ELECCIONES
El desconocimiento de la historia y de las ideologías
![[Img #31218]](http://eldiadezamora.es/upload/images/11_2019/304_uge.jpg)
“Si cada español hablase de lo que entiende, y de nada más, habría un gran silencio que podríamos aprovechar para el estudio”. Aserto de Antonio Machado, uno de mis debilidades, porque, además de poeta, también ejerció de filosofó. El vate andaluz conocía a los españoles. España, en esencia, no ha cambiado mucho desde su muerte. Más población, un gran avance tecnológico, menos intelectuales, políticos vulgares, pueblo estabulado, partidos burgueses y ausencia absoluta de formaciones obreras.
Otro cambio sustancial, clave, para que no haya una deriva hacia una guerra civil: Hay una gran clase media, que no existía durante la II República. Si bien esta mesocracia se muestra silente, anestesiada y apática.
El español habla, como si lo supiera todo, de fútbol y de toros, dos de las grandes aficiones patrias. Critica a entrenadores titulados y a maestros de la tauromaquia, cuando ni han tocado una pelota en su vida, ni asido una muleta, y no tienen ni puta idea de lo qué es un natural, una verónica o una chicuelina. No importa mucho tal ignorancia. No sucede nada por emitir juicios categóricos sobre emociones en torno a un balón o en el albero. Pero, cuando el español habla de política, su analfabetismo supone todo un peligro para la convivencia.
Ahora, a la izquierda, la posible y la ultra, le da por señalar a Vox como partido fascista. La misma táctica de Stalin antes y después de la II Guerra Mundial hacia Hitler y Mussolini. Si examinamos el programa económico del partido de Abascal, hallaremos que se acerca mucho al liberalismo. Y no hay nada más opuesto a esa corriente que el fascismo y el comunismo, ideologías para las que el Estado es el supremo dios. Franco odiaba el liberalismo. Cualquier comunista, como Podemos, habla también de neoliberalismo. No hay nación liberal en el orbe. Ni tan si quiera Estados Unidos. Ahí están los aranceles de Trump a los productos europeos y chinos. Antiliberales.
Sigo. El nacionalsocialismo alemán nunca fue fascista. Ni mucho menos. Racista, sí. Odiaba a los capitalistas y a los aristócratas. Pacto con los soviéticos: Molotov y Von Ribbentrop. Reparto de Polonia. Los comunistas franceses aplaudieron la invasión nazi de su patria. Después, cuando Hitler se fue a por Rusia, cambiaron. Historia. El fascismo es italiano. Su creador, Mussolini, militó en el PSI, partido que abandonó porque consideró que se había aburguesado. Su programa de San Sepolcro me parece radical de izquierdas. Lo firmaría cualquier ultraizquierdista español. El fascismo es el socialismo en un solo país. Se diferencia del comunismo en que este es internacionalista en la teoría, pero nunca en la práctica.
Vox es una formación jacobina, por tanto, centralista; conservadora por su mentalidad y liberal en lo económico. El único fascismo español, que nunca concitó grandes apoyos, fue el que elaboró el intelectual zamorano Ramiro Ledesma Ramos, fusilado por El Frente Popular. No había cometido crimen alguno. José Antonio Primo de Rivera, con el que se carteó durante su prisión, Indalecio Prieto, aristócrata, tampoco fue fascista puro. La bandera de Falange, rojinegra, provenía de la admiración por los anarquistas. Curioso. Nacionalización de la Banca, propio de la izquierda radical, y también de las tierras, fueron dos de objetivos fundamentales. Por supuesto, la unidad de España, ya antaño en entredicho.
Franco fue un dictador conservador y ultracatólico, nunca fascista. Utilizó símbolos de los que le ayudaron a ganar la Guerra Civil. Aprovecho el tinte socializante de lo que quedó de Falange, en los primeros años de la postguerra, cuando a autarquía. Cuando el corsé le dejó de servir, concedió el relevó a los tecnócratas del Opus Dei.
El PP nunca fue liberal. Aznar no liberalizó el Estado, sino que vendió las grandes empresas públicas del franquismo a capitales privados. No porque creyera en el laissez faire, sino por necesidad, cuando se encontró un Estado en bancarrota, después del caos del último felipismo. Rajoy, que volvió a encontrarse, después de las alegrías de Zapatero, con las arcas vacías, ejecutó políticas fiscales confiscatorias, antiliberales. Montoro, un socialdemocráta de libro, las ejecutó. Recuerdo que en el Congreso del PP, celebrado en 2010, de Valencia, el que encumbró al político gallego, al registrador de la Propiedad, se invitó a salir a los liberales y a los conservadores del PP. Y, durante su Presidencia, condenó al ostracismo a los contados liberales que quedaron en Génova 13.
