ME QUEDA LA PALABRA
¿Quién nos ha robado a los zamoranos?
Se sabe -es cuestión reconocida- que mi cultura hallase muy limitada, pero tengo entendido que Sayago, Aliste, Sanabria, Tierra de Campos y del Vino, La Guareña, Toro, Los Valles de Benavente son comarcas españolas. ¡A qué sí! No estoy equivocado, creo. Pues bien, Pujol y sus hijos ideológicos, esa mezcla de nacionalsocialismo y extrema derecha, racista en esencia, porque, como catalanes se creen superiores al resto de habitantes de España, acuñaron el lema, la sentencia, la propaganda, la frase: “¡España nos roba!”. El ladrón fue el honorable, que se llevó 290 millones de euros públicos para convertirlos en privados. No pasa nada. Chantajeó a todos los gobiernos pusilánimes, desde los de Felipe González, a los de Aznar, el que hablaba catalán en la intimidad; pasando por el nefasto Zapatero, una ruina para el PSOE, el inconcebible registrador de la Propiedad y notario de la cobardía, Rajoy, y su pequeña caperucita empollona, hasta el bello galán Sánchez. Todos tragaron. ¿Por qué? ¿Qué supo, que sabe ese extraterrestre de unos y de otros, de la Monarquía y sus alegrías?
Invito a todo catalán racista, a todo vasco marxista-leninista, con un toque aldeano, hijos, hermanos de asesinos, a que se pasen por nuestros pueblos zamorano, no ahora, porque en verano son lo que pudieron haber sido y nunca fueron, la ucronía demográfica, más bien a partir de octubre o en el crudo invierno, y convivan con sus vecinos, casi todos ancianos, y hablen con las gallinas y los marranos, porque a las vacas se las llevó la reconversión pecuaria, y pronuncien después eso de que “¡España nos roba!”.
¡Canalla, hideputas, racistas, explotadores! Vosotros nos robasteis a nuestra juventud, que encalleció manos y almas en vuestras fábricas, que os enriquecieron, que aumentaron vuestros patrimonios personales. Vosotros despoblasteis nuestra tierra, la convertisteis en un desierto demográfico, en una enorme residencia para la tercera edad. Acabasteis con nuestra ilusión, con la alegría de nuestros campos. Nos quitasteis el color de las flores, el cabello dorado de los cereales, la leche y la nata de nuestras felices vacas. Nos habéis apartado del progreso, nos transportasteis al siglo XIX.
Tuvisteis cómplices, necesarios para este saqueo de cuerpos y almas de zamoranos: los políticos del PSOE y del PP, que nunca nos representaron, que solo fueron, son y serán, mientras no cambie la Ley Electoral, servidores de sus respectivos partidos, pelotas de las jerarquías regionales y nacionales; felones a su patria, vulgares y mediocres como nuestro periodismo.
No sé el tiempo que me restará para el júbilo del trabajo, pero mientras mi cerebro piense algo más que de lo que se considera necesario para el poder y no se me estrangule económicamente, mi pluma se encontrará al servicio de mis paisanos, de los buenos zamoranos que no se resignan a morir de rodillas: Viriatos y Zamora10 y algunos políticos limpios, honrados y bondadosos, rara avis en la res pública.
Como bien comprendiera Antonio Machado, mi pluma quiero que valga como pistola política. Nada más desde este barquito de papel que navega por el turbio estanque de Zamora, seco, sin renacuajos, sin ondas en el agua cuando lanzas una piedra.
Se sabe -es cuestión reconocida- que mi cultura hallase muy limitada, pero tengo entendido que Sayago, Aliste, Sanabria, Tierra de Campos y del Vino, La Guareña, Toro, Los Valles de Benavente son comarcas españolas. ¡A qué sí! No estoy equivocado, creo. Pues bien, Pujol y sus hijos ideológicos, esa mezcla de nacionalsocialismo y extrema derecha, racista en esencia, porque, como catalanes se creen superiores al resto de habitantes de España, acuñaron el lema, la sentencia, la propaganda, la frase: “¡España nos roba!”. El ladrón fue el honorable, que se llevó 290 millones de euros públicos para convertirlos en privados. No pasa nada. Chantajeó a todos los gobiernos pusilánimes, desde los de Felipe González, a los de Aznar, el que hablaba catalán en la intimidad; pasando por el nefasto Zapatero, una ruina para el PSOE, el inconcebible registrador de la Propiedad y notario de la cobardía, Rajoy, y su pequeña caperucita empollona, hasta el bello galán Sánchez. Todos tragaron. ¿Por qué? ¿Qué supo, que sabe ese extraterrestre de unos y de otros, de la Monarquía y sus alegrías?
Invito a todo catalán racista, a todo vasco marxista-leninista, con un toque aldeano, hijos, hermanos de asesinos, a que se pasen por nuestros pueblos zamorano, no ahora, porque en verano son lo que pudieron haber sido y nunca fueron, la ucronía demográfica, más bien a partir de octubre o en el crudo invierno, y convivan con sus vecinos, casi todos ancianos, y hablen con las gallinas y los marranos, porque a las vacas se las llevó la reconversión pecuaria, y pronuncien después eso de que “¡España nos roba!”.
¡Canalla, hideputas, racistas, explotadores! Vosotros nos robasteis a nuestra juventud, que encalleció manos y almas en vuestras fábricas, que os enriquecieron, que aumentaron vuestros patrimonios personales. Vosotros despoblasteis nuestra tierra, la convertisteis en un desierto demográfico, en una enorme residencia para la tercera edad. Acabasteis con nuestra ilusión, con la alegría de nuestros campos. Nos quitasteis el color de las flores, el cabello dorado de los cereales, la leche y la nata de nuestras felices vacas. Nos habéis apartado del progreso, nos transportasteis al siglo XIX.
Tuvisteis cómplices, necesarios para este saqueo de cuerpos y almas de zamoranos: los políticos del PSOE y del PP, que nunca nos representaron, que solo fueron, son y serán, mientras no cambie la Ley Electoral, servidores de sus respectivos partidos, pelotas de las jerarquías regionales y nacionales; felones a su patria, vulgares y mediocres como nuestro periodismo.
No sé el tiempo que me restará para el júbilo del trabajo, pero mientras mi cerebro piense algo más que de lo que se considera necesario para el poder y no se me estrangule económicamente, mi pluma se encontrará al servicio de mis paisanos, de los buenos zamoranos que no se resignan a morir de rodillas: Viriatos y Zamora10 y algunos políticos limpios, honrados y bondadosos, rara avis en la res pública.
Como bien comprendiera Antonio Machado, mi pluma quiero que valga como pistola política. Nada más desde este barquito de papel que navega por el turbio estanque de Zamora, seco, sin renacuajos, sin ondas en el agua cuando lanzas una piedra.
















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