ELECCIONES
Análisis irónico y político de la pegada de carteles
Los mismos de siempre, con idénticas versiones políticas: más de lo mismo en una campaña, para nuestra suerte, más corta
![[Img #31021]](http://eldiadezamora.es/upload/images/10_2019/6204_psoe.jpg)
Eugenio-Jesús de Ávila
Los políticos se disfrazan para parecer lo que no son de aquí al 10 de noviembre. Esta tarde plúmbea, otoñal, que contradice al denominado cambio climático, los grandes partidos nacionales pegaron sus carteles electorales, su oferta de imagen para que el ciudadano les vote dentro de una semana y un poquito. Hubo sonrisas profidén, abrazos hipócritas, saludos protocolarios, besos al aire…lo de siempre. Los candidatos no cambian. Y si se le ocurre alguna discrepar, no volverá a salir en la fotografía.
Carteles de la izquierda que parece izquierda, pero nunca lo ha sido. Habría que remontarse a Largo Caballero e Indalecio Prieto, allá en la II República, cuando aquel era marxista, el Lenin español, y el vasco asturiano ni se sabe. Solo se conoce que se arrepintió, en el exilio, del golpe de Estado del 6 de octubre de 1934 contra un gobierno democrático que no era de izquierdas. Al PSOE de la transición, solo le quedaban las siglas del que fundara Pablo Iglesias. Cuando ganó sus primeras elecciones, se dedicó a formalizar y ejecutar todas las reformas y las reconversiones, industriales, agrarias y ganaderas, que Europa y USA, el gran capital universal, exigieron. Fraga y su AP nunca hubieran podido gestionar un cambio tan drástico en la economía española. Con todo, el PSOE aguantó tres huelgas generales de los sindicatos.
A González no se lo ocurrió exhumar los restos de Franco, porque no necesitó andarse sacando momias de las tumbas, tal cual los milicianos rojos en la Guerra Civil. Felipe ganaba de calle. Después, Zapatero, el presidente que tuvo un abuelo que no era republicano, abrió las heridas de la guerra civil para parecer de izquierdas, aunque sus políticas nunca lo fueron. Dejó a España en ruinas y a los secesionistas les colocó en la palestra de la independencia. Sánchez, un hombre bonito, alto y con desparpajo, sí necesitó jugar con el cadáver del único general que derrotó al comunismo para ocultar carencias ideológicas. Izquierdas y derechas se distinguen por sus políticas económicas. El sanchismo ha mantenido la reforma laboral del marianismo. Sin palabras.
Esta tarde, como viene sucediendo en los últimos años, los candidatos socialistas zamoranos y su grey pegaron carteles en San José Obrero, como ese barrio del norte de Zamora viviesen solo bolcheviques, proletariado, la clase más baja de la ciudad. Toda Zamora huele a callo en el alma, a degradación, a pobreza, a pasado, a cobardía. Somos la ciudad pretérito. No ha habido cambios en las candidaturas. Los de siempre. El PSOE ya es, desde hace tiempo, un partido conservador, al que vota la gente mayor y al que no votan los jóvenes.
Podemos pegó carteles en la Plaza Mayor, para que Guarido, al que consideran traidor a la izquierda, compruebe que la formación morada también existe…como Zamora. Aquí Unidas Podemos juega esta partida electoral porque toca, pero conociendo que no hay nada que hacer. Yo creo que ya no queda ni ilusión por cambiar ni esta ciudad ni transformar la izquierda, que ya no puede ser ni la de los bolcheviques, ni la del PCE, ni la de Carrillo ni la del Eurocomunismo. Si Marx viviera, escribiría otro Capital. El poder se halla en las redes. El poder ya no se ve, pero se siente, aplasta, controla, cosifica, liquida, persigue, silencia, mata. El poder es un cáncer que hace metástasis en el alma del hombre y de la mujer corrientes.
La derecha a la que le da vergüenza definirse, la del PP, se dio cita en La Marina. Tierra adentro, los populares quieren navegar en el estanque de Zamora. Se pasó Fernández Mañueco por aquí, estación de penitencia antes de partir para tierras charras. Se encontró con su camarada Martínez-Maíllo. No sé si les dio tiempo a conspirar. Estos dos políticos se lo habrían pasado muy bien durante el reinado de Isabel II, Sexenio Revolucionario, I República y Restauración. También pegaron carteles José María Barrios, un político que lo acepta todo, que le parece bien ir de dos al Senado, por detrás de Fernando, siendo el presidente del PP de Zamora, y Elvira Velasco, una mujer que había pasado al ostracismo durante el principado de Maíllo, pero que ahora lidera la candidatura el Congreso de los Diputados. No estaba Mayte Martín Pozo, la Anna Magnani de la política zamorana, pues cumplía con su deber en la Casa de las Panaderas. Los populares aspiran a volver a ganar en la provincia. Todo es posible. Al PP se le vota por inercia, no porque se crea en sus políticos y en sus políticas. Es lo de siempre. Y esta ciudad y su provincia son pasado, tanto como el aparador de la abuela.