Todos los partidos españoles, si exceptuamos a Unidas Podemos, son socialdemócratas. Por sus políticas económicas los conoceréis. Los de Iglesias se diría que pertenecen a una izquierda radical, a un marxismo aburguesado, que no tiene parangón en Europa. Se odia a la burguesía, como los bolcheviques, y se duda de la nación española, pero se afirman otras naciones que nunca lo fueron: País Vasco, Cataluña y Galicia. Es leninismo en el tiempo. Desfasado. Periclitado. Se trata de la pequeña burguesía ilustrada con anhelos de dirigir a las masas, de ejecutar ingeniería social con el pueblo. García Trevijano, un último gran intelectual español, los definió como la nueva Falange.
Ahora mismo, en España, no existe un solo partido obrero. En la II República fueron partidos del proletariado el PSOE, aunque sus obreros ostentarán jerarquía sobre los de otros partidos; con tres líderes que se odiaban entre ellos: Largo Caballero, marxista; Prieto, conspirador nato, y Besteiro, el más inteligente y cuerdo, el que advirtió de la deriva a la que se encaminaba su partido, una vez bolchevizado. Además, el PCE, que, en 1931 no era nadie, y que adquirió una importancia enorme durante la Guerra Civil, merced al apoyo extraordinario de Stalin y de los asesores soviéticos llegados a España, más las Brigadas Internacionales, formadas por miles de estalinistas. No olvidemos el tremendo potencial popular de la CNT, con más de un millón de afiliados, que representó al lumpen, al sector más débil económicamente del proletariado, esencial en la decadencia de la II República, que nunca consideró un fin, sino el medio para alcanzar su revolución. Y, por último, el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), de carácter trotskista, pequeño, revolucionario y circunscrito a Cataluña. Su líder principal, Andreu Nin,que estuvo en el Moscú de 1917, fue arrestado y conducido a Madrid, donde fue torturado en una checa comunista, despellejado y asesinado. Todos estos partidos representaron a la clase obrera española. Hoy, el proletariado español no tiene quién lo represente.
Por lo tanto, los cinco líderes de los principales partidos que debatieron el lunes pasado, en la TVE, primer canal, forman parte de la pequeña burguesía española, nunca de sectores obreros. Ninguno de ellos, ha sabido lo que es trabajar duro, joderse las manos, dolerle los callos. Todos tienen estudios universitarios. Algunos, como Pablo Iglesias, y otros miembros de Unidas Podemos, poseen propiedades propias de la alta burguesía. Nunca, como ahora, durante esta democracia, si exceptuamos Izquierda Unida en las primeras legislaturas, y con matices, el proletariado español se encontró tan huérfano de representación política.
Por lo tanto, aquí ni hay fascismo, ni comunismo; solo racistas en Cataluña, apoyados por una burguesía montaraz, la más agresiva de España, la que, desde siempre, peor trató a los obreros. Recuerde el pistolerismo anterior a la Guerra Civil en Barcelona, entre 1917 y 1923, cuando reinaba Alfonso XIII. Los empresarios catalanes contrataban a matones para que asesinaran a los sindicalistas más destacados. Los trabajadores respondieron con las mismas armas. Morirían 200 obreros.
La burguesía pujolista, la de Puigdemont y Torra, es heredera de aquellos empresarios. Con esa chusma no se puede pactar. Los empresarios catalanes siempre recurrieron a España cuando se encontraron en peligro. Sucedió con Primo de Rivera y después con Franco, en 1936. No querían perder sus fabriquetas. Con anterioridad, Cánovas subió los aranceles en las fronteras para que el textil catalán se vendiera en toda la nación y así encarecer el británico, de mayor calidad que el del Principado.
Y no tengo más que decir. España, en quiebra. Quién desconoce su historia…Lo de la memoria es otra cuestión. Algo muy personal. Nada científica. Ahora vote, si quiere, en consecuencia. O absténgase.
Fotografías: Desfile de Escamots, fascistas catalanes que después coformarían ERZ, y el autor de este artículo.
