser un número, una hormiga, una abaje en la colmena. Solo vale el hormiguero, el enjambre, la masa.
Los partidos de derechas se avergüenzan de serlo. Nunca han sabido lo que son, pero sí lo que no son: de izquierdas. Cada cual va a lo suyo: vivir del cuento político, reptar ante el jerarca para mantener escaño en el Senado, Congreso, Cortes autonómicas. Los militantes de la derecha, salvo excepciones que vienen a confirman la regla, necesitan la política para creer que son algo, cuando apenas son polvo de nada.
Todos, no obstante, salvo alguna excepción, aplican políticas económicas socialdemócratas, que no son otra cosa que el comunismo puesto en valor en sistema democráticos burgueses. Montoro ha sido el ministro de Hacienda que ejecutó políticas fiscales más duras, propias de un dirigente socialista radical. Había que sanear el Estado después del paso de ese loco de las cejas, el de que la tierra es del viento y otras zarandajas. Y lo hizo a la manera de las izquierdas, nunca de las liberales. No existe el neoliberalismo, porque nunca se dio sobre la faz de la tierra el liberalismo. Políticas arancelarias de Trump o de la Unión Europea.
El personal de izquierdas asocia a los partidos de derecha con los ricos, con los sectarios, con los explotadores, con los caciques, con los empresarios, culpables de todos los males. En España, sin ir más lejos, hay más ricos que pobres, porque las formaciones conservadores, de centro, recibieron más votos que las izquierdas en las últimas legislativas. Me alegro mucho que haya tantos millonarios en nuestro país, o lo que sea esto que se llama España.
Herederos de grandes empresarios españoles, que facilitaron el golpe de Franco acabaron siendo accionistas de Prisa cuando la democracia. El propio Polanco se sentía orgulloso de su pasado falangista. Normal. El socialismo en un solo país, el fascismo. Pero la gente de izquierdas, como los católicos, comulga con ruedas de molino ideológicas que reparten los sacerdotes del poder.
Ahora, se trata de saber, como un acertijo infantil, si Podemos es más de izquierdas que el PSOE, si Guarido está más comunista que Pablo Iglesias, si Fagúndez y sus cuates fueron de izquierdas. Me temo que el poder gusta mucho, porque siempre es conservador, y la vida intenta convencer a la muerte de que no tenga prisa, que aquí se está muy bien, más si vives de la res pública. Dios también fue un comunista que ensayó con el género humano para encontrar la sociedad perfecta. De momento, no lo ha conseguido. Ahora descansa. La política es un arte, pura belleza; los políticos la destruyen, la transforman en una zahúrda.

















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