Emilia Casas
Miércoles, 31 de Julio de 2019
LITERATURA

Paparruchas

Emilia Casas Fernández

[Img #28638]Yo ya sé que si hoy hablara de intimidades, sexo salvaje y desenfrenado, este “post” sería un éxito. También sé que si trajera consejos sobre seducción científica, con un poco de suerte rompería internet. Pero al final, si quiero hablar sobre estas cuestiones acabo siempre hablando sobre el amor. En fin... Quizá sea porque el calentamiento global ha hecho cada vez más difícil que crezcan mariposas en mi estómago. O quizá sea, sencillamente, porque hablar sobre ello es hablar de las partes más frágiles de uno mismo. Sea el motivo que sea, vamos a darle “cañita” al tema.

“Sin ti no soy nada” es una conocida canción de Amaral. También sería un acertado título para un libro que versara sobre una de las maneras más destructivas de relacionarse con la pareja: la “codependencia emocional”. Una forma de entregarse al otro que, en el imaginario romántico, se entiende como el amor más grandioso. Tan grandioso que supone la autoinmolación.

A través del amor romántico se ha creado la idea en el imaginario colectivo de que somos seres incompletos que vagamos a lo largo de nuestra existencia para encontrar una pareja, para encontrar ese amor verdadero que nos complete y de sentido a nuestra vida y por ello debemos hacer todo lo posible por mantener el amor incluso cuando es dañino para nosotros ¡paparruchas!. Está claro que las dinámicas generadas dentro de las relaciones de amor romántico siguen siendo, por desgracia, nuestro pan de cada día. El romanticismo con el que se habla del destino es maravilloso y no hay ningún problema con él cuando uno se refiere al mismo de manera simbólica, desde la más pura poesía y el enamoramiento. Eso sí, cuando se deja en las manos del destino toda la capacidad de decidir, inutilizando al sujeto y poniendo toda la responsabilidad en él... debemos hacer un parón y reflexionar.

El amor es querer a alguien libre y compartir con esa persona la vida, pero desde el ser uno mismo, no es ser dos personas que formen un uno, es poder pensar diferente, ser diferente, que gusten cosas diferentes pero que haya puntos en común.

En muchas ocasiones, el amor romántico está ligado a la idea de que uno sufre cuando ama, como si fuera algo que va inscrito en el querer a otra persona pero no es real. Puede haber altibajos en las relaciones, desencuentros y alguna que otra discusión pero el amor no ha de ser sufrimiento. El que bien os quiere os hará reír, llorar de felicidad, os invitará a soñar, a volar, os motivará a conseguir vuestros objetivos personales, a ver y vivir la vida con más intensidad, pero el que bien os quiere no os hará sufrir.

El principal problema de los mitos de amor románticos es que son aceptados en su conjunto por una gran parte de la población. Aceptar estos mitos en conjunto hace que la visión de lo que es el amor esté distorsionada, y que esta forma de amor conduzca a justificar y aceptar comportamientos que en condiciones normales no serían aceptables. Entender el ideal del amor siguiendo estos mitos supone rechazar la idea de que tener pareja es una elección personal (y no un requisito para ser feliz) y vivir con la creencia de que la relación de pareja es lo que da sentido a la vida de la persona. Muchos ponen en práctica eso de que el amor tiene que ser incondicional, pienso diferente porque “el amor también tiene condiciones”. Todo en esta vida tiene unos límites, y una vez éstos se sobrepasan estamos ya en otro tipo de contexto.

La influencia de estos mitos impide que se desarrollen relaciones de pareja basadas en la libertad, el respeto y el amor por uno mismo, y facilitan el desarrollo de relaciones con altos factores de riesgo relacionados con la violencia de género. Esto, unido a la dependencia emocional, hace que el abandono o denuncia hacia la pareja sea especialmente complejo, ya que en la dependencia emocional se entrega a la otra persona el control de la persona. El individuo piensa que es el amor y la relación de pareja que tiene lo que da sentido a su vida, y que por tanto, romper la pareja y renunciar al amor es la peor decisión, pensando que lo correcto es vencer cualquier dificultad o cambiar a su pareja (aunque se trate de un maltratador reincidente) ya que “el amor todo lo puede”, y siguiendo estos pensamientos se llega a aceptar que la violencia (física, sexual, o psicológica) y el amor son compatibles, al igual que los celos, la posesión o el control...

Este es un tema que nos daría para mucho ¿por qué? porque el amor romántico es una idea que se asientó en el s.XIX y se empieza a gestar mucho antes. En los s.XII y XIII aparece el llamado “amor cortés” que fue difundido por los trovadores. Este es el concepto literario en el que se basaban las historias que los trovadores contaban sobre amores prohibidos y amantes secretos que tenían lugar entre nobles. Volvamos a nuestro siglo.

Emilia Casas Fernández

 

 

 

 

 

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