ME QUEDA LA PALABRA
Debatamos sobre el futuro de Zamora
Eugenio-Jesús de Ávila
Por mimetismo, los políticos que trabajan en la ciudad y en nuestra provincia, quisieron, desean y anhelan, debatir sobre el estado de Zamora en sesiones plenarias de Ayuntamiento y Diputación. Perfecto. Imitación del Estado de la Nación, discutido y perpetrado en el Congreso de los Diputados.
El Estado de la Provincia considero que resultaría, además de inane, cruel, reiterativo, redundante, archiconocido: economía depauperada, en recesión, colapsada; despoblación galopante, envejecimiento, emigración de los jóvenes. Zamora es la provincia que registra menos nacimientos de España, la que presenta menos actividad económica y la más envejecida. Nadie lo duda. El problema no se encuentra en que nuestros cerebros debaten sobre el Estado de la Provincia en este finiquito de 2019, ni que se busque en el tiempo pretérito las causas de esta deriva tan agresiva hacia la inanidad, como apunté en mi artículo de ayer, sino de debatir sobre el futuro de Zamora: ¿Qué hacer? ¿Cómo incentivas la actividad económica? ¿Cómo detener la despoblación, la marcha hacia el desierto demográfico en las comarcas de poniente, con amenaza sobre el resto de la provincia, salvo la capital, Benavente y Toro, y Morales del Vino, pueblo de más de 3.000 habitantes, merced a convertirse en ciudad dormitorio de Zamora, como ha sucedido con otros pueblos del alfoz: Villaralbo, Moraleja, Roales, etc.
Ni soy economista, porque solo aprobé una asignatura en la Universidad; una “maría”; ni terminé Sociología, ni soy erudito en Demografía y Geografía Humana. Por lo tanto, nunca hablaré ex catedra de las soluciones que transformarían nuestra tierra en un espacio de actividad económica potente, más habitada, por tanto, y atractiva para la inversión. No obstante, sí sé quiénes deberían curar a este enfermo social y económico que es Zamora: las instituciones públicas.
Esta provincia, carente de un tejido empresarial potente, con escasos cerebros empresariales preparados para asir el futuro, siempre necesitó del Estado para mantener su statu quo económico, cultural y social. Cuando las instituciones públicas, gobiernos de Madrid y Valladolid, retiraron sus inversiones o se olvidaron de que Zamora también existe, que aquí vive gente que paga impuestos, que nace, cada vez menos, y que se muere, que son también españoles -¡Qué pena de la derrota de la “Beltraneja”, en los campos de Peleagonzalo!-, se nos vino abajo nuestra casa común, nuestra geografía, economía, población. No voy a incidir en las razones de este desmoronamiento generalizado. Me cansé.
Ahora, el debate sobre el futuro de Zamora pasa por exigir inversiones de los gobiernos de La Moncloa y autonómico. De aquellos, pedir que se acelere la instalación en Monte La Reina de militares; construir el polígono industrial en los terrenos de Adif, en la Estación del Ferrocarril; un Plan de Restauración de la Muralla Medieval de la ciudad del Romancero, la construcción de la autovía entre la capital y la frontera lusa, y, si es posible, convertir en autovía lo que queda entre el cruce de la Vía de la Plata y Mombuey, unos 35 kms, que conllevaría, por supuesto, la construcción de un puente que dejase como monumento del pasado el viaducto de la Estrella, una vergüenza sobre una carretera nacional.
Voy con el ejecutivo de Fernández Mañueco: designar a Zamora como espacio en el que construir un Polígono Tecnológico Agropecuarios, aunque ya sé que Pucela también lo exige, porque lo quiere todo; hablar con Sánchez Galán, presidente de Iberdrola, para que prorrogue los acuerdos sobre los terrenos, de su propiedad, en Barcial del Barco, y la Biorrefinería Multifuncional siga con su proyecto, toda vez que ahora la Diputación de Zamora, presidida por Requejo, y la Delegación de la Junta, por Clara San Damián, han manifestado su apoyo a esta idea que cambiaría el sector primario del norte de la provincia.
Ese es el debate que debería abrirse en nuestras instituciones públicas, Ayuntamiento de Zamora y Diputación Provincial. Entonces, unos y otros, todos los partidos políticos, encararse con sus compañeros de Valladolid y Madrid para que medien con los respectivos gobiernos y se consigan todas estas inversiones que he escrito negro sobre blanco. Y poco más. Porque un debate sobre el futuro de nuestra provincia esclarecería qué partidos políticos apuesta por Zamora y cuáles obedecen a sus respectivos ejecutivos. Antes que ser socialistas, liberales o conservadores, nuestros políticos deben, tienen, que ser zamoranos. Esta tierra se muere. No hay tiempo para pamplinas, ni acusaciones simplonas de que tú más o yo mejor. La unión debería ser absoluta en torno a un objetivo común: el futuro de los zamoranos, de los que vivimos aquí y de los que todavía no nacieron.
