CENTENARIO
Cien años
Prosa lírica en el centenario de Juana Vázquez
Cien años. Cien años que son una vida, dos guerras, tres cifras o cuatro hijos. Pero llegados a estas alturas, y nunca mejor dicho, los números, como en otras muchas cuestiones de la vida, carecen de importancia en si mismos, siendo las vivencias y las emociones que los acompañan lo que hacen de estas simbologías intangibles importantes.
Y como estos números, además, tienden a olvidarse con facilidad, quizá sea más fácil que este día de celebración esté marcado por estas vivencias, ya que como dicen los publicitarios, un argumento carece de valor si no incide en la emoción.
Cien años se traducen así en cien navidades con aroma a lumbre encendida y sabor a tarta de almendras, esa que se ha consagrado sin duda alguna como firma culinaria de la casa, abriendo profundos debates sobre si la cantidad de colacao es suficiente, y lo que es más importante, reuniendo a la familia al completo alrededor de la mesa para celebrar.
También son cien veranos que suenan como el aire meciendo las hojas de los álamos que crecen en los senderos de las Rozas, y otros cien otoños teñidos de los atardeceres naranjas en la Guareña.
De alguna manera es cierto, que los lugares son personas, y en mi retina y mi memoria, Guarrate se aparece como Nani. Aunque de sus cien años yo he conocido, literalmente, una cuarta parte, mis recuerdos en el pueblo están marcados por su figura, esa que desde que era pequeña, sorprendía a todos mis amigos en la ciudad, y es que, poder tener una bisabuela es sin duda alguna una suerte.
Si cerrara los ojos y pensara en Nani, aparece en mi cabeza sentada en su jardín, rodeada de adelfas y de las flores coloridas tan típicas de la época estival, una de las tantas cosas que le apasionan. El pelo blanco y pulcramente peinado hacia atrás, las manos juntas reposando en el regazo, y una postura erguida a pesar del paso del tiempo, que revela lo que fue una juventud esbelta, con una expresión taciturna de semblante relajado y algo etrusco, que refleja la sabiduría que se adquiere al vivir y sobrevivir. Además y lo que es más significativo, las flores no eran su única compañía, estando siempre rodeada de visitas de un gran círculo de familiares y seres queridos.
De su juventud me consta que Juanita era, parafraseando lo que tantas veces he escuchado sus escasos coetáneos, una persona perseverante, disciplinada, y sobre todo, muy trabajadora, que de vez en cuando disfrutaba bailando, haciendo gala de un carácter animado que según aseguran aquellos que entienden, es una clara herencia de sus orígenes en Castronuño.
Como madre y abuela también hizo patente su personalidad estricta, protagonizando, sin duda, los recuerdos de mi madre y mis tíos durante los calurosos veranos, donde beber agua estaba prohibido antes de comer y las siestas eran de rigurosa obligación. Un carácter firme, que desmoronó por completo la llegada de Rafael, el último de sus nietos que demostró sin duda alguna, que quien ríe último ríe mejor.
Madre, abuela, y bisabuela han hecho de Nani, además de la persona más longeva de Guarrate, el nodo central de lo que es una gran familia y de la que yo, personalmente, me siento muy afortunada de formar parte, aunando bajo su techo en las fechas señaladas a primos, tíos, nietos y hermanos.
Si tuviera que hacer una analogía, me gusta pensar que Nani es como el nogal de las Antanillas. Una semilla que con el tiempo brotó y creció poco a poco, rodeándose de más árboles y acogiendo bajo su sombra a todos aquellos hemos ido llegando a una tierra que algún día fue yerta, para crear en conjunto un pequeño refugio que nada tiene que envidiar al mayor de los paraísos.
Cien años. Cien años que son una vida, dos guerras, tres cifras o cuatro hijos. Pero llegados a estas alturas, y nunca mejor dicho, los números, como en otras muchas cuestiones de la vida, carecen de importancia en si mismos, siendo las vivencias y las emociones que los acompañan lo que hacen de estas simbologías intangibles importantes.
Y como estos números, además, tienden a olvidarse con facilidad, quizá sea más fácil que este día de celebración esté marcado por estas vivencias, ya que como dicen los publicitarios, un argumento carece de valor si no incide en la emoción.
Cien años se traducen así en cien navidades con aroma a lumbre encendida y sabor a tarta de almendras, esa que se ha consagrado sin duda alguna como firma culinaria de la casa, abriendo profundos debates sobre si la cantidad de colacao es suficiente, y lo que es más importante, reuniendo a la familia al completo alrededor de la mesa para celebrar.
También son cien veranos que suenan como el aire meciendo las hojas de los álamos que crecen en los senderos de las Rozas, y otros cien otoños teñidos de los atardeceres naranjas en la Guareña.
De alguna manera es cierto, que los lugares son personas, y en mi retina y mi memoria, Guarrate se aparece como Nani. Aunque de sus cien años yo he conocido, literalmente, una cuarta parte, mis recuerdos en el pueblo están marcados por su figura, esa que desde que era pequeña, sorprendía a todos mis amigos en la ciudad, y es que, poder tener una bisabuela es sin duda alguna una suerte.
Si cerrara los ojos y pensara en Nani, aparece en mi cabeza sentada en su jardín, rodeada de adelfas y de las flores coloridas tan típicas de la época estival, una de las tantas cosas que le apasionan. El pelo blanco y pulcramente peinado hacia atrás, las manos juntas reposando en el regazo, y una postura erguida a pesar del paso del tiempo, que revela lo que fue una juventud esbelta, con una expresión taciturna de semblante relajado y algo etrusco, que refleja la sabiduría que se adquiere al vivir y sobrevivir. Además y lo que es más significativo, las flores no eran su única compañía, estando siempre rodeada de visitas de un gran círculo de familiares y seres queridos.
De su juventud me consta que Juanita era, parafraseando lo que tantas veces he escuchado sus escasos coetáneos, una persona perseverante, disciplinada, y sobre todo, muy trabajadora, que de vez en cuando disfrutaba bailando, haciendo gala de un carácter animado que según aseguran aquellos que entienden, es una clara herencia de sus orígenes en Castronuño.
Como madre y abuela también hizo patente su personalidad estricta, protagonizando, sin duda, los recuerdos de mi madre y mis tíos durante los calurosos veranos, donde beber agua estaba prohibido antes de comer y las siestas eran de rigurosa obligación. Un carácter firme, que desmoronó por completo la llegada de Rafael, el último de sus nietos que demostró sin duda alguna, que quien ríe último ríe mejor.
Madre, abuela, y bisabuela han hecho de Nani, además de la persona más longeva de Guarrate, el nodo central de lo que es una gran familia y de la que yo, personalmente, me siento muy afortunada de formar parte, aunando bajo su techo en las fechas señaladas a primos, tíos, nietos y hermanos.
Si tuviera que hacer una analogía, me gusta pensar que Nani es como el nogal de las Antanillas. Una semilla que con el tiempo brotó y creció poco a poco, rodeándose de más árboles y acogiendo bajo su sombra a todos aquellos hemos ido llegando a una tierra que algún día fue yerta, para crear en conjunto un pequeño refugio que nada tiene que envidiar al mayor de los paraísos.
















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.42