![[Img #31218]](http://eldiadezamora.es/upload/images/11_2019/304_uge.jpg)
“Si cada español hablase de lo que entiende, y de nada más, habría un gran silencio que podríamos aprovechar para el estudio”. Aserto de Antonio Machado, uno de mis debilidades, porque, además de poeta, también ejerció de filosofó. El vate andaluz conocía a los españoles. España, en esencia, no ha cambiado mucho desde su muerte. Más población, un gran avance tecnológico, menos intelectuales, políticos vulgares, pueblo estabulado, partidos burgueses y ausencia absoluta de formaciones obreras.
Otro cambio sustancial, clave, para que no haya una deriva hacia una guerra civil: Hay una gran clase media, que no existía durante la II República. Si bien esta mesocracia se muestra silente, anestesiada y apática.
El español habla, como si lo supiera todo, de fútbol y de toros, dos de las grandes aficiones patrias. Critica a entrenadores titulados y a maestros de la tauromaquia, cuando ni han tocado una pelota en su vida, ni asido una muleta, y no tienen ni puta idea de lo qué es un natural, una verónica o una chicuelina. No importa mucho tal ignorancia. No sucede nada por emitir juicios categóricos sobre emociones en torno a un balón o en el albero. Pero, cuando el español habla de política, su analfabetismo supone todo un peligro para la convivencia.
Ahora, a la izquierda, la posible y la ultra, le da por señalar a Vox como partido fascista. La misma táctica de Stalin antes y después de la II Guerra Mundial hacia Hitler y Mussolini. Si examinamos el programa económico del partido de Abascal, hallaremos que se acerca mucho al liberalismo. Y no hay nada más opuesto a esa corriente que el fascismo y el comunismo, ideologías para las que el Estado es el supremo dios. Franco odiaba el liberalismo. Cualquier comunista, como Podemos, habla también de neoliberalismo. No hay nación liberal en el orbe. Ni tan si quiera Estados Unidos. Ahí están los aranceles de Trump a los productos europeos y chinos. Antiliberales.
Sigo. El nacionalsocialismo alemán nunca fue fascista. Ni mucho menos. Racista, sí. Odiaba a los capitalistas y a los aristócratas. Pacto con los soviéticos: Molotov y Von Ribbentrop. Reparto de Polonia. Los comunistas franceses aplaudieron la invasión nazi de su patria. Después, cuando Hitler se fue a por Rusia, cambiaron. Historia. El fascismo es italiano. Su creador, Mussolini, militó en el PSI, partido que abandonó porque consideró que se había aburguesado. Su programa de San Sepolcro me parece radical de izquierdas. Lo firmaría cualquier ultraizquierdista español. El fascismo es el socialismo en un solo país. Se diferencia del comunismo en que este es internacionalista en la teoría, pero nunca en la práctica.
Vox es una formación jacobina, por tanto, centralista; conservadora por su mentalidad y liberal en lo económico. El único fascismo español, que nunca concitó grandes apoyos, fue el que elaboró el intelectual zamorano Ramiro Ledesma Ramos, fusilado por El Frente Popular. No había cometido crimen alguno. José Antonio Primo de Rivera, con el que se carteó durante su prisión, Indalecio Prieto, aristócrata, tampoco fue fascista puro. La bandera de Falange, rojinegra, provenía de la admiración por los anarquistas. Curioso. Nacionalización de la Banca, propio de la izquierda radical, y también de las tierras, fueron dos de objetivos fundamentales. Por supuesto, la unidad de España, ya antaño en entredicho.
Franco fue un dictador conservador y ultracatólico, nunca fascista. Utilizó símbolos de los que le ayudaron a ganar la Guerra Civil. Aprovecho el tinte socializante de lo que quedó de Falange, en los primeros años de la postguerra, cuando a autarquía. Cuando el corsé le dejó de servir, concedió el relevó a los tecnócratas del Opus Dei.
El PP nunca fue liberal. Aznar no liberalizó el Estado, sino que vendió las grandes empresas públicas del franquismo a capitales privados. No porque creyera en el laissez faire, sino por necesidad, cuando se encontró un Estado en bancarrota, después del caos del último felipismo. Rajoy, que volvió a encontrarse, después de las alegrías de Zapatero, con las arcas vacías, ejecutó políticas fiscales confiscatorias, antiliberales. Montoro, un socialdemocráta de libro, las ejecutó. Recuerdo que en el Congreso del PP, celebrado en 2010, de Valencia, el que encumbró al político gallego, al registrador de la Propiedad, se invitó a salir a los liberales y a los conservadores del PP. Y, durante su Presidencia, condenó al ostracismo a los contados liberales que quedaron en Génova 13.
Todos los partidos españoles, si exceptuamos a Unidas Podemos, son socialdemócratas. Por sus políticas económicas los conoceréis. Los de Iglesias se diría que pertenecen a una izquierda radical, a un marxismo aburguesado, que no tiene parangón en Europa. Se odia a la burguesía, como los bolcheviques, y se duda de la nación española, pero se afirman otras naciones que nunca lo fueron: País Vasco, Cataluña y Galicia. Es leninismo en el tiempo. Desfasado. Periclitado. Se trata de la pequeña burguesía ilustrada con anhelos de dirigir a las masas, de ejecutar ingeniería social con el pueblo. García Trevijano, un último gran intelectual español, los definió como la nueva Falange.
Ahora mismo, en España, no existe un solo partido obrero. En la II República fueron partidos del proletariado el PSOE, aunque sus obreros ostentarán jerarquía sobre los de otros partidos; con tres líderes que se odiaban entre ellos: Largo Caballero, marxista; Prieto, conspirador nato, y Besteiro, el más inteligente y cuerdo, el que advirtió de la deriva a la que se encaminaba su partido, una vez bolchevizado. Además, el PCE, que, en 1931 no era nadie, y que adquirió una importancia enorme durante la Guerra Civil, merced al apoyo extraordinario de Stalin y de los asesores soviéticos llegados a España, más las Brigadas Internacionales, formadas por miles de estalinistas. No olvidemos el tremendo potencial popular de la CNT, con más de un millón de afiliados, que representó al lumpen, al sector más débil económicamente del proletariado, esencial en la decadencia de la II República, que nunca consideró un fin, sino el medio para alcanzar su revolución. Y, por último, el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), de carácter trotskista, pequeño, revolucionario y circunscrito a Cataluña. Su líder principal, Andreu Nin,que estuvo en el Moscú de 1917, fue arrestado y conducido a Madrid, donde fue torturado en una checa comunista, despellejado y asesinado. Todos estos partidos representaron a la clase obrera española. Hoy, el proletariado español no tiene quién lo represente.
Por lo tanto, los cinco líderes de los principales partidos que debatieron el lunes pasado, en la TVE, primer canal, forman parte de la pequeña burguesía española, nunca de sectores obreros. Ninguno de ellos, ha sabido lo que es trabajar duro, joderse las manos, dolerle los callos. Todos tienen estudios universitarios. Algunos, como Pablo Iglesias, y otros miembros de Unidas Podemos, poseen propiedades propias de la alta burguesía. Nunca, como ahora, durante esta democracia, si exceptuamos Izquierda Unida en las primeras legislaturas, y con matices, el proletariado español se encontró tan huérfano de representación política.
Por lo tanto, aquí ni hay fascismo, ni comunismo; solo racistas en Cataluña, apoyados por una burguesía montaraz, la más agresiva de España, la que, desde siempre, peor trató a los obreros. Recuerde el pistolerismo anterior a la Guerra Civil en Barcelona, entre 1917 y 1923, cuando reinaba Alfonso XIII. Los empresarios catalanes contrataban a matones para que asesinaran a los sindicalistas más destacados. Los trabajadores respondieron con las mismas armas. Morirían 200 obreros.
La burguesía pujolista, la de Puigdemont y Torra, es heredera de aquellos empresarios. Con esa chusma no se puede pactar. Los empresarios catalanes siempre recurrieron a España cuando se encontraron en peligro. Sucedió con Primo de Rivera y después con Franco, en 1936. No querían perder sus fabriquetas. Con anterioridad, Cánovas subió los aranceles en las fronteras para que el textil catalán se vendiera en toda la nación y así encarecer el británico, de mayor calidad que el del Principado.
Y no tengo más que decir. España, en quiebra. Quién desconoce su historia…Lo de la memoria es otra cuestión. Algo muy personal. Nada científica. Ahora vote, si quiere, en consecuencia. O absténgase.
Fotografías: Desfile de Escamots, fascistas catalanes que después coformarían ERZ, y el autor de este artículo.



















Ángel | Miércoles, 06 de Noviembre de 2019 a las 21:37:46 horas
Un artículo muy acertado, que engañados están algunos.... Y lo peor es que no les interesa la verdad...
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