Por mimetismo, los políticos que trabajan en la ciudad y en nuestra provincia, quisieron, desean y anhelan, debatir sobre el estado de Zamora en sesiones plenarias de Ayuntamiento y Diputación. Perfecto. Imitación del Estado de la Nación, discutido y perpetrado en el Congreso de los Diputados.
El Estado de la Provincia considero que resultaría, además de inane, cruel, reiterativo, redundante, archiconocido: economía depauperada, en recesión, colapsada; despoblación galopante, envejecimiento, emigración de los jóvenes. Zamora es la provincia que registra menos nacimientos de España, la que presenta menos actividad económica y la más envejecida. Nadie lo duda. El problema no se encuentra en que nuestros cerebros debaten sobre el Estado de la Provincia en este finiquito de 2019, ni que se busque en el tiempo pretérito las causas de esta deriva tan agresiva hacia la inanidad, como apunté en mi artículo de ayer, sino de debatir sobre el futuro de Zamora: ¿Qué hacer? ¿Cómo incentivas la actividad económica? ¿Cómo detener la despoblación, la marcha hacia el desierto demográfico en las comarcas de poniente, con amenaza sobre el resto de la provincia, salvo la capital, Benavente y Toro, y Morales del Vino, pueblo de más de 3.000 habitantes, merced a convertirse en ciudad dormitorio de Zamora, como ha sucedido con otros pueblos del alfoz: Villaralbo, Moraleja, Roales, etc.
Ni soy economista, porque solo aprobé una asignatura en la Universidad; una “maría”; ni terminé Sociología, ni soy erudito en Demografía y Geografía Humana. Por lo tanto, nunca hablaré ex catedra de las soluciones que transformarían nuestra tierra en un espacio de actividad económica potente, más habitada, por tanto, y atractiva para la inversión. No obstante, sí sé quiénes deberían curar a este enfermo social y económico que es Zamora: las instituciones públicas.
Esta provincia, carente de un tejido empresarial potente, con escasos cerebros empresariales preparados para asir el futuro, siempre necesitó del Estado para mantener su statu quo económico, cultural y social. Cuando las instituciones públicas, gobiernos de Madrid y Valladolid, retiraron sus inversiones o se olvidaron de que Zamora también existe, que aquí vive gente que paga impuestos, que nace, cada vez menos, y que se muere, que son también españoles -¡Qué pena de la derrota de la “Beltraneja”, en los campos de Peleagonzalo!-, se nos vino abajo nuestra casa común, nuestra geografía, economía, población. No voy a incidir en las razones de este desmoronamiento generalizado. Me cansé.
Ahora, el debate sobre el futuro de Zamora pasa por exigir inversiones de los gobiernos de La Moncloa y autonómico. De aquellos, pedir que se acelere la instalación en Monte La Reina de militares; construir el polígono industrial en los terrenos de Adif, en la Estación del Ferrocarril; un Plan de Restauración de la Muralla Medieval de la ciudad del Romancero, la construcción de la autovía entre la capital y la frontera lusa, y, si es posible, convertir en autovía lo que queda entre el cruce de la Vía de la Plata y Mombuey, unos 35 kms, que conllevaría, por supuesto, la construcción de un puente que dejase como monumento del pasado el viaducto de la Estrella, una vergüenza sobre una carretera nacional.
Voy con el ejecutivo de Fernández Mañueco: designar a Zamora como espacio en el que construir un Polígono Tecnológico Agropecuarios, aunque ya sé que Pucela también lo exige, porque lo quiere todo; hablar con Sánchez Galán, presidente de Iberdrola, para que prorrogue los acuerdos sobre los terrenos, de su propiedad, en Barcial del Barco, y la Biorrefinería Multifuncional siga con su proyecto, toda vez que ahora la Diputación de Zamora, presidida por Requejo, y la Delegación de la Junta, por Clara San Damián, han manifestado su apoyo a esta idea que cambiaría el sector primario del norte de la provincia.
Ese es el debate que debería abrirse en nuestras instituciones públicas, Ayuntamiento de Zamora y Diputación Provincial. Entonces, unos y otros, todos los partidos políticos, encararse con sus compañeros de Valladolid y Madrid para que medien con los respectivos gobiernos y se consigan todas estas inversiones que he escrito negro sobre blanco. Y poco más. Porque un debate sobre el futuro de nuestra provincia esclarecería qué partidos políticos apuesta por Zamora y cuáles obedecen a sus respectivos ejecutivos. Antes que ser socialistas, liberales o conservadores, nuestros políticos deben, tienen, que ser zamoranos. Esta tierra se muere. No hay tiempo para pamplinas, ni acusaciones simplonas de que tú más o yo mejor. La unión debería ser absoluta en torno a un objetivo común: el futuro de los zamoranos, de los que vivimos aquí y de los que todavía no nacieron.


















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