Miércoles, 14 de Enero de 2026

Eugenio de Ávila
Lunes, 02 de Septiembre de 2019
ZAMORANA

Me duele Zamora

Mª Soledad Martín Turiño

[Img #29373]Ya lo dijo Unamuno: “Me duele España”; yo diría: “me duele Zamora”, porque la historia de Zamora es la historia de sus gentes: los zamoranos, de lo que hemos sufrido para llegar a una situación que no merecemos, una situación de olvido por parte de los gobernantes que siempre se han sentido cómodos en aquellas ciudades amorradas que no les han dado problemas.

 

Zamora parece no ser importante porque está callada, y ya se sabe que quien no habla no existe. Sus gentes, que son buenas gentes, están acostumbradas a no pedir y conformarse con lo poco que les den; jamás han levantado la voz, nunca han sido reaccionarios ni han salido en los periódicos de grandes tiradas; de hecho hay muchas personas en este país que de Zamora solo conocen el tópico de que “no se ganó en una hora”; pero eso fue antes, ahora ya Zamora está ganada y puede que vencida, pero no muerta; y los zamoranos nos alzaremos en la forma que esté en nuestras manos para insistir a las autoridades locales, autonómicas y estatales que estamos aquí, que seguimos aquí, que somos importantes, que disponemos de historia, cultura y una maravillosa ubicación en este gran país, que tenemos muchas cosas que decirles a los demás, que queremos que se nos atienda porque a lo mejor se nos ocurre levantar la cabeza, alzar la voz y entonces nos sublevaremos como no hemos hecho nunca, y tendrán que escucharnos.

 

No quiero seguir enumerando decepciones de mi ciudad del alma, esa que no he disfruto pero que llevo tan dentro de mí que cada día recorro virtualmente sus calles, piso su suelo y estoy orgullosa de formar parte de sus gentes porque en ellos reconozco a mis ancestros, en cada persona mayor siento parte de la gente que me antecedió, que me educó, que me enseñó con sus formas y sus valores: esas personas humildes, de campo, que levantaron este país cuando no había nada, labrando sus tierras y dando el pan que procedía de su esfuerzo y del trigo de sus campos, esos que ahora están olvidados, reducidos a la nada como la ciudad y su provincia, como si aquella época no hubiera existido, como si no hubiéramos matado el hambre de tantas personas en este país.

 

Este olvido llega a ser una situación tan esperpéntica que si no fuera porque ya estamos acostumbrados a todo, resultaría poco menos que grotesca. Por poner un ejemplo: que un ayuntamiento de pueblo (Castronuevo de los Arcos) que se empezó a construir hace meses tuviera que pararse porque los fondos se acabaron, eso que es calderilla para la Diputación y por supuesto más para la Junta de Castilla y León y que para un pueblo es la casa de todos, y se le condena a permanecer durante meses sin celebrar ni poder tratar los grandes problemas que pueden tener sus vecinos porque no existe un lugar físico donde poder hacerlo, no deja de ser rocambolesco, pero una vez más juegan con que nadie protesta, juegan con que tenemos la cabeza gacha, y así seguimos y así nos va.

 

 

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