Eugenio de Ávila
Sábado, 02 de Noviembre de 2019
ELECCIONES GENERALES DEL 2019

No hay hombres de Estado en la política nacional

Tras las elecciones del 10 de noviembre, se abrirá un periodo de dificultades extremas en política y en economía

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No le arriendo la ganancia al presidente del gobierno que tenga que administrar España después de las elecciones del 10 de noviembre, que, según todas las encuestas, y salvo sorpresa ciudadana, llevará por nombre el Pedro Sánchez. Cabe suponer, además, que tampoco saldrá reforzado de esa nueva cita electoral, por lo deberá gobernar en minoría.

Coincidirán dos momentos gravísimos:  una crisis política de enorme transcendencia, la secesión de Cataluña, asunto irreversible para los políticos melifluos, y otro de carácter económico, que incidirá en España, como también en la Unión Europea, que llama a las puertas de la macroeconomía. En breve, lo sentirán los ciudadanos.

Ni el PP de Mariano Rajoy y la sabionda de Soraya Sáenz de Santamaría – creyó que los independentistas se convertirían a lo español con más dinero y nuevas prebendas- ni el PSOE de Pedro Sánchez, vendido ya al PSC, a la espera de pactar con ERC, partido responsable del golpe de Estado del 6 de octubre de 1934, reincidente en su objetivo final, la ruptura con España, supieron ni saben qué hacer para resolver el secular problema catalán, que amenaza con llevarse la democracia española a otro callejón sin salida. Está en la historia. La cobardía de Alcalá-Zamora, tras la proclamación el 6 de octubre de 1934 del Estado Catalán dentro de la República Federal Española, por parte de LLuis Companys, más el organizado en todo el ámbito nacional por el PSOE, del que arrepintió en el exilio Indalecio Prieto, al no condenarlo, como contemplaba la ley y saltarse la Constitución Republicana, envalentonó a los separatistas y a los revolucionarios y abrió el camino hacia la Guerra Civil.

La situación que se vive en Cataluña se asemeja a la vivida hace 85 años. Los independentista aprovechan siempre, como antaño, la debilidad del Estado para azuzar a la democracia española, siempre con el consentimiento de una derecha pusilánime y una izquierda que cree que el nacionalismo no es malo del todo, sin advertir que representa  a la reacción más conservadora y retrógrada.

No es tarde para que Torra proclame, cual Companys, el Estado Catalán dentro de la República Federal Española, pues el propio Sánchez, azuzado por Iceta, un millonario socialista, ha introducido en su programa electoral el federalismo, un sin sentido, propio de gente que desconoce que el Estado de las Autonomías,  no deja de ser, con otra definición, un Estado Confederal, donde los derechos y los deberes se cumplen en relación a una comunidad determinada: Vascos y catalanes poseen privilegios de los que el resto de autonomías carece.

Ojala me equivoque, pero intuyo  que, después de las elecciones, los CDR y otras fuerzas de choque violentas incendiarán las calles y las plazas de Cataluña. Habrá víctimas mortales. PSOE consentirá que los secesionistas constituyan un Estado Catalán dentro de la democracia española. No aplicará la Ley. Jamás empleará un 155 contundente, con el control de la televisión catalana y de la Educación, verdadero germen del separatismo.  Los catalanes españoles se rebelarán contra la imposición política de la Generalitat. Enfrentamientos entre secesionistas y demócratas españoles. Cataluña huela a Bosnia. Punto.

La profecía, basada en que la historia siempre se repite: la primera, como tragedia; la segunda, como es el caso que nos ocupa, como farsa, espero que no se cumpla.  Pero me temo que ya no será comedia, sino un auténtico drama. Cosas de Marx, que no se equivocó en todo.

Todo este proceso, que solo detendría la aplicación de la Ley, se agravará, potenciará hasta límites desconocidos en estos 42 años de democracia, con la crisis económica que, como la niebla, en el tránsito entre otoño e invierno, cubrirá el enfrentamiento político y civil. Encontrará a la España más endeudada  del periodo democrático, sin dinero en el fondo de las pensiones, con síntomas de desaceleración en la industria, en la actividad económica, con caída del turismo, el sector que nos viene salvando desde hace décadas, con un gobierno en minoría, atrapado por los enemigos de esta democracia, separatistas y comunistas burgueses, siempre preparados para sacar partido de las crisis económicas, políticas y sociales en cualquier nación. Historia. Solo eso. Cada cual cumple con su ideario, aunque su aplicación se halle periclitada, enterrada por la realidad.

Mientras, en Zamora, hoy hemos escuchado las mismas cantinelas de siempre, idénticas a las de la campaña que dio acceso a las elecciones del 28 de abril, pronunciadas por esos actores que nunca se retiran de la escena del PP ni del PSOE, partidos protagonistas, los principales,  de la decadencia  de España, una nación en quiebra moral, política y social. El pueblo, estabulado, asiste a esta puesta en escena que se llevará esta democracia enferma al cementerio de la historia.

Y término como inicié este artículo, que no quiere ser profético. Ni soy Elías ni espero ascender a los cielos en un carro de fuego. Pero me temo que  el partido al que le toque gobernar España después del 10 de noviembre, oficiará de sepulturero de esta democracia.

Ahora esta centenaria nación necesita un verdadero hombre de Estado. Los partidos actuales, que solo se ocupan de mantener sus privilegios y prebendas, carecen de un político que piense más allá de las viejas ideologías para administrar un momento histórico de extraordinario peligro para la democracia.

 

 

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