ME QUEDA LA PALABRA
Un Día de la Provincia, digno de un pueblo diferente
Eugenio-Jesús de Ávila
Cuando mandaban y ordenaban Martínez-Maíllo y Martín Pozo, los días de la provincia era otra cosa; diría que me resultaban encorsetados, plúmbeos, clasistas, tediosos. Los cobistas de la prensa disfrutaban haciéndoles la pelota. Había dinero para casi todos y, por tanto, allí acudían todos los medios. Espectáculos cursis, propios de una provincia anclada en otro tiempo, dignos del caciquismo que mantiene, todavía en este final de la segunda década del siglo XXI, coartadas a Zamora y sus tierras. Se premiaba a los amigos, a los que hacían favores y a aquellos de los que se quería recibirlos. Nada sorprendente en políticos que hicieron de la res pública una forma de vivir, boato y pompa. Más que un Día de la Provincia fueron los días de don Fernando y doña María Teresa. En tales fechas, se sublimaban la adulación y la lisonja. Pagaba el pueblo.
Tuvo que llegar Francisco José Requejo, un joven empresario, un tipo sencillo, para hacer de El Día de la Provincia el día de todos, una especie de fiesta de otoño para adultos, jóvenes y niños y que los zamoranos conocieran que su tierra no es pobre, sino que la empobrecieron políticos, algunos felones, con sus decisiones. Aquí hay futuro, pero para asirlo, para lograrlo, se debe acaba con el cacique renovado, con el cacique sin clase, con el cacique de la política, que aún porfían para acabar con todo atisbo de progreso, de equidad, de libertad.
Cierto que Requejo, como le ha acusado hoy mismo el PSOE de la Diputación, no habló de despoblación en su primer discurso como presidente de la Diputación. Cierto. Hoy, tampoco era día para flagelarse, para colocarse el cilicio en el cerebro, sino más bien para loar a los alcaldes de las provincia, a los de todos los partidos, porque no hay político con mayor dignidad que un alcalde de pueblo, que lo da todo por sus vecinos, por su gente, y, a veces, durante su mandato, pierden la amistad de los que eran sus colegas, por obrar conforme a la necesidad de la mayoría.
Tampoco el joven presidente de la Diputación ofreció grandes proyectos de futuro para la provincia. Quizá porque Zamora se construye día a día, como las abejas recogen polen y néctar, con laboriosidad y sacrificio. Nuestra tierra es ya casi un desierto demográfico. Otras corporaciones provinciales no prestaron atención a casi todas las comarcas de Zamora se despoblaban, más las de poniente, hasta convertirse en lo que son hoy: desiertos demográficos. Una Diputación carece de potencia económica para detener la despoblación, un problema del Estado, incluso de Unión Europea.
Ahora bien, hay empresarios que, desde hace años, tantos como trece, han enseñado cual es el camino: transformación industrial de materias primas. Verbigracia: Biorrefinería Multifuncional. Idea del ingeniero zamorano, hijo de leoneses, Vicente Merino Febrero, despreciada, boicoteada, perseguida por los caciques de aquí y los políticos de allí, de la Junta de Castilla y León. Existe una esperanza: el dúo Requejo-Igea. Ya no están los enemigos de ese proyecto en el gobierno autonómico, ni en la Diputación, ni otras instituciones privadas zamoranas. Por ahí va el futuro de nuestra tierra, que no es pobre, insisto, sino que otros, muchos felones, condenador a ser humilde, casi andrajosa. El futuro de nuestra Zamora pasa, pues, por el sector primario, por la transformación de sus magníficas materias primas: leche de oveja, de cabra, carnes de Sayago, Aliste y Sanabria; setas, castañas, cereales, lácteos, productos de la huerta, pistachos, y nuestras denominaciones de origen de vinos extraordinarios, sin olvidar legumbres de primerísima calidad. Tenemos talento, inteligencia, capacidad de trabajo. La naturaleza se mostró pródiga con Zamora. Energía eléctrica, eólica, solar y agua. Nos sobran jetas, caciques, malandrines, politicastros.
El próximo Día de la Provincia será mejor que el celebrado este 26 de octubre de 2019. Seguro. Porque, si hubo errores, se subsanarán. Ahora bien, si creemos en Zamora, si trabajamos con el espíritu de la colmena, lo celebraremos con el orgullo de haber nacido en una tierra especial, cargada de futuro. Nadie nos va a robar ni nuestra historia ni nuestro progreso.
La seña bermeja nos enseña que hay que ser dignos de los zamoranos que se hicieron acreedores de sus ocho bandas rojas y una verde.
Eugenio-Jesús de Ávila
Cuando mandaban y ordenaban Martínez-Maíllo y Martín Pozo, los días de la provincia era otra cosa; diría que me resultaban encorsetados, plúmbeos, clasistas, tediosos. Los cobistas de la prensa disfrutaban haciéndoles la pelota. Había dinero para casi todos y, por tanto, allí acudían todos los medios. Espectáculos cursis, propios de una provincia anclada en otro tiempo, dignos del caciquismo que mantiene, todavía en este final de la segunda década del siglo XXI, coartadas a Zamora y sus tierras. Se premiaba a los amigos, a los que hacían favores y a aquellos de los que se quería recibirlos. Nada sorprendente en políticos que hicieron de la res pública una forma de vivir, boato y pompa. Más que un Día de la Provincia fueron los días de don Fernando y doña María Teresa. En tales fechas, se sublimaban la adulación y la lisonja. Pagaba el pueblo.
Tuvo que llegar Francisco José Requejo, un joven empresario, un tipo sencillo, para hacer de El Día de la Provincia el día de todos, una especie de fiesta de otoño para adultos, jóvenes y niños y que los zamoranos conocieran que su tierra no es pobre, sino que la empobrecieron políticos, algunos felones, con sus decisiones. Aquí hay futuro, pero para asirlo, para lograrlo, se debe acaba con el cacique renovado, con el cacique sin clase, con el cacique de la política, que aún porfían para acabar con todo atisbo de progreso, de equidad, de libertad.
Cierto que Requejo, como le ha acusado hoy mismo el PSOE de la Diputación, no habló de despoblación en su primer discurso como presidente de la Diputación. Cierto. Hoy, tampoco era día para flagelarse, para colocarse el cilicio en el cerebro, sino más bien para loar a los alcaldes de las provincia, a los de todos los partidos, porque no hay político con mayor dignidad que un alcalde de pueblo, que lo da todo por sus vecinos, por su gente, y, a veces, durante su mandato, pierden la amistad de los que eran sus colegas, por obrar conforme a la necesidad de la mayoría.
Tampoco el joven presidente de la Diputación ofreció grandes proyectos de futuro para la provincia. Quizá porque Zamora se construye día a día, como las abejas recogen polen y néctar, con laboriosidad y sacrificio. Nuestra tierra es ya casi un desierto demográfico. Otras corporaciones provinciales no prestaron atención a casi todas las comarcas de Zamora se despoblaban, más las de poniente, hasta convertirse en lo que son hoy: desiertos demográficos. Una Diputación carece de potencia económica para detener la despoblación, un problema del Estado, incluso de Unión Europea.
Ahora bien, hay empresarios que, desde hace años, tantos como trece, han enseñado cual es el camino: transformación industrial de materias primas. Verbigracia: Biorrefinería Multifuncional. Idea del ingeniero zamorano, hijo de leoneses, Vicente Merino Febrero, despreciada, boicoteada, perseguida por los caciques de aquí y los políticos de allí, de la Junta de Castilla y León. Existe una esperanza: el dúo Requejo-Igea. Ya no están los enemigos de ese proyecto en el gobierno autonómico, ni en la Diputación, ni otras instituciones privadas zamoranas. Por ahí va el futuro de nuestra tierra, que no es pobre, insisto, sino que otros, muchos felones, condenador a ser humilde, casi andrajosa. El futuro de nuestra Zamora pasa, pues, por el sector primario, por la transformación de sus magníficas materias primas: leche de oveja, de cabra, carnes de Sayago, Aliste y Sanabria; setas, castañas, cereales, lácteos, productos de la huerta, pistachos, y nuestras denominaciones de origen de vinos extraordinarios, sin olvidar legumbres de primerísima calidad. Tenemos talento, inteligencia, capacidad de trabajo. La naturaleza se mostró pródiga con Zamora. Energía eléctrica, eólica, solar y agua. Nos sobran jetas, caciques, malandrines, politicastros.
El próximo Día de la Provincia será mejor que el celebrado este 26 de octubre de 2019. Seguro. Porque, si hubo errores, se subsanarán. Ahora bien, si creemos en Zamora, si trabajamos con el espíritu de la colmena, lo celebraremos con el orgullo de haber nacido en una tierra especial, cargada de futuro. Nadie nos va a robar ni nuestra historia ni nuestro progreso.
La seña bermeja nos enseña que hay que ser dignos de los zamoranos que se hicieron acreedores de sus ocho bandas rojas y una verde.
















Pedro Requejo | Lunes, 28 de Octubre de 2019 a las 00:58:43 horas
Pude comprobar personalmente que la fiesta del día de Zamora pese a los cambios introducidos por el presidente de la diputación se convirtió en un acto de propaganda electoral y de las intenciones de la Diputación de la que algo debería decir la JPE.
El paso de la comitiva presidencial por el recinto ferial era una triste metáfora de la situación de la provincia. Desproporcionado desfile de políticos bien nutridos entre una flamélica representación empresarial incapaz de mantenerlos y servil a la espera del favor , todos entre un paisaje falso y vacio, donde destacaban en su solitaria enormidad los inflables gigantes juguetes para niños. Niños ausentes en IFEZA y en la provincia.
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