Mª Soledad Martín Turiño
Lunes, 12 de Agosto de 2019
ZAMORANA

Existencia y circunstancias

Mª Soledad Martín Turiño

[Img #28914]La vida sigue girando a pesar de los temblores del alma, de los desgastes del cuerpo, de las condiciones extremas o de la desgana que hace mella en cuerpo y espíritu, y quizás sea precisamente esa invariabilidad lo que le da sentido.

 

Cuando nos encontramos desolados porque un sufrimiento ha provocado un socavón en nuestra alma, parece que el mundo se viene abajo porque no hay consuelo para tanto dolor y, sin embargo, en la calle la gente sigue disfrutando del día a día como si nada hubiera ocurrido; entonces nos damos cuenta de que el padecimiento es solo nuestro y cuanto antes se supere más fácil será continuar adelante. En cierto modo las personas y las cosas que nos rodean están diciendo que nada se para, que es necesario seguir con nuestras vidas y, efectivamente, el transcurso del tiempo poco a poco seca las lágrimas, el entumecimiento de la mente y del cuerpo se despeja y un día somos conscientes de que formamos parte de esa masa que camina hacia adelante apoyando la tesis de que nada puede estancarse.

     

         He conocido personas que se han resistido a vencer la pérdida de sus seres queridos vistiendo eternamente de luto, auto-infringiéndose el castigo de la soledad, flagelándose con continuos sollozos y negándose a seguir viviendo, mientras hacen bueno el dicho de Amado Nervo: “La tristeza es un don del cielo, y el pesimismo una enfermedad del espíritu”; sin embargo el tiempo es sabio y con su inevitable transcurrir demuestra que el regalo de la vida bien merece ser vivido y disfrutado, aprendiendo las lecciones que nos enseña –a veces con demasiada dureza- y sacando provecho de todo lo bueno y bello que está a nuestra disposición.

 

Desde siempre me han enseñado a levantarme después de caer, a no ceder a la melancolía ni abatirme ante una contrariedad, sino hacerles frente con decisión en la confianza de que superar tales obstáculos nos enriquecerá y hará más fuertes; sobre esa premisa he construido mi vida, sin lamentos ni gimoteos, sufriendo a solas, casi insensible al dolor. Ahora, transcurridos los años, sé que esta teoría no es siempre adecuada, que el apoyo de los amigos es un bálsamo en las horas bajas, que verbalizar un problema ayuda a superarlo, que mostrar una debilidad en público nos humaniza y que, en fin, todo el mundo pasa por tales situaciones.

 

Empiezo a creer aquello que siempre había escuchado de que con la edad llega la experiencia, se apagan los ímpetus de la juventud y se abraza la serenidad y el sosiego; todo son circunstancias ligadas al tiempo y a los acontecimientos por los que debemos pasar en esta experiencia maravillosa que es la vida, cuyo mayor inconveniente es que tiene fecha de caducidad.

 

Mª Soledad Martín Turiño

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