Y, por último, Ciudadanos, que se fue a su residencia habitual, el excelente NH Palacio del Duero, donde celebraron el clamoroso triunfo del 28 de abril, cuando José Bartolomé, un sindicalista en su juventud y parte de su madurez, salió elegido diputado nacional, rompiendo así el reparto secular entre PP y PSOE. Me temo que no se repetirá el éxito. Eso dicen las encuestas. Bartolomé repite. Creo que ningún cabeza de lista del resto de partidos que se presentan a estas legislativas lo derrotase en combate dialéctico. Tiene razón cuando dice que la decadencia de esta provincia, también de España, hay que apuntársela en el debe del bipartidismo, de los ejecutivos del PSOE, la formación que más ha gobernado esta democracia de cartón-piedra, y de los gobiernos de Aznar y Rajoy, poco más de una docena de años, en los que intentaron poner remedio al caos económico dejado por el felipismo y el zapaterismo. Datos objetivos.
PREPAL, un partido de poca gente, poquísima, pero honrada, también quiso pegar sus carteles. El profesor Iglesias Carreño, toda una vida defendiendo el leonesismo, ofició tal menester.
Y UPL, más digno que nadie, se negó a participar en esta farsa de gasto, dispendio y mentira. Gracias.
De Vox no he sabido nada. El partido de Abascal cree que se le votará por huevos, porque no hay otro remedio, porque España se halla en almoneda. Hace falta visibilidad.
Por cierto, para concluir, confirmo la gran mentira de las elecciones. Los candidatos de los partidos pidieron a los medios que no ofreciéramos información de las pegadas de carteles hasta las doce de esta noche. ¡Hay que tener jeta! Mi respuesta: por qué no salieron a tirar de escoba, cubo y cola a la hora bruja, a la medianoche, como Cenicienta cuando salió por piernas del palacio del Príncipe.
![[Img #31021]](http://eldiadezamora.es/upload/images/10_2019/6204_psoe.jpg)
Eugenio-Jesús de Ávila
Los políticos se disfrazan para parecer lo que no son de aquí al 10 de noviembre. Esta tarde plúmbea, otoñal, que contradice al denominado cambio climático, los grandes partidos nacionales pegaron sus carteles electorales, su oferta de imagen para que el ciudadano les vote dentro de una semana y un poquito. Hubo sonrisas profidén, abrazos hipócritas, saludos protocolarios, besos al aire…lo de siempre. Los candidatos no cambian. Y si se le ocurre alguna discrepar, no volverá a salir en la fotografía.
Carteles de la izquierda que parece izquierda, pero nunca lo ha sido. Habría que remontarse a Largo Caballero e Indalecio Prieto, allá en la II República, cuando aquel era marxista, el Lenin español, y el vasco asturiano ni se sabe. Solo se conoce que se arrepintió, en el exilio, del golpe de Estado del 6 de octubre de 1934 contra un gobierno democrático que no era de izquierdas. Al PSOE de la transición, solo le quedaban las siglas del que fundara Pablo Iglesias. Cuando ganó sus primeras elecciones, se dedicó a formalizar y ejecutar todas las reformas y las reconversiones, industriales, agrarias y ganaderas, que Europa y USA, el gran capital universal, exigieron. Fraga y su AP nunca hubieran podido gestionar un cambio tan drástico en la economía española. Con todo, el PSOE aguantó tres huelgas generales de los sindicatos.
A González no se lo ocurrió exhumar los restos de Franco, porque no necesitó andarse sacando momias de las tumbas, tal cual los milicianos rojos en la Guerra Civil. Felipe ganaba de calle. Después, Zapatero, el presidente que tuvo un abuelo que no era republicano, abrió las heridas de la guerra civil para parecer de izquierdas, aunque sus políticas nunca lo fueron. Dejó a España en ruinas y a los secesionistas les colocó en la palestra de la independencia. Sánchez, un hombre bonito, alto y con desparpajo, sí necesitó jugar con el cadáver del único general que derrotó al comunismo para ocultar carencias ideológicas. Izquierdas y derechas se distinguen por sus políticas económicas. El sanchismo ha mantenido la reforma laboral del marianismo. Sin palabras.
Esta tarde, como viene sucediendo en los últimos años, los candidatos socialistas zamoranos y su grey pegaron carteles en San José Obrero, como ese barrio del norte de Zamora viviesen solo bolcheviques, proletariado, la clase más baja de la ciudad. Toda Zamora huele a callo en el alma, a degradación, a pobreza, a pasado, a cobardía. Somos la ciudad pretérito. No ha habido cambios en las candidaturas. Los de siempre. El PSOE ya es, desde hace tiempo, un partido conservador, al que vota la gente mayor y al que no votan los jóvenes.
Podemos pegó carteles en la Plaza Mayor, para que Guarido, al que consideran traidor a la izquierda, compruebe que la formación morada también existe…como Zamora. Aquí Unidas Podemos juega esta partida electoral porque toca, pero conociendo que no hay nada que hacer. Yo creo que ya no queda ni ilusión por cambiar ni esta ciudad ni transformar la izquierda, que ya no puede ser ni la de los bolcheviques, ni la del PCE, ni la de Carrillo ni la del Eurocomunismo. Si Marx viviera, escribiría otro Capital. El poder se halla en las redes. El poder ya no se ve, pero se siente, aplasta, controla, cosifica, liquida, persigue, silencia, mata. El poder es un cáncer que hace metástasis en el alma del hombre y de la mujer corrientes.
La derecha a la que le da vergüenza definirse, la del PP, se dio cita en La Marina. Tierra adentro, los populares quieren navegar en el estanque de Zamora. Se pasó Fernández Mañueco por aquí, estación de penitencia antes de partir para tierras charras. Se encontró con su camarada Martínez-Maíllo. No sé si les dio tiempo a conspirar. Estos dos políticos se lo habrían pasado muy bien durante el reinado de Isabel II, Sexenio Revolucionario, I República y Restauración. También pegaron carteles José María Barrios, un político que lo acepta todo, que le parece bien ir de dos al Senado, por detrás de Fernando, siendo el presidente del PP de Zamora, y Elvira Velasco, una mujer que había pasado al ostracismo durante el principado de Maíllo, pero que ahora lidera la candidatura el Congreso de los Diputados. No estaba Mayte Martín Pozo, la Anna Magnani de la política zamorana, pues cumplía con su deber en la Casa de las Panaderas. Los populares aspiran a volver a ganar en la provincia. Todo es posible. Al PP se le vota por inercia, no porque se crea en sus políticos y en sus políticas. Es lo de siempre. Y esta ciudad y su provincia son pasado, tanto como el aparador de la abuela.
Y, por último, Ciudadanos, que se fue a su residencia habitual, el excelente NH Palacio del Duero, donde celebraron el clamoroso triunfo del 28 de abril, cuando José Bartolomé, un sindicalista en su juventud y parte de su madurez, salió elegido diputado nacional, rompiendo así el reparto secular entre PP y PSOE. Me temo que no se repetirá el éxito. Eso dicen las encuestas. Bartolomé repite. Creo que ningún cabeza de lista del resto de partidos que se presentan a estas legislativas lo derrotase en combate dialéctico. Tiene razón cuando dice que la decadencia de esta provincia, también de España, hay que apuntársela en el debe del bipartidismo, de los ejecutivos del PSOE, la formación que más ha gobernado esta democracia de cartón-piedra, y de los gobiernos de Aznar y Rajoy, poco más de una docena de años, en los que intentaron poner remedio al caos económico dejado por el felipismo y el zapaterismo. Datos objetivos.
PREPAL, un partido de poca gente, poquísima, pero honrada, también quiso pegar sus carteles. El profesor Iglesias Carreño, toda una vida defendiendo el leonesismo, ofició tal menester.
Y UPL, más digno que nadie, se negó a participar en esta farsa de gasto, dispendio y mentira. Gracias.
De Vox no he sabido nada. El partido de Abascal cree que se le votará por huevos, porque no hay otro remedio, porque España se halla en almoneda. Hace falta visibilidad.
Por cierto, para concluir, confirmo la gran mentira de las elecciones. Los candidatos de los partidos pidieron a los medios que no ofreciéramos información de las pegadas de carteles hasta las doce de esta noche. ¡Hay que tener jeta! Mi respuesta: por qué no salieron a tirar de escoba, cubo y cola a la hora bruja, a la medianoche, como Cenicienta cuando salió por piernas del palacio del Príncipe.



















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