ME QUEDA LA PALABRA
Vivir de la política
Regenerar el Partido Popular de Zamora
Eugenio-Jesús de Ávila
El Partido Popular, que ha iniciado su renovación de la elite a la base, de lo nacional a lo local, necesita, cuanto antes, una catarsis en nuestra tierra, en la provincia, en Zamora. Quizá, sin quererlo, Pablo Casado y su guardia pretoriana podrán renovar al PP local. ¿Cómo? Sencillo. Si, ¡por fin!, Pedro Sánchez convoca elecciones, pongamos para noviembre, Génova elaborará unas candidaturas en las que ya no figuren ni, verbigracia, Martínez-Maíllo, hombre de Rajoy hasta el masoquismo, ni María Teresa Martín Pozo, que no es de nadie, solo de ella misma. Ambos ya no son queridos por el PP de Zamora, que aspira a quitarse la roña política del pasado y ejercer otro papel político en la provincia, más abierto y menos caciquil.
Clara San Damián, que también confiesa su admiración por el ex presidente del Reino de España y del PP, el hombre que expulsó a los liberales del partido, invitándoles a formar uno nuevo; el político que convirtió a la formación de Fraga y Aznar en pragmática, tras acabar con su ideología, se mantendrá en la Delegación de la Junta de Castilla y León en Zamora durante los próximos cuatro años, una legislatura, otro periodo en el ejercicio político. Porque no creo que volviera a aparecer en las listas al Senado en una próxima convocatoria de legislativas.
Martín Pozo, que releva a San Damián en la Cámara Alta, quizá no le dé tiempo a tomar posesión como senadora. Y se ignora si la jerarquía del PP, los que ahora mandan en Génova, decidirá mantenerla o ignorarla cuando se elaboren las candidaturas al Congreso y Senado. El futuro de Martínez-Maíllo y de la ex presidenta de la Diputación depende de Pedro Sánchez, en primer término, y, por último, de Casado. Si el joven presidente del PP quiere cambiar su partido, regenerarlo, renovarlo y purgarlo de rajoyismo, obtendrá esa oportunidad magnífica de ejercer su poder. De la teoría a la práctica.
Sabemos que en Zamora, la pareja citada goza de escasas simpatías entre los suyos. Cuando el varón ordenaba y mandaba, fue dejando cadáveres políticos en el camino. Dos nombres: Rosa Valdeón, la mejor representante del PP que hubo en nuestra provincia, pero cándida y crédula, y Alberto Castro. También hubo otras víctimas, silentes, de las que no voy a escribir.
Insisto, para finiquitar este artículo: El PP solo tendrá futuro si entierra su pasado, que representan Martínez-Maíllo y Martín Pozo. A la política se llega para servir al pueblo. Después, cada cual a su lar. La res pública nunca jamás podrá ser una profesión. Hay que echar de todos los partidos a los vividores de la política. Y no tengo más que decir.
Eugenio-Jesús de Ávila
El Partido Popular, que ha iniciado su renovación de la elite a la base, de lo nacional a lo local, necesita, cuanto antes, una catarsis en nuestra tierra, en la provincia, en Zamora. Quizá, sin quererlo, Pablo Casado y su guardia pretoriana podrán renovar al PP local. ¿Cómo? Sencillo. Si, ¡por fin!, Pedro Sánchez convoca elecciones, pongamos para noviembre, Génova elaborará unas candidaturas en las que ya no figuren ni, verbigracia, Martínez-Maíllo, hombre de Rajoy hasta el masoquismo, ni María Teresa Martín Pozo, que no es de nadie, solo de ella misma. Ambos ya no son queridos por el PP de Zamora, que aspira a quitarse la roña política del pasado y ejercer otro papel político en la provincia, más abierto y menos caciquil.
Clara San Damián, que también confiesa su admiración por el ex presidente del Reino de España y del PP, el hombre que expulsó a los liberales del partido, invitándoles a formar uno nuevo; el político que convirtió a la formación de Fraga y Aznar en pragmática, tras acabar con su ideología, se mantendrá en la Delegación de la Junta de Castilla y León en Zamora durante los próximos cuatro años, una legislatura, otro periodo en el ejercicio político. Porque no creo que volviera a aparecer en las listas al Senado en una próxima convocatoria de legislativas.
Martín Pozo, que releva a San Damián en la Cámara Alta, quizá no le dé tiempo a tomar posesión como senadora. Y se ignora si la jerarquía del PP, los que ahora mandan en Génova, decidirá mantenerla o ignorarla cuando se elaboren las candidaturas al Congreso y Senado. El futuro de Martínez-Maíllo y de la ex presidenta de la Diputación depende de Pedro Sánchez, en primer término, y, por último, de Casado. Si el joven presidente del PP quiere cambiar su partido, regenerarlo, renovarlo y purgarlo de rajoyismo, obtendrá esa oportunidad magnífica de ejercer su poder. De la teoría a la práctica.
Sabemos que en Zamora, la pareja citada goza de escasas simpatías entre los suyos. Cuando el varón ordenaba y mandaba, fue dejando cadáveres políticos en el camino. Dos nombres: Rosa Valdeón, la mejor representante del PP que hubo en nuestra provincia, pero cándida y crédula, y Alberto Castro. También hubo otras víctimas, silentes, de las que no voy a escribir.
Insisto, para finiquitar este artículo: El PP solo tendrá futuro si entierra su pasado, que representan Martínez-Maíllo y Martín Pozo. A la política se llega para servir al pueblo. Después, cada cual a su lar. La res pública nunca jamás podrá ser una profesión. Hay que echar de todos los partidos a los vividores de la política. Y no tengo más que decir.
















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