ZAMORANA
Vergüenza ajena
Mª Soledad Martín Turiño
Siento vergüenza ajena por el lamentable espectáculo de desgobierno que estamos dando no solo en España, sino por la repercusión mediática que este hecho ha generado en Europa y el resto del mundo. No sé si habrá muchos países serios que se permitan el lujo de no perdonar las vacaciones dejando los asuntos de estado para la vuelta de la playa, como si pudiéramos admitir esas alegrías y, aun así, no pase nada.
El hecho de que llevemos unos presupuestos sin aprobar o un presidente del gobierno sin nombrar sine die parece habernos curado del espanto que debería provocar esta deplorable situación, y entre tanto los ciudadanos de a pie seguimos con nuestras vidas como si no ocurriera nada. El verano es una época proclive a no pensar demasiado porque todos anhelan unos días de ocio en los que olvidarse de los problemas, lo cual le va muy bien a este gobierno en funciones porque nadie le hace frente.
Por otro lado, quienes hemos seguido con interés las dos investiduras fallidas hemos asistido a un espectáculo bochornoso que nunca he visto en gobiernos anteriores. Es cierto que hay que pactar para tener los escaños suficientes, y que deben aunarse fuerzas en teoría contrapuestas y crear alianzas que no se establecerían en otros supuestos y mientras eso se haga con lealtad, con respeto y con explicaciones hasta puede funcionar; lo que no me parece de recibo son los trapicheos, contubernios y hasta soeces descalificaciones que hemos presenciado en el Congreso, una cámara que por el hecho de representar a los ciudadanos debería ser respetada y no convertirse en el escenario de una vulgar pelea de gallos compitiendo y regateando por un ministerio de más y dejando claro que los hay de primera y de segunda, cuando todos deberían ser igualmente importantes para el gobierno que los crea.
Se ha impuesto la falta de respeto, el descrédito del otro, el airear hasta los trapos sucios como si de una conversación porteril se tratara. Estamos muy lejos de escuchar una dialéctica culta, una oratoria respetuosa, un saber dirigirse al otro con la debida compostura…y sus señorías entran en el cuerpo a cuerpo sin ningún pudor.
Luego está el tema de los sueldos. Vivimos en un país con una tasa de paro del 13,6% (cifra del pasado mes de mayo), la mayoría de ellos jóvenes y muchos muy preparados que viven en una situación de precariedad y sin poder planear su futuro mientras a los señores diputados les cae el salario mes a mes sin que hagan nada por merecerlo.
El eslogan “España es diferente” viene muy a cuento de esta situación aunque insisto y creo que hablo en nombre de mucha gente desencantada, en que esta situación es intolerable y personalmente siento vergüenza ajena.
Siento vergüenza ajena por el lamentable espectáculo de desgobierno que estamos dando no solo en España, sino por la repercusión mediática que este hecho ha generado en Europa y el resto del mundo. No sé si habrá muchos países serios que se permitan el lujo de no perdonar las vacaciones dejando los asuntos de estado para la vuelta de la playa, como si pudiéramos admitir esas alegrías y, aun así, no pase nada.
El hecho de que llevemos unos presupuestos sin aprobar o un presidente del gobierno sin nombrar sine die parece habernos curado del espanto que debería provocar esta deplorable situación, y entre tanto los ciudadanos de a pie seguimos con nuestras vidas como si no ocurriera nada. El verano es una época proclive a no pensar demasiado porque todos anhelan unos días de ocio en los que olvidarse de los problemas, lo cual le va muy bien a este gobierno en funciones porque nadie le hace frente.
Por otro lado, quienes hemos seguido con interés las dos investiduras fallidas hemos asistido a un espectáculo bochornoso que nunca he visto en gobiernos anteriores. Es cierto que hay que pactar para tener los escaños suficientes, y que deben aunarse fuerzas en teoría contrapuestas y crear alianzas que no se establecerían en otros supuestos y mientras eso se haga con lealtad, con respeto y con explicaciones hasta puede funcionar; lo que no me parece de recibo son los trapicheos, contubernios y hasta soeces descalificaciones que hemos presenciado en el Congreso, una cámara que por el hecho de representar a los ciudadanos debería ser respetada y no convertirse en el escenario de una vulgar pelea de gallos compitiendo y regateando por un ministerio de más y dejando claro que los hay de primera y de segunda, cuando todos deberían ser igualmente importantes para el gobierno que los crea.
Se ha impuesto la falta de respeto, el descrédito del otro, el airear hasta los trapos sucios como si de una conversación porteril se tratara. Estamos muy lejos de escuchar una dialéctica culta, una oratoria respetuosa, un saber dirigirse al otro con la debida compostura…y sus señorías entran en el cuerpo a cuerpo sin ningún pudor.
Luego está el tema de los sueldos. Vivimos en un país con una tasa de paro del 13,6% (cifra del pasado mes de mayo), la mayoría de ellos jóvenes y muchos muy preparados que viven en una situación de precariedad y sin poder planear su futuro mientras a los señores diputados les cae el salario mes a mes sin que hagan nada por merecerlo.
El eslogan “España es diferente” viene muy a cuento de esta situación aunque insisto y creo que hablo en nombre de mucha gente desencantada, en que esta situación es intolerable y personalmente siento vergüenza ajena.

















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