EL BECARIO TARDÍO
Viajar. viajar...
Esteban Pedrosa
Me quedaba, en mi última columna, haciendo propósito de enmienda de viajar más y con esos buenos propósitos me quedé, cuando no he pasado más allá de la orilla de algún embalse cercano, como si hubiera vuelto a los orígenes y a desandarme por los caminos de viejas costumbres, ya tan veteranas como yo y con la misma inclemencia del sol de entonces.
Repasándola -me refiero a la columna que precedió a esta- quedé pendiente de recibir un correo electrónico con una especie de disculpa municipal o solución a una denuncia sobre ruidos en mi localidad vacacional, que no he recibido aún y pienso que ya no recibiré jamás.
Y siguiendo con los viajes, decía alguien que el separatismo se cura viajando y debe de ser verdad, porque apenas llevo anclado aquí un mes desde mi último viaje y ya empiezo a sentirme más zamorano que nunca, con ganas de romper con mi comunidad autónoma y mi país, de los que no puedo decir que me estén robando, pero sí que se olvidan de mí, que me dejan de lado y, como a mí, a otros miles de ciudadanos, que no sé si viajarán o no -habrá de todo- pero que no percibo en ellos los mismo síntomas que a mí me atacan y, sin proponérmelo, comienzo a comprender la historia y sus razones para estar como estamos, aunque lo que me preocupa es lo que viene.
Viajar, viajar… para comprender el mundo o embrollarte más con sus tejemanejes, que algunos llaman alta política
Claro que, aparte de viajando, hay cosas que se curan votando depende a quién o no haciéndolo, vaya usted a saber.
Seguiremos en contacto para ponernos de acuerdo.
Me quedaba, en mi última columna, haciendo propósito de enmienda de viajar más y con esos buenos propósitos me quedé, cuando no he pasado más allá de la orilla de algún embalse cercano, como si hubiera vuelto a los orígenes y a desandarme por los caminos de viejas costumbres, ya tan veteranas como yo y con la misma inclemencia del sol de entonces.
Repasándola -me refiero a la columna que precedió a esta- quedé pendiente de recibir un correo electrónico con una especie de disculpa municipal o solución a una denuncia sobre ruidos en mi localidad vacacional, que no he recibido aún y pienso que ya no recibiré jamás.
Y siguiendo con los viajes, decía alguien que el separatismo se cura viajando y debe de ser verdad, porque apenas llevo anclado aquí un mes desde mi último viaje y ya empiezo a sentirme más zamorano que nunca, con ganas de romper con mi comunidad autónoma y mi país, de los que no puedo decir que me estén robando, pero sí que se olvidan de mí, que me dejan de lado y, como a mí, a otros miles de ciudadanos, que no sé si viajarán o no -habrá de todo- pero que no percibo en ellos los mismo síntomas que a mí me atacan y, sin proponérmelo, comienzo a comprender la historia y sus razones para estar como estamos, aunque lo que me preocupa es lo que viene.
Viajar, viajar… para comprender el mundo o embrollarte más con sus tejemanejes, que algunos llaman alta política
Claro que, aparte de viajando, hay cosas que se curan votando depende a quién o no haciéndolo, vaya usted a saber.
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