ZAMORANA
Vergüenza, sonrojo, bochorno...
Mª Soledad Martín Turiño
Vergüenza, sonrojo, bochorno, indefensión, desamparo…todo esto y más sentimos los españoles ante el espectáculo al que nos han regalado los políticos de este país; ha valido todo: las descalificaciones, la pasividad, el tiempo perdido, las vacaciones que disfrutaron sin haber hecho su trabajo, la ofensa evidente que hemos sufrido los ciudadanos pendientes de unas negociaciones que encadenaban a última hora sin llegar a ningún acuerdo… y así hasta que ya se nos ha comunicado oficialmente que vamos a elecciones; es decir, a gastar una considerable cantidad de dinero que será papel mojado porque sean cuales fueren los resultados, muy probablemente habría que pactar con otros partidos (es decir los mismos que hasta anteayer), con las mismas personas y muy parecidos criterios o tal vez ahora incluso más enconados.
Eché en falta un manifiesto de intelectuales y políticos curtidos que sonrojara a los gobernantes mediocres que tenemos y les hicieran ver con claridad que les elegimos para que estuvieran al servicio del pueblo, no para apoltronarse en sus sillones y hacer con ellos una barrera infranqueable, y que con su autoridad moral les instaran a marcharse y buscar otros candidatos si no eran capaces de sacar a flote una investidura… pero eso no ocurrió.
Eché en falta también que los universitarios se sublevaran y exhibieran su fuerza como un grupo social que puede mover masas e incluso cambiar las instituciones; recordemos la transcendencia política y social de la revolución estudiantil de Mayo de 1968 en Francia que posteriormente se extendió a media Europa, Estados Unidos y una parte de América latina… pero eso no ocurrió.
Eché en falta una movilización masiva en forma de huelga general por parte de los ciudadanos para recordar a los políticos que no estaban a la altura, para demostrarles nuestro hartazgo y las importantes repercusiones que este desgobierno producía en el pueblo, en las empresas, en la vida cotidiana… pero eso no ocurrió.
Con este estado de cosas recuerdo a menudo el poema escrito por el alemán Niemöller sobre la cobardía de los intelectuales alemanes tras el ascenso de los nazis al poder:
"Primero vinieron por los socialistas, y no dije nada, porque no era socialista.
Luego vinieron por los sindicalistas, y no dije nada, porque no era sindicalista.
Luego vinieron por los judíos, y no dije nada, porque yo no era judío.
Luego vinieron por mí, y no quedó nadie para hablar por mí."
Este poema refleja perfectamente la situación de un pueblo al que parece no importarle lo que ocurre cuando la política (la “res pública” de los romanos), definida por la RAE como: la “actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos” se convierte en un juego de tronos, en un campo de batalla donde se permiten los malos tonos, donde no existe la honorabilidad, la nobleza ni el respeto al otro por disentir de su parecer.
Presagio un mal futuro político, de desgaste, de deterioro, si los gobernantes no se plantean el firme propósito de respetar las instituciones, hacer una política de calidad y llevar a buen puerto a unos españoles desencantados. Todos estaremos alerta a cada paso que den porque tendrán que reconsiderar cada punto de sus programas, cada pacto, cada acuerdo, cada decisión, con mano firme, pensando en los intereses generales y con sentido de Estado para que no acabemos perdiéndoles definitivamente el respeto por su demostrada incompetencia.
Vergüenza, sonrojo, bochorno, indefensión, desamparo…todo esto y más sentimos los españoles ante el espectáculo al que nos han regalado los políticos de este país; ha valido todo: las descalificaciones, la pasividad, el tiempo perdido, las vacaciones que disfrutaron sin haber hecho su trabajo, la ofensa evidente que hemos sufrido los ciudadanos pendientes de unas negociaciones que encadenaban a última hora sin llegar a ningún acuerdo… y así hasta que ya se nos ha comunicado oficialmente que vamos a elecciones; es decir, a gastar una considerable cantidad de dinero que será papel mojado porque sean cuales fueren los resultados, muy probablemente habría que pactar con otros partidos (es decir los mismos que hasta anteayer), con las mismas personas y muy parecidos criterios o tal vez ahora incluso más enconados.
Eché en falta un manifiesto de intelectuales y políticos curtidos que sonrojara a los gobernantes mediocres que tenemos y les hicieran ver con claridad que les elegimos para que estuvieran al servicio del pueblo, no para apoltronarse en sus sillones y hacer con ellos una barrera infranqueable, y que con su autoridad moral les instaran a marcharse y buscar otros candidatos si no eran capaces de sacar a flote una investidura… pero eso no ocurrió.
Eché en falta también que los universitarios se sublevaran y exhibieran su fuerza como un grupo social que puede mover masas e incluso cambiar las instituciones; recordemos la transcendencia política y social de la revolución estudiantil de Mayo de 1968 en Francia que posteriormente se extendió a media Europa, Estados Unidos y una parte de América latina… pero eso no ocurrió.
Eché en falta una movilización masiva en forma de huelga general por parte de los ciudadanos para recordar a los políticos que no estaban a la altura, para demostrarles nuestro hartazgo y las importantes repercusiones que este desgobierno producía en el pueblo, en las empresas, en la vida cotidiana… pero eso no ocurrió.
Con este estado de cosas recuerdo a menudo el poema escrito por el alemán Niemöller sobre la cobardía de los intelectuales alemanes tras el ascenso de los nazis al poder:
"Primero vinieron por los socialistas, y no dije nada, porque no era socialista.
Luego vinieron por los sindicalistas, y no dije nada, porque no era sindicalista.
Luego vinieron por los judíos, y no dije nada, porque yo no era judío.
Luego vinieron por mí, y no quedó nadie para hablar por mí."
Este poema refleja perfectamente la situación de un pueblo al que parece no importarle lo que ocurre cuando la política (la “res pública” de los romanos), definida por la RAE como: la “actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos” se convierte en un juego de tronos, en un campo de batalla donde se permiten los malos tonos, donde no existe la honorabilidad, la nobleza ni el respeto al otro por disentir de su parecer.
Presagio un mal futuro político, de desgaste, de deterioro, si los gobernantes no se plantean el firme propósito de respetar las instituciones, hacer una política de calidad y llevar a buen puerto a unos españoles desencantados. Todos estaremos alerta a cada paso que den porque tendrán que reconsiderar cada punto de sus programas, cada pacto, cada acuerdo, cada decisión, con mano firme, pensando en los intereses generales y con sentido de Estado para que no acabemos perdiéndoles definitivamente el respeto por su demostrada incompetencia.

















Nori | Viernes, 20 de Septiembre de 2019 a las 23:29:40 horas
Del todo de acuerdo. Excelente exposición de la triste realidad política de nuestro país